Bordalás, que tiene ojo clínico para el jugador aplicado, lo ha convertido en uno de los pilares de su esquema. No porque deslumbre, sino porque responde. Jornada tras jornada. Donde haga falta. Eso, en el técnico del conjunto azulón, vale oro.
Juan Iglesias nació lateral derecho y en esa demarcación parecía tener escrita su biografía futbolística. Pero esta temporada ha ampliado horizontes. El buen momento de Kiko Femenía le desplazó a la izquierda y, allí, a pierna cambiada, le ha quitado el sitio a Diego Rico, el titular de Bordalás en cursos anteriores. Adaptarse sin hacer ruido es una virtud infravalorada, y él la ha ejercido con naturalidad.
Pero Bordalás también lo ha utilizado como central en ambos perfiles e incluso como extremo derecho. Siempre ha cumplido. Nunca ha desentonado. Suma 25 partidos oficiales, un gol y tres asistencias. Números no muy llamativos, pero el fútbol no se mide sólo en cifras. También se mide en confianza, y la de su entrenador es total.
"Es un jugador de equipo fantástico, un profesional como la copa de un pino, Seguro que mañana lo pongo de delantero y lo hace bien". La frase de Bordalás, tras su gran actuación ante el Villarreal, encierra más que un elogio. Cuando añade ese "ojalá el Getafe lo valore en su justa medida", el mensaje ya no es técnico, es institucional. Traducido en el mundo del fútbol: renueven a este chico.
Porque Juan Iglesias termina contrato a final del curso. Y ahí aparece el Sevilla, que lleva tiempo atento. Es el tipo de operación que encaja en el actual modelo del club andaluz: jugador versátil, contrastado en Primera División y, sobre todo, libre a partir del 30 de junio. Bueno, bonito y barato, fórmula que en tiempos de estrecheces se convierte en doctrina.
Conviene recordar que los últimos grandes desembolsos del Sevilla se remontan a 2019/20, con los fichajes de Koundé (35 millones) y Rony Lopes (25). Después, 16 millones por Nianzou en 2022 y, en la campaña actual, inversión mínima: 250.000 euros por la cesión de Batista Mendy. El resto, mercado de oportunidades: cinco jugadores libres y dos cedidos. En ese escenario, Juan Iglesias es casi una tentación.
Mientras tanto, en el Getafe, Juan Iglesias sigue a lo suyo. Trabajo silencioso, respeto en el vestuario y carácter cuando toca. La temporada pasada lo demostró en Mestalla, donde se encaró con un aficionado azulón que increpaba a David Soria después del partido: "No vuelvas a insultar a un compañero. Si no, no vengas". Hay gestos que no salen en las estadísticas pero construyen jerarquía moral.
Este lunes le espera el Santiago Bernabéu, examen mayor. Si continúa en el lateral izquierdo, tendrá delante a Fede Valverde, a Trent Alexander-Arnold y a Gonzalo cayendo por su costado. Se ha librado de Mbappé por lesión. Si regresa a la derecha, el menú cambia: Vinícius, Camavinga y Carreras. En cualquier caso, noche exigente.
Pero ahí está la esencia del lateral del Getafe. Donde lo pongan, cumple. Es el multiusos de Bordalás, que si dependiera sólo del técnico, tendría la renovación firmada hace tiempo. En un fútbol cada vez más especializado, Juan Iglesias reivindica la vieja figura del jugador útil. Y a veces, en equipos como el Getafe, eso es lo más parecido a un lujo.
