La pasada semana se dio una especial discusión entre algunos cancilleres en la XXVIII Reunión de Consulta de la OEA de Ministros de Relaciones Exteriores, convocada a solicitud de Argentina para tratar la decisión de un juez de Nueva York de impulsar acciones contra ese gobierno a favor de acreedores de los llamados fondos buitres de su deuda. Asunto que, según expertos, era propio del desorden de un país en el manejo irresponsable de su deuda pública.
Tres años y medio en la OEA me dieron pistas para entender el comportamiento de Estados Unidos frente a Venezuela. Al igual que muchos, buscaba encontrar razones para explicarme el porqué tanta indiferencia hacia los abusos políticos y de derechos humanos allí perpetrados.
Desde hace casi un año se anuncia la posibilidad de que José Miguel Insulza abandone su cargo como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), antes de terminar su segundo mandato en marzo de 2015. Todo indica que su interés es regresar a la política en Chile para aspirar a un cargo de 8 años como senador. Ya en el pasado fue criticado porque empleaba tiempo de la OEA para estar en su país cuando intentaba ser electo candidato a presidente por la Concertación para competir con Eduardo Frei Tagle. Esta vez se ha cuidado mucho, aunque desde hace meses los diarios chilenos discuten ampliamente esta posibilidad.
A pesar de que José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), diga que las elecciones venezolanas no significan el fin del mundo y que los países latinoamericanos se hagan los desentendidos con dicho proceso, lo que se dará este 14 de abril en Venezuela debe preocuparnos a todos. Pues lo que está en juego equivaldría a decidir entre el bien y el mal no solo de este país, sino en otros muchos del continente.
Con el cuento de que Estados Unidos tuvo muchas injerencias en nuestra América India en los dos últimos siglos, se ha continuado con el fantasma de la participación de ese país por todo lo malo que nos pasa. Si sacaron al presidente Zelaya de Honduras, la mano negra gringa estuvo allí. Si constitucionalmente fue puesto fuera de su cargo Fernando Lugo en el Paraguay, los norteamericanos algo tuvieron que ver en ello.
Mi destitución el pasado 16 de enero como embajador-representante de Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA) desató un nudo que algunos querían ocultar. Impedido de echar al cesto de basura lo que había hecho y sembrado en tres años y medio de trabajo en constante denuncia sobre la falta de democracia en el continente, desoí lo que mi gobierno me pidió ese día sin ninguna explicación previa:
