En las últimas dos décadas, el uso de esta terapia no ha dejado de decrecer por las dudas sobre su seguridad y porque no había evidencias o estudios sobre el efecto de esta terapia y su relación con la mortalidad.
Para contrastarlo, los autores buscaron en los registros nacionales daneses a mujeres nacidas entre 1950 y 1977 que estuvieran vivas a los 45 años, excluyendo a las que tenían antecedentes de cardiovasculares, enfermedad hepática, cáncer de mama, útero u ovario, y a las que hubieran usado terapia hormonal previamente o que se hubieran extirpado ambos ovarios.
El seguimiento comenzó en el cumpleaños número 45 de cada mujer y finalizó el 31 de julio de 2023 (una mediana de poco más de 14 años). También se tuvieron en cuenta factores influyentes como la edad, el número de hijos, la educación, los ingresos, el país de nacimiento y condiciones subyacentes como la diabetes, la hipertensión y las enfermedades cardíacas.
De las 876.805 mujeres incluidas en el análisis principal, 104.086 (11,9 %) siguieron una terapia hormonal y 47.594 (5,4 %) fallecieron.
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El tiempo medio de utilización de la terapia fue de 1,7 años; 41.433 mujeres (4,7 %) la tomaron menos de un año y solo 7.337 (0,8 %) durante diez años o más.
Sin considerar los factores influyentes, el riesgo de muerte por cualquier causa para las mujeres con uso pasado o presente de terapia hormonal fue de 54,9 muertes por cada 10.000 personas, frente a 35,5 muertes por cada 10.000 para las mujeres que nunca la habían usado.
Pero al tener en cuenta los factores influyentes, no se encontró una diferencia significativa en el riesgo de muerte.
La investigación sobre la duración del uso de esta terapia tampoco reveló un mayor riesgo, incluso después de 10 o más años de tratamiento y tampoco se encontraron diferencias entre los grupos por causas específicas de muerte, como enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares o cáncer.
El estudio, no obstante, observó que las mujeres que se habían sometido a una cirugía para extirpar ambos ovarios entre los 45 y 54 años por razones no cancerosas experimentaron beneficios significativos al usar terapia hormonal. Según el estudio, presentaron un riesgo de muerte entre un 27 % y un 34 % menor que las mujeres del mismo grupo que no la utilizaron.
También encontró evidencia que sugiere que la terapia hormonal administrada en parches cutáneos o geles presentaba un riesgo de muerte ligeramente menor en comparación con la ausencia de tratamiento, aunque los autores subrayan que este hallazgo debe analizarse más profundamente en futuros estudios.
Al ser un estudio observacional, no se pueden extraer conclusiones firmes sobre causa y efecto, advierten los autores.
No obstante, aunque reconocen varias limitaciones que podrían haber afectado sus resultados, destacan que es un estudio a gran escala basado en un registro casi completo y en el seguimiento de casi una generación de mujeres, en el que los resultados se mantuvieron prácticamente inalterados tras análisis de sensibilidad adicionales, lo que sugiere que son robustos.
Por último, los autores creen que el aumento significativo de la supervivencia descubierto entre las mujeres que siguen una terapia hormonal tras una extirpación de ovarios por motivos no cancerosos "debería abrir un debate sobre si se debería ofrecer esta terapia a más mujeres tras este tipo de cirugía".
