Con dos goles en cada mitad -Yuto Oseki (m.12) y Kosei Ogura (m.20) en la primera, y Ryunosuke Sato (m.59) y, de nuevo, Ogura (m.76) en la segunda-, el vigente campeón no dio espacio a la sorpresa y revalidó el título, el tercero en siete ediciones del torneo tras los de 2016 y 2024.
Pese a la derrota, las autoridades chinas felicitaron al conjunto subcampeón, asegurando que "encendió de nuevo la llama de la esperanza de revitalizar el fútbol chino" y recordando que es la primera ocasión en 22 años en que un combinado masculino del país alcanza la final de un importante torneo balompédico continental.
China pasó contra todo pronóstico a la final tras endosar un 3-0 a Vietnam en la semifinal, antes de la cual tan solo había marcado un gol en todo el torneo. La seguridad defensiva, manteniendo la portería a cero hasta la final, fue clave en la campaña de los de Puche.
La Copa Asia sub-23 se celebra desde 2013 -aunque en su primera edición era para menores de 22- y China jamás había logrado pasar de la fase de grupos hasta ahora, ni siquiera en 2018, cuando albergó la competición.
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Puche ha trabajado en las categorías inferiores de la selección china desde 2018, empezando por el equipo sub-16 y ascendiendo hasta asumir el mando del sub-23 en agosto del año pasado.
El nativo de la localidad murciana de Yecla, que como futbolista hizo carrera como delantero en equipos como Villarreal o Granada, también dirigió a Oriente Petrolero (Bolivia), Anorthosis (Chipre) y Qadsia SC (Kuwait), actuando además como segundo de Óscar García en el Saint-Étienne francés y de Juan Carlos Mandiá en Rácing, Tenerife o Hércules.
