Y ello debe tentarlo porque según los reglamentos del fondo de pensiones de la OEA, al salir de esta, Insulza se hará acreedor de una jubilación permanente de algo más de 22.000 dólares mensuales, lo que sumado a su salario como senador le asegurará un futuro sin preocupaciones. Con eso nadie puede discutir.
Su particular estilo de dirigir la OEA lo ha hecho cansarse a sus 70 años (cumplidos el 2 de junio) para seguir allí. Nadie lo quiere y pocos, dentro y fuera, lo respetan. Adentro, por su permanente mal humor y malos tratos con sus subalternos; afuera, porque lo consideran el típico burócrata que quiere quedar bien con Dios y con el Diablo y, al final, no queda bien con nadie.
Durante los tres años y medio que estuve en la OEA como representante permanente de Panamá tuve varios enfrentamientos con Insulza. Nunca conjugó en su cargo las cualidades de político y administrador. Recibió la OEA con un fondo de reserva; a finales de 2011 no había dinero para pagar a los empleados la segunda quincena de diciembre. En octubre de 2010 descubrí, por mi insistencia, la existencia de un Grupo de Reflexión que nadie conocía y donde algunos amigos suyos, como Gustavo Fernández, excanciller de Bolivia, había recibido US$ 244.000 y Enrique Correa, exministro en Chile, US$ 90.000, en asesorías que malamente explicaron. Todo se debió a que tras investigaciones que hice descubrí que al expresidente de Panamá, Martín Torrijos, le habían dado asesorías por más de US$ 21.000 sin que este hubiese presentado informe escrito alguno para justificar su gestión.
Luego de que estas anomalías fueron hechas públicas, algunas cosas se modificaron dentro de la OEA, amarrándole las manos, hasta ese momento totalmente libres, para manejar la Organización. Se le puso límites para contratar personal de confianza, ajustándolo de un 8% a un 4% del total de los funcionarios. Se nombró bajo el control del Consejo Permanente un auditor interno, hasta ese momento ajeno a toda regla contable, que reportaba directamente al secretario general.
Insulza sintió que los países le ponían muchos límites. Aparte de todo eso, su falta de dotes como administrador fue cuestionada a finales del pasado año por 4 senadores norteamericanos –Kerry, Lugar, Menéndez y Rubio–, representantes del país que más dinero aporta a la OEA. Paralelamente, siempre fue objeto de insultos por parte de Hugo Chávez: “Insulza es un pendejo de la p a la o”, llegó a decir el difunto, entre las tantas ofensas que le hizo.
El día antes que me destituyeran de mi cargo (16 de enero pasado 2012) cuestioné el aval que Insulza había dado a la absurda e inconstitucional decisión del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela de permitir que el vicepresidente Nicolás Maduro continuara en el cargo el 10 de enero, fecha en que Chávez debía asumir el periodo para el cual había sido electo el 7 de octubre del 2012. Quizás ya estaba muerto o incapacitado permanentemente, como, tarde o temprano, se demostrará. El tiempo me ha ido dando la razón en todo lo que denuncié en la OEA.
La salida de José Miguel Insulza no será muy sentida dentro de la Organización; mucho menos fuera de ella, donde se le cuestionaba su permanente pusilanimidad. La falta de liderazgo que ejerció marcará su legado en una organización que a juicio de muchos está a punto de fenecer. Como le dije en un Consejo Permanente, quizás sea recordado como el “Enterrador de la OEA”.
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* Embajador de Panamá ante la OEA (Enero 09-Julio 13). Primer Alcalde de Ciudad de Panamá en democracia (1989).
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