Los humanos no son los únicos primates que afrontan partos difíciles debido al estrecho canal del parto que debe atravesar la cabeza del bebé, otras especies como los monos ardilla y los gálagos tienen canales incluso más estrechos, según un estudio del University College London.

Mediante el uso de análisis morfométricos en 3D y mediciones específicas para cada especie, el equipo ha demostrado que esta supuesta singularidad humana no es tal, y se basaba en datos sesgados.

Así, señalan los autores, algunas especies han compensado las dificultades obstétricas con adaptaciones como la posición de la cabeza fetal, la relajación de los ligamentos pélvicos y la flexibilidad de la cabeza del recién nacido.
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El “dilema obstétrico”
Hasta ahora, se creía que el parto humano era el más desafiante entre los primates, debido al llamado “dilema obstétrico”, es decir, el resultado de tener pelvis estrechas (para caminar sobre dos piernas) y un cerebro de gran tamaño.

Pero, los informes de complicaciones en el parto, partos difíciles y muertes fetales en varios primates no humanos cuestionaban la idea de que el parto es comparativamente fácil para ellos.

El problema, explica la coautora del estudio Nicole Torres Tamayo, es que “gran parte de los datos que sirvieron de base para estudios anteriores eran defectuosos. Se habían recopilado de una manera centrada en el ser humano que no tenía en cuenta la anatomía de otras especies”.

El nuevo estudio analizó el encaje cefalopélvico (relación entre el tamaño de la cabeza del recién nacido y el espacio disponible en la pelvis materna) utilizando datos tridimensionales específicos de 130 especímenes de hembras adultas de 29 especies de primates.
Mediante el uso de técnicas avanzadas de modelado 3D y ampliando considerablemente el número de especies estudiadas (de ocho a 29), el equipo descubrió que los ajustes apretados al nacer eran especialmente comunes entre las especies proporcionalmente más pequeñas.

“Además de ampliar considerablemente el número de especies consideradas, recopilamos mediciones que tuvieron en cuenta la anatomía específica de las diferentes especies. Estos datos sirvieron de base para nuestro modelado 3D”, explica Torres Tamayo.
“Anteriormente, la medida de la cabeza de los recién nacidos se tomaba desde la frente hasta la parte posterior del cráneo. Esto partía de la base de que todos los bebés nacen con la coronilla primero, como la mayoría de los humanos. Pero especies como el mono gelada, con sus hocicos pronunciados, suelen nacer con la cara primero. Tuvimos en cuenta esta posición”, apunta Torres Tamayo.

El estudio reveló que las entradas pélvicas en primates no humanos eran, en promedio, un 11% más pequeñas que las estimaciones anteriores basadas en mediciones tradicionales específicas para humanos. En algunas especies, como el mono nocturno de tres rayas o el mono lanudo común, la reducción superó el 18%.
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Además, en comparación con los simios, los humanos presentaron el encaje más ajustado entre los grandes simios vivientes, frente a otros simios como gorilas y orangutanes, cuyas cabezas de los recién nacidos disponían de más espacio.
En el caso extremo estaban los primates de cuerpo pequeño, como los gálagos, los tamarinos y los monos ardilla, en los que las cabezas de los bebés eran más grandes que la entrada pélvica materna.
Los autores señalan que estos primates arborícolas no poseen cerebros relativamente grandes ni locomoción erguida, que son los factores propuestos como causas de los desafíos del parto humano.
Por tanto, “los resultados de nuestro estudio modifican las ideas preconcebidas sobre la singularidad del parto humano, revelando una diversidad de dilemas obstétricos y adaptaciones entre los primates”, concluye la coautora Lia Betti.
