La fiesta de despedida en el Defensores del Chaco se congeló en un segundo. La alegría por el último amistoso en casa mutó en una profunda angustia colectiva cuando promediaba el encuentro frente a Nicaragua: Julio Enciso, el abanderado ofensivo de la selección paraguaya, quedó tendido en el césped acusando un dolor agudo que obligó la intervención inmediata del cuerpo médico.
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La imagen que paralizó los corazones de los hinchas fue dramática. El atacante caagueceño no pudo reincorporarse y tuvo que abandonar el campo de juego en camilla, cubriéndose el rostro y visiblemente quebrado por las lágrimas.
Ante la mirada de preocupación de Gustavo Alfaro, el cuerpo técnico reaccionó rápido y ordenó el ingreso de Mauricio Magalhães en su reemplazo.
El peor dolor de cabeza para Gustavo Alfaro
El atacante del Racing de Estrasburgo es el motor del ataque, el jugador distinto y el principal argumento ofensivo que tiene Paraguay para quebrar líneas gracias a su velocidad y desequilibrio individual.

Aunque no existe aún un reporte médico oficial, la preocupante impresión que quedó en el estadio hace temer que podría tratarse de una fuerte molestia muscular.
El gran problema es el factor tiempo: el debut oficial en la Copa del Mundo está a la vuelta de la esquina, pactado para dentro de solo una semana.

En las próximas horas, el futbolista se someterá a estudios de alta complejidad para determinar la gravedad exacta de la lesión y los plazos de recuperación.
Paraguay contiene el aliento en la antesala de su viaje al norte del continente.

Perder a Julio Enciso en este momento crucial significaría una baja devastadora para las aspiraciones del combinado nacional, por lo que todo el entorno albirrojo espera desesperadamente que el diagnóstico final arroje un resultado favorable y quede simplemente en un gran susto.

