Liderado por el arqueólogo etíope Yonas Beyene y hecho en colaboración con científicos de 25 instituciones de 9 países, entre ellos Laura Sánchez-Romero, investigadora de la Universidad de Sevilla, en España, el estudio documenta la tecnología, el ambiente y los restos de los primeros humanos modernos en el Afar.
La investigación sobre el Paleolítico Medio -cuando surgieron los humanos modernos en África- siempre se vio limitada por la vasta geografía del continente y por la carencia de datos en los registros fósiles y arqueológicos, por eso este hallazgo es una ayuda "excepcional" para comprender la evolución humana, destaca a EFE Sánchez-Romero.
"Es raro encontrar yacimientos al aire libre con este registro y este nivel de precisión" que incluyan restos líticos y fauna, "algunos de ellos prácticamente intactos", subraya la investigadora del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla.
Y es que el sitio, que está formado por varias localidades separadas por algunos metros, permite apreciar que hubo movilidad por el territorio y "que estos grupos humanos estuvieron allí tallando y procesando la fauna", apunta.
Todo esto "nos ha permitido reconstruir cómo era el territorio y la ecología del entorno y reconstruir este ecosistema con un grandísimo detalle que nos permite compararlo con otros yacimientos del continente, como los de Aduma", resume la investigadora en declaraciones a EFE.
Respecto a las herramientas de piedra halladas en el sitio (más de 2.000), el estudio concluye que fueron elaboradas con una amplia variedad de rocas volcánicas, como la obsidiana, y que probablemente fueron fabricadas y desechadas en la antigua llanura aluvial durante períodos efímeros de ocupación humana.
El análisis de los sedimentos, por su parte, permitió identificar 3.365 especímenes de vertebrados y reveló restos erosionados de incendios que fueron depositados por inundaciones estacionales.
Los autores creen que estas combustiones probablemente fueron causadas por rayos de manera natural pero no hay evidencias suficientes para determinar si los fuegos fueron fortuitos o intencionados y causados por el hombre.
Los análisis concluyen que en el momento de su muerte, un individuo fue inhumado rápidamente -aunque no se sabe si fue intencionado o enterrado por procesos naturales-, otro presentaba daños extensos causados por carnívoros y el tercero sufrió quemaduras a altas temperaturas.
En ninguno de los tres casos "tenemos evidencias suficientes para saber con exactitud qué ocurrió", concluye Sánchez-Romero.
