El cuento de la “no injerencia”

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Con el cuento de que Estados Unidos tuvo muchas injerencias en nuestra América India en los dos últimos siglos, se ha continuado con el fantasma de la participación de ese país por todo lo malo que nos pasa. Si sacaron al presidente Zelaya de Honduras, la mano negra gringa estuvo allí. Si constitucionalmente fue puesto fuera de su cargo Fernando Lugo en el Paraguay, los norteamericanos algo tuvieron que ver en ello.

Cuando discutíamos en la Organización de Estados Americanos (OEA) el caso Honduras, todas las delegaciones estaban aburridas. Era la misma cantaleta de Brasil, Argentina, Bolivia, Nicaragua y Venezuela: los gringos tenían la culpa. Se sacaba a Zelaya del poder porque se había convertido en aliado de Chávez y sus adláteres del ALBA y sus amigos de ocasión. Se repetían hasta el cansancio.

Aquel viernes de diciembre de 2009 llegaban las 6 de la tarde y no se terminaba la maratónica sesión del Consejo Permanente. La gente quería irse a celebrar el fin de semana; solo faltaban unos días para la Navidad. Pedí la palabra de último, como solía hacer.

Comencé preguntando a los asistentes lo que harían tres amigos -uno derechista, otro demócrata cristiano y el otro comunista- si descubrieran que su novia les había sido infiel. Ante tal cuestión, muy serio ante el micrófono, logré la atención de los presentes.

Pues el derechista, envalentonado dijo que él no perdonaba semejante ofensa contra su masculinidad. Agarraría a golpes a su pareja para que aprendiera.

El socialcristiano, con cara de arrepentimiento, manifestó que conversaría con su pareja porque quizás por su indiferencia, él era culpable de esa infidelidad, y le propondría ver juntos a un psicólogo.

¿Pero qué haría el marxista? -les pregunto- logrando un total silencio en el Salón Bolívar de la OEA.

Pues el marxista, sin decirle palabra alguna a su novia saldría apresurado a la calle, recogería cuanta piedra encontrase y se iría frente a la Embajada de Estados Unidos para tirárselas todas. Los gringos, como siempre, eran los culpables de lo ocurrido.

La sala se vino debajo de las risas; se les olvidó a todos que llegaba la noche de ese viernes frío de diciembre. Semanas después me enteré que ese video lo habían visto más de un millón de personas.

¿Qué hubiese pasado si en lugar de Cuba, Hugo Chávez hubiese pasado 201 días del año 2012 y parte del actual 2013 en un hospital norteamericano, sin que nadie en Venezuela supiera sobre su estado de salud, siendo el presidente Obama el único con capacidad de verlo?

Imaginémonos el escenario: Quema de banderas norteamericanas por todo el orbe; lluvia de piedras y cócteles molotovs contra las embajadas gringas; comunicados de todas las cancillerías del mundo libre, y no libre, pidiendo el cese de la injerencia gringa en los asuntos de Venezuela. Resoluciones de la OEA, la Organización de Naciones Unidas (ONU) y de cuanta otra organización exista.

Pero, ¿cuántos han protestado en el mundo por la hospitalización de Chávez en Cuba sin que nadie en Venezuela supiera de su Presidente?

¿Hay entonces un doble estándar para criticar las injerencias de Estados Unidos, pero para ignorar las de cualquier otra nación?

[©FIRMAS PRESS]

*Embajador de Panamá ante OEA (Julio 2009-Enero 2013).


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