El ornitorrinco, el mamífero que desconcertó a la ciencia y aún sorprende

Ornitorrinco.
Ornitorrinco.Shutterstock

En ríos y arroyos del este de Australia vive un animal que pone huevos, “lee” el agua con electricidad y amamanta sin pezones. Conocer al ornitorrinco es asomarse a una rama antigua de la evolución que sigue en riesgo.

Ver un ornitorrinco (platypus, Ornithorhynchus anatinus) en libertad suele ser una experiencia breve: un remolino en la superficie, una silueta baja y oscura, y la desaparición bajo el agua. Habita cursos de agua dulce del este de Australia —principalmente Queensland, Nueva Gales del Sur y Victoria— y también en Tasmania.

Ornitorrinco.
Ornitorrinco.

Prefiere riberas con vegetación y márgenes donde excava madrigueras; es, ante todo, un especialista de los sistemas fluviales.

Esa geografía no es un detalle menor: la salud del ornitorrinco depende de ríos con caudales relativamente estables, buen oxígeno disuelto y abundancia de invertebrados acuáticos.

Cuando el paisaje se fragmenta o el agua se vuelve más impredecible, su vida se vuelve más corta y más difícil.

El mamífero que pone huevos (y otras rarezas reales)

El ornitorrinco pertenece a los monotremas, el grupo más antiguo de mamíferos vivos, junto con las equidnas.

Ornitorrinco.
Ornitorrinco.

A diferencia de los mamíferos placentarios, las hembras ponen huevos. Tras la eclosión, alimentan a las crías con leche, pero sin pezones: la leche se secreta por glándulas mamarias y se acumula en surcos de la piel, desde donde las crías la lamen.

Su “pico”, que recuerda al de un pato, no es un pico verdadero sino una estructura blanda y muy sensible.

Las patas delanteras son palmeadas y potentes para nadar; las traseras ayudan a dirigir, y la cola almacena reservas de grasa. Ese diseño, perfeccionado para bucear y excavar, explica por qué pasa buena parte del día escondido en madrigueras o bajo raíces, y suele salir a alimentarse al amanecer o al atardecer.

Electrorrecepción: cómo “ve” bajo el agua

La característica más citada —y menos entendida— del ornitorrinco es su capacidad de detectar campos eléctricos.

Ornitorrinco.
Ornitorrinco.

Bajo el agua, cierra ojos, oídos y fosas nasales. La navegación y la caza dependen entonces de sensores en el hocico capaces de captar microseñales eléctricas generadas por la actividad muscular de sus presas.

El menú es principalmente bentónico: larvas de insectos, pequeños crustáceos y otros invertebrados que encuentra removiendo el fondo con el pico.

En un ecosistema de aguas turbias, esa “visión eléctrica” no es un truco extravagante: es una ventaja decisiva.

Veneno, dimorfismo y un debate evolutivo

Otra singularidad: los machos adultos tienen un espolón en las patas traseras conectado a glándulas que producen veneno. No se considera letal para humanos, pero puede causar dolor intenso y prolongado.

Ornitorrinco (Ornithorhynchus anatinus) sobre una piedra en el museo.
Ornitorrinco (Ornithorhynchus anatinus) sobre una piedra en el museo.

En la naturaleza se asocia a la competencia entre machos, especialmente en época reproductiva.

Para la biología evolutiva, el ornitorrinco funciona como un puente viviente: conserva rasgos ancestrales (puesta de huevos) y, a la vez, exhibe adaptaciones sofisticadas (electrorrecepción).

Por eso fue, desde su descripción en Europa a fines del siglo XVIII, un caso emblemático de cómo la naturaleza desafía las categorías simples.

Amenazas actuales: agua, clima y enfermedades

La imagen de “animal raro” puede distraer de lo urgente: el ornitorrinco es vulnerable a cambios en los ríos.

Sequías más intensas, incendios seguidos de erosión y sedimentación, extracción de agua, presas y pérdida de vegetación ribereña reducen su hábitat y su alimento.

A esto se suma el riesgo de enmallamiento en artes de pesca y la presión de especies introducidas en algunos ambientes.

También existe una amenaza sanitaria conocida como “mucormicosis” (una infección fúngica ulcerativa) que ha afectado poblaciones, especialmente en Tasmania, y que puede debilitar animales ya estresados por condiciones ambientales adversas.

Por qué “conocer al platypus” importa

El ornitorrinco no es solo una curiosidad de la fauna australiana: es un indicador de ríos funcionales. Donde hay ornitorrincos, suele haber orillas vivas, agua relativamente limpia y cadenas tróficas completas.

Protegerlo implica proteger cuencas, caudales ecológicos y corredores ribereños.

En tiempos de clima extremo y competencia por el agua, entender al ornitorrinco —qué necesita, qué lo enferma, qué lo desplaza— es una forma concreta de leer el estado de los paisajes fluviales del este de Australia.

Y, de paso, recordar que la evolución no sigue un guion: a veces escribe obras maestras inclasificables.