Trabajo en las caleras devora la vida de jóvenes y niños de San Lázaro

El distrito de San Lázaro tiene como sustento económico la fabricación de cal. Alrededor de esta producción gira una serie de actividades que día a día va consumiendo la vida de sus habitantes.

Un trabajo duro en extremo, cruel, que nos recuerda la esclavitud de los mensú en los antiguos yerbales.La vida en San Lázaro es dura y cruel en extremo, a tal punto que nos recuerda la esclavitud de los mensú en los antiguos yerbales del Alto Paraná.

La población depende económicamente del trabajo que pueda encontrar en las rudimentarias fábricas de cal, que pululan a lo largo de la ribera del río Paraguay.

La elaboración de cal tiene un proceso muy sencillo: se introduce en forma alternada leña y  piedra caliza en un horno. El fuego se encarga de hacer el resto, luego de unas 22 horas.

La boca ancha queda en la parte superior del horno. En la base existe una pequeña puerta, de donde se saca la cal viva para introducirla en bolsas de plástico.

Un pequeño techo, levantado con trozos de plástico, en la misma ribera del río, se utiliza para proteger la cal de eventuales lluvias.

Embarcaciones realizan el transporte del producto hasta los centros de comercialización. Se acercan a la orilla, hasta donde permita el río, se instalan pedazos de madera como puentes y una a una las bolsas se llevan en interminables viajes hasta las bodegas.

Trabajo esclavo

Familias enteras tienen hipotecadas sus vidas a la elaboración de cal, recibiendo una paga miserable a cambio.

La expectativa de vida no supera los 45 años y las tareas en las caleras comienzan a los 8 ó 9 años, acomodando trozos de piedra caliza.

Los modernos esclavos no cuentan con ningún elemento de protección: los guantes no existen, las mascarillas son un lujo y las botas ni soñar.

Para sacar la cal de los hornos se debe ingresar dentro de la precaria construcción, respirando un producto que va quemando las mucosas cuando toma contacto con la humedad de las mucosas.

La misma situación enfrentan los responsables de envasar la cal viva, también aquellos que deben cargar las bolsas tanto en camiones como en lanchones.

Este trabajo no tiene pausas y en verano se asemeja a un castigo feudal: la cal, cuando siente el sudor del cuerpo, va quemando la piel hasta agrietarla, transformándose en llagas lacerantes.

Fuerte presión

El auge de la construcción tiene como consecuencia una fuerte presión en la fabricación de cal: se trabaja mucho más por la misma paga.

En las condiciones actuales, la fabricación de cal es absolutamente insostenible: la leña se roba de cuanta propiedad se encuentra en los alrededores del departamento; la piedra se extrae de canteras improvisadas y el trabajo se realiza en abierta violación a todas las protecciones previstas en el Código Laboral.

El asfaltado de la ruta Vallemí - Concepción no debe limitarse a unir ciudades pensando exclusivamente en un desarrollo económico.

El pavimento tiene que ser visto como una oportunidad para mejorar las condiciones de vida de nuestros compatriotas.

Resulta intolerable que en el país se acepten condiciones laborales que reducen a los trabajadores a niveles de  esclavitud.

El asfaltado del tramo caminero, que concluirá en unos 30 meses, a un costo de 100 millones de dólares, no tendrá ningún valor si la vida de nuestros hermanos se reduce a esperar que llegue la tuberculosis para descansar.