Bromas, palabras de apoyo y consejos siempre te brindan los amigos. En las situaciones buenas y malas son ellos los que te bancan. No obstante, así como hay buenos jóvenes en quienes se puede confiar, es importante resaltar que se encuentran aquellos que haciéndose pasar por tus compinches, infunden en vos malos hábitos.
En varios casos, los jóvenes, al darse cuenta de que tienen un amigo mala yunta, deciden alejarse por completo de él, pero otros, contrariamente, aceptan al nuevo compinche y hasta optan por adaptarse a los malos hábitos que posee a fin de "armonizar" el ambiente y conocer cosas nuevas.
Imaginate que mañana tenés un examen muy importante y todavía no estudiaste, el buen amigo te aconsejaría que leas lo suficiente para que te sientas preparado, mientras que el socio mala yunta no va a dudar en decirte que le acompañes a la bodega más cercana para "chupar hasta el agua del florero".
"Probá esto, vas a sentir algo único" es la frase que las personas tóxicas manifiestan a sus nuevos socios para que estos se inicien en el espinoso camino de las adicciones. Por lo tanto, la alerta debe estar siempre presente cuando conocemos a una nueva persona, debido a que no sabemos mucho de ella. Así también, la atención debe estar puesta en los nuevos compinches de nuestro bff a fin de cuidar a nuestro compañero de vida.
Es normal querer conocer a varias personas y agrandar el círculo de amistad; sin embargo, es trascendental tener en cuenta que no todos los jóvenes con quienes tratamos tienen buenas intenciones.
Es fundamental, además, hacer hincapié en que por más de que estemos atentos, podemos caer en el engaño de la primera impresión. Seguro conociste a alguien que al principio creíste era súper buena onda y luego, con el correr del tiempo, le conociste tal cual es, ¿no?
Nuestra confianza total está depositada en los amigos, por lo que es importante saber escogerlos. Los buenos ratos quedarán por siempre en nuestra memoria, pero depende de los socios que uno tenga para recordar risas, cantos y bromas o acordarse de drogas, alcohol, amarguras y quebrantos.
Por Rocío Ríos (19 años)
