Gustavo Alfaro: “Todavía tenemos que bailar la música que nos ponen; hoy nos tocó una polca”

Gustavo Alfaro, director técnico de Paraguay, se abraza con Gustavo Velázquez #2 tras la victoria en la tanda de penaltis durante el partido de dieciseisavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Alemania y Paraguay en el Boston Stadium, en Foxborough, Massachusetts.
Gustavo Alfaro, director técnico de Paraguay, se abraza con Gustavo Velázquez #2 tras la victoria en la tanda de penaltis durante el partido de dieciseisavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Alemania y Paraguay en el Boston Stadium, en Foxborough, Massachusetts.234447+0000 ROBERT CIANFLONE

El seleccionador de la Albirroja, Gustavo Alfaro desveló las claves íntimas de la evolución del equipo en el Mundial, explicando cómo el doloroso debut sirvió para construir la jerarquía con la que se plantaron ante la potencia europea.

La hazaña de Paraguay ante Alemania en los octavos de final no nació de la nada. Fue el resultado de un proceso de maduración acelerado bajo un escenario de máxima presión. En conferencia de prensa, al ser consultado sobre cómo el equipo pasó de las dudas iniciales a plantarse con semejante autoridad frente a un tetracampeón del mundo, Gustavo Alfaro recordó el durísimo golpe del debut ante Estados Unidos y cómo esa caída reseteó la mentalidad del grupo:

“El partido con Estados Unidos fue ‘bienvenidos al Mundial’. Bienvenidos al Mundial. Nosotros veníamos cargados de euforia. Por más que yo traté de bajarlos de la ola —lo agarré de donde lo tengo agarrado para tirarlos para abajo—, pero después pasa que de pronto te toca y, cuando ni te diste cuenta, a los siete minutos lo estás perdiendo. Y nunca pudiste volver al partido. La verdad que la diferencia que fue grande. Por eso yo le dije a ustedes: por eso le digo, por ahí Estados Unidos no mete diez goles, pero quisiera jugar ese partido de nuevo. Está, nos pasó; no jugamos bien y hay derrotas que duelen y hay derrotas que enseñan”, manifestó el cazador de utopías.

El peor enemigo de un equipo: Quedarse en la medianía

Para el estratega albirrojo, el verdadero peligro en el fútbol de élite no es perder, sino perder la identidad o quedarse a mitad de camino. Alfaro recordó la dura semana posterior al debut y cómo blindó la fe de sus jugadores de cara al choque ante Turquía: “Si yo me quedo detenido en el dolor que me genera la derrota, lo que hace es hacerme perder confianza. Por eso se los dije a ustedes, que esa semana fue muy dura antes del partido de Turquía. Pasamos una semana muy dura porque yo sentí esa noche que esa derrota nos había pegado en el centro del corazón, hacia la fe de la selección. A la fe de la selección le pegó esa derrota. Y el sábado siguiente salí y les dije que... Yo no podía asegurarles que le íbamos a ganar a Turquía, pero que sí tenía claro cómo teníamos que prepararnos para jugar el partido de Turquía. Y los jugadores tuvieron una capacidad de absorción muy fuerte”.

Asimismo, el DT destacó el ADN rebelde e histórico del futbolista paraguayo, ese que aflora con más fuerza justamente cuando el contexto internacional decide darlo por muerto antes de tiempo: “Y yo después dije algo que digo: ¿qué tengo que hablar? A veces hablo tanto. Cuando a Paraguay lo ponen en una situación de... ‘ya está, ya perdió, ya está, listo, está cocinado, esto y lo otro’, ahí cuando más rebelde, ahí cuando más desconfiado de Paraguay. Yo digo: ¿para qué digo esto? Digo, después, listo. O sea, obviamente pasó lo que pasó y todo lo demás, pero hoy, podría decir, hoy estábamos muertos de nuevo y ante la adversidad hoy otra vez Paraguay volvió a demostrar lo mismo. ¿Por qué es así? ¿Por qué es así? Porque nosotros no nos hemos vencido nunca. Y yo le decía —ustedes me cuestionaron, pues yo dije esto y lo otro— la diferencia de plantel, esto y lo otro. Está, ¿y qué? No vamos a obviar la diferencia de plantel, pero no podemos hacerle partido”.

La obsesión por los detalles y la incomodidad alemana

En un análisis puramente táctico, el entrenador desmenuzó el gol concedido ante Alemania. Lejos de dramatizar, lo utilizó como el ejemplo perfecto de esos pequeños detalles que en estas instancias de eliminación directa pueden costar la vida: “Para mí el gol era evitable, nos meten el gol por un error nuestro, más allá de la virtud, lo que sea. Porque es una pelota que nosotros la tenemos y había dos delanteros que estaban picando y la pelota no fue precisa y le cayó al stopper por la izquierda, vino una pelota para la izquierda, pum, nos tiró un centro y nos anticiparon el gol. Si esa pelota va a los que están disputando, esa jugada no pasa; por ahí nos meten un gol de otra manera, pero no pasa. Entonces, ¿vieron cuando hablábamos de detalles? Esos son detalles. Esos son los detalles; esos son los detalles de que no se puede fallar. Entonces, ahí es donde uno tiene que estar atento a todo lo que puede llegar a suceder y a todo lo que puede llegar a pasar. Pero ahí es donde nada, es una construcción permanente esto, es una construcción permanente de situaciones, de momentos”.

Alfaro confesó la estrategia que le planteó al grupo en el vestuario para contrarrestar los pergaminos históricos de los teutones, buscando llevarlos a un terreno de fricción física donde las estrellas del primer mundo no se sienten cómodas: “Si no hubiésemos pasado por Estados Unidos, si no hubiésemos aprendido de la derrota de Estados Unidos, tal vez no hubiésemos estado preparados para este partido. Porque yo le dije en la entrada: ‘Muchachos, acá no se puede vacilar, porque adentro de la cancha somos 11 contra 11. Nos van a tirar la historia, nos van a tirar las estrellas, nos van a tirar todo, pero a ellos no les gusta la incomodidad, a ellos no les gusta’. Yo, cuando veo al primer alemán al piso, ahí es donde vamos a decirle: ‘Miren que esto va a ser duro’. Entonces, yo quiero que los alemanes estén en el piso —con todo respeto lo digo, más que nada por el hecho de decir—, no pegar patadas ni nada por el estilo, sino el hecho de decir que no lo íbamos a dejar jugar, que lo íbamos a friccionar, que lo íbamos a trabar. Y sí me hubiese gustado más tener más posesión de pelota para obligarlos a retroceder más, tener... Pero son cosas que nos faltan y son batallas que tenemos que dar”.

Adquirir jerarquía con el corazón en la mano

Para el “Lechuga”, el crecimiento competitivo de Paraguay se selló en esos 90 minutos de igual a igual, valorando el esfuerzo extremo de un plantel que terminó exhausto pero de pie, sosteniendo el partido con puro temperamento: “Esas son derrotas que para mí enseñan, si uno le saca las conclusiones que tiene que sacar, porque ahí es donde uno se hace... la transforma en una victoria porque le sacas las conclusiones que tiene que sacar y hace hacia la madurez del equipo. Y después yo le decía a los jugadores: ‘Muchachos, ellos tienen hoy, en el arranque del partido, más jerarquía que la que tenemos nosotros. Cuando termine el partido, ustedes van a tener el mismo nivel de jerarquía que tienen ellos, porque lo van a haber demostrado 90 minutos en la cancha, donde uno se pone a la par’. Y la verdad que yo estoy orgulloso de los jugadores, del sacrificio, del esfuerzo que hicieron en todo momento. Y yo te aseguro que dejaron la piel, porque en un momento tenía tres o cuatro jugadores que me pedían cambio, que no podían más. Sin embargo, se la bancaron. ¿Bancaron con qué? Con corazón. Con corazón. A tratar de sostener el resultado como sea y buscarlo de la manera que lo podíamos buscar: en una pelota parada, en una salida, en un arranque, en un contragolpe, en una pelota larga. Ojalá me gustaría tener otros argumentos; todavía no estamos preparados para eso. El final del camino para mí sería ese, pero hoy no estamos preparados”.

“Hoy nos tocó bailar una polca”

Finalmente, Alfaro cerró la conferencia con una de sus ya célebres metáforas musicales. Explicó que el pragmatismo es vital en esta etapa de reconstrucción y que el equipo debe saber adaptarse al ritmo que exija el rival, alejándose por completo de las medias tintas: “Y lo peor que hay es quedarse en la medianía y ser un ‘ni’. Y ser algo que yo no me puedo permitir, que para mí, contra Estados Unidos, fuimos un ‘ni’. No fuimos ni ofensivos ni defensivos; un ‘ni’ fuimos. No hay nada peor que ser un ‘ni’, y hoy no quería ser un ‘ni’. Entonces, si tenía que hacer esto, listo. Y por más que tengas que hacer cosas que tal vez no sean las que tenés que hacer, o las que quisieras hacer, no, las que tienes que hacer; es lo que pide el partido. Y si tenés que poner un defensor más, y te voy a poner un defensor más. Y como el otro día: si tenía que poner un defensor más, tenía que poner un defensor más, tenía que poner un defensor más. Y si hoy tenía que poner un delantero, tenía que poner un delantero porque era lo que para mí, pedía el partido. ¿Por qué? Porque todavía no tenemos ese bagaje que nos hace a nosotros imponer condiciones. Y nosotros hoy todavía tenemos que bailar la música que nos ponen. Y nos preparamos. A veces nos toca una cumbia, a veces un tango, a veces una rumba; y ahí estamos, y ahí vamos. Hoy nos tocó una polca. Entonces, ahí seguimos peleando, tratando de interpretar —bailando mal—, pero tratando de interpretar y tratar de seguir adelante. Nada más”.

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