Enfrentando la curiosidad sexual infantil

¿Cómo entran los bebés a la panza? ¿Cómo salen de la panza? ¿Cómo se hacen los bebés? ¿Por qué mi hermano tiene pene? ¿Las mujeres esconden el pene o no tienen?

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Éstas son algunas de las preguntas más recurrentes que hacen los niños y niñas dentro del espectro de su curiosidad sexual infantil creando un impacto sorpresivo o de alarma en los padres y madres ante a la ausencia de respuestas, el pudor o la vergüenza que les produce hablar de sexualidad.

La omisión instantánea de respuestas responde a los siguientes factores:

Si bien todas estas alternativas son válidas para los padres y madres, no son saludables ni constructivas para los niños y niñas ya que a partir de su curiosidad sexual infantil y las respuestas que obtengan irán edificando su biografía sexual adulta, sus pensamientos, sus valores, sus juicios, sus creencias y sus comportamientos. La infancia es el lugar en el que se albergan, generan y construyen los mitos y tabúes tan dañinos y difíciles de deconstruir a lo largo de la historia subjetiva de cada persona, la infancia es ese lugar ideal en el cual promover, educar y enseñar una sexualidad plena, sana y responsable, con recursos emocionales, sociales, culturales que apoyen los valores que cada familia desee para el bienestar de sus niños y niñas.

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Es un compromiso y una responsabilidad educar niños y niñas sexualmente saludables, que tengan las herramientas necesarias para conocerse a sí mismos, que tengan acceso a explorar sus cuerpos, a nombrarlos, a sentirlos, y desde ese lugar sagrado, a defenderlos y protegerlos contra cualquier abuso.

El primer paso para una transmisión confortable y saludable de información de padres y madres a sus niños y niñas, es rever sus propias sexualidades y que saben de ellas, cuestionarse como aprendieron, quien les enseñó (sus maestros, padres, compañeros, alguna revista, el silencio, etc.), como se sintieron al recibir esa información, como transitaron sus cuestionamientos, que dejaron de aprender, como es su manera sexual de sentir en la actualidad, para luego pensarse como padres y madres sexualmente formadores de niños y niñas.

Desde ese momento se empieza a dialogar, primero internamente y luego ya se hace más fácil dejarlo salir, porque es un compartir con los hijos e hijas, es un dialogar sobre la naturaleza misma de la vida, es un hermoso crecimiento de amor que empieza en el nacimiento y va hasta la muerte. La sexualidad dura toda la vida y a traviesa todas las edades es por eso que debería ser confrontada con naturalidad y espontaneidad en el marco del respeto y la dignidad.

Desde el nacimiento los bebés son acariciados por sus cuidadores, y esas expresiones de afecto y cariño en sus cuerpitos, son los primeros activadores de su sexualidad como expresión de amor y de sensaciones en el órgano sexual más grande del cuerpo, ¡la piel!

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A los dos años empiezan a descubrir sus genitales cuando están desnudos, especialmente los nenes ya que están expuestos. En esta etapa del desarrollo empiezan a palparse y tocarse, sin embargo su conducta no responde a una respuesta sexual, sino a una curiosidad natural y completamente normal propia de la edad. Somos los adultos quienes configuramos tal conducta como pudorosa con una connotación negativa.

La mejor manera de encarar estas conductas infantiles es comprendiendo el alcance de su normalidad y evitando reaccionar con castigos ante la “autoexploración sexual” ya que podrían obsesionarse con sus genitales, estancarse o avergonzarse. Una buena manera de encarar es transmitir al niño la importancia de sus partes íntimas, la privacidad de ellas y si desea conocerse mejor que lo haga en privado, sin exponerse.

Cada niño y niña tiene una relación con su propio cuerpo y es muy importante que pueda visualizarse desnudo, descubrirse y aceptarse tal cual es con todas las partes de su cuerpo, validando cada parte del cuerpo con su propio nombre, es decir, nombrar los genitales con su identidad: pene y vulva o vagina, ya que crear apodos como chuchu o pajarito simplemente ocultan su identidad relacionando las partes privadas con lo prohibido y lo sucio, alejando al niño y a la niña al empoderamiento de su propio cuerpo.

Para que los niños y niñas logren una conexión positiva con su propio cuerpo desde pequeños, se les debe enseñar a nombrar las partes de su cuerpo con sus nombres reales, porque lo que no se nombra no existe, y lo que no existe no se ama, no se incluye en su realidad psíquica. La autoexploración infantil es normal y debe ser nombrada adecuadamente.

Hablar con naturalidad de sexualidad con los niños les ayuda a comprenderse y valorarse desde pequeños, construyendo un autoconcepto saludable, una autoestima favorable, autoconfianza y una imagen corporal positiva ayudando al empoderamiento y previniendo abusos sexuales.

Si a los propios niños y niñas se les omite el derecho a nombrar-se, autoexplorarse y se les oculta la verdad sobre sus cuerpos, se les está enseñando que hay algo malo en ellos mismos, porque únicamente lo negativo se esconde. Los silencios les enseñan que su privacidad está siendo violentada, que su intimidad refleja un misterio, y que ellos no lo pueden resolver.

Entones el primer paso hacia una sexualidad saludable es la naturalidad del lenguaje y de la introspección como discurso hacia la libertad propia y la expresión genuina.

* Magíster, psicóloga clínica, psicopedagoga clínica y orientadora en sexualidad.

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