Y es que tras disputar el que el técnico Joan Peñarroya definió como el "peor partido del año en el Palau", el conjunto azulgrana afronta el tercer y definitivo duelo de los cuartos de final como una reválida para recuperar sensaciones y solidez tras verse desbordado en casa por un equipo malagueño superior en todos los aspectos del juego.
La imagen ofrecida en el segundo encuentro contrasta con la del primero, cuando el equipo catalán se impuso en la prórroga (97-101) con un claro ejercicio de convicción y tenacidad.
El reto para el Barça será reconstruirse en menos de 48 horas tras firmar su peor anotación del curso y un pobre 21% desde el perímetro (5 de 24) para volver a ser ese equipo coral en el que todos reman en la misma dirección.
Pese al golpe anímico por la mala imagen y la oportunidad perdida, el equipo de Peñarroya ha mostrado anteriormente su versión más competitiva en los escenarios más adversos, pues se ha acostumbrado a competir con nueve jugadores del primer equipo por las lesiones de los bases Nico Laprovittola y Juan Núñez, el ala-pívot Chimezie Metu y el pívot Jan Vesely.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Asimismo, el deberá resistir el empuje de un Martín Carpena con sed de revancha, que una vez más promete convertirse en una caldera. Además. será la primera vez en la historia que una serie entre ambos equipos en la Liga Endesa se decida en el partido de desempate en suelo malagueño. Hasta ahora, todos se habían jugado en el Palau y habían caído del lado catalán.
Con el billete a semifinales en juego —donde ya espera el Real Madrid, verdugo del Baskonia por la vía rápida (82-76 y 103-112)— jugadores como el ala-pívot Jabari Parker o el escolta Darío Brizuela, ambos con solo siete puntos en el último partido, deberán dar un paso al frente para arropar a Kevin Punter en ataque y evitar que el Barça cierre un segundo año consecutivo blanco.
Acostumbrado a vivir en el alambre, el conjunto azulgrana sabe que debe igualar la intensidad defensiva y elevar el nivel de agresividad en el rebote, así como controlar al pívot Olek Balcerowski, que fue un quebradero de cabeza en el último encuentro con 14 puntos y 21 créditos de valoración.
Asignaturas pendientes que inclinaron la balanza en el segundo partido y que, en este cara o cruz —el quinto duelo del curso entre ambos, con dos victorias por bando—, pueden marcar la diferencia.
