Los que usan y abusan de la patria

En nuestro país el patriotismo pareciera aflorar solo en momentos de euforia descontrolada, como cuando juega la Albirroja. O cuando nos sacude la declaración de un extranjero intencionado. Pero cuando debemos tomar decisiones que atañen al futuro colectivo, nos olvidamos de la patria y asumimos conductas que la traicionan, en aras de un egoísmo infame.

Hoy vemos a tantos políticos vistiendo la camiseta roja y blanca recorriendo calles, saludando hasta a los postes, estrechando manos callosas de gente pobre de la que solo les interesa su voto y no su condición humana para tratar de mejorarla.

De aquí al 2028 tenemos una larga temporada electoral en la que tantos políticos buscan afianzarse en su cargo electivo para continuar dándose la buena vida, mientras otros aspiran a sumarse a los angurrientos a quienes debemos mantener. Son pocos los candidatos que piensan en contribuir con la patria.

Tiempo atrás el presidente de la ANR sostuvo que la salud del país dependía de la salud de su partido. Esta agrupación goza de buena salud en lo organizacional, lo económico (tiene un patrón con caudal, diría Maneco Galeano), pero debiera de cuidar su realidad moral. Su saneamiento es impostergable.

Lo de Hernán Rivas, por ejemplo, no es un hecho aislado. Este caso es la patética expresión de un caprichoso que entronizó a un analfabeto con título universitario de origen delirante con el objetivo de demostrar su poder para hacer lo que quisiera, sin que le importara la consecuencia.

Este absurdo en la historia del país expuso la insalubridad mental en la conducción partidaria que hizo de un símil de Incitatus nada menos que presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados ante el sometimiento trágico de la Corte Suprema y de los estamentos del Derecho que no se atrevieron a contradecir al Don que habia ordenado tal grotesco.

El Quincho ridiculizó al Congreso, al Partido, al Derecho, al país con lo de Hernán Rivas. Hoy este referente de la peor forma de hacer política soporta un juicio oral por la farsa que protagonizó. Lo usaron y abusaron de su ignorancia, su estulticia y su codicia.

Pareciera que los mismos que lo alentaron y defendieron en su momento, lo condujeron al sacrificio. No para salvar el honor de la patria, sino para encubrir la enorme cantidad de correlí cuyos títulos son tan falsos como el de Hernancito adorador de “don Horacio”. Las denuncias al respecto son varias y son ignoradas como lo fueron las que advirtieron que Hernán Rivas era un fraude andante. Es hora de que la propia ANR —si pretende exhibir buena salud— exija a Yamil Esgaib y su hijo a exponer su título universitario y a justificar su proceso de obtención. Será justo y necesario para quienes los votaron.

Habrá de ser el mejor modo de manifestar salud partidaria y honrar a la patria ante el peligro de que los farsantes la usen y abusen de ella para su más infame egoísmo.

nerifarina@gmail.com