El Avellino no ha ascendido solo con cada muerte de un papa (o renuncia, como el caso de Benedicto XVI en 2013), pero sí que cada vez que un papa murió o renunció fue un año de ascenso.
De hecho, el club del sur del país ha vivido otros éxitos en los que no hubo ni muertes ni renuncias papales: en los años 1949, 1973, 1995, 2003, 2007, 2010, 2011 y 2019.
Sin embargo, los 6 años en los que el azar jugó esta curiosa pasada, el nombre del club copó, como en esta ocasión, buena parte de las noticias deportivas italianas y las redes sociales desde que existen.
La primera vez que sucedió fue en 1958, cuando murió el papa Pío XII y el equipo ascendió a Serie C. Solo 5 años después, con la muerte de Juan XXIII en 1963, el Avellino firmó su vuelta de nuevo a la Serie C, después de haber descendido en 1962.
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En 1978, año en el que fallecieron Pablo VI y Juan Pablo I, el Avellino firmó su mayor éxito: su único ascenso a Serie A.
La cuarta vez que sucedió fue con la muerte del polaco Karol Wojtyla, el papa Juan Pablo II, en 2005, año en el que ascendió a Serie B.
En el 2013, aunque no murió un papa, sí renunció el alemán Joseph Ratzinger. Y el Avellino subió a Serie B.
La última vez, la más ajustada de la historia de esta curiosa casualidad, fue el pasado sábado, cuando certificó su vuelta a la Serie B solo dos días antes de la muerte del argentino Jorge Bergoglio, que hace apenas unos meses había firmado la camiseta del equipo.
