La histórica clasificación de la Albirroja a los octavos de final desató la locura en todo el territorio paraguayo, pero en la sala de prensa, Gustavo Alfaro prefirió mantener los pies sobre la tierra. Al ser consultado sobre si este triunfo era la “respuesta” que esperaba del equipo ante los grandes escenarios, el director técnico argentino fue tajante: defendió a muerte a sus dirigidos, desveló la intimidad del vestuario y le trasladó la verdadera responsabilidad a la estructura del fútbol local:
“Yo de los jugadores no necesitaba ninguna respuesta; me las dieron siempre los jugadores a mí las respuestas, por eso tenemos la relación que tenemos. Y hoy Gustavo Gómez estaba hablando ahí adentro, y le hablaba a los más jóvenes, y le hablaba las cosas que tienen que tener, y las cosas que tienen que hacer, y cómo tienen que comportarse, y cómo tienen que ser en el sentido de jugadores de selección. O sea, yo para mí no necesitaba nada. Yo creo que la muestra de madurez la tiene que dar el fútbol de Paraguay”, comenzó diciendo el argentino.
Salir de la discusión “chica” y de la inmediatez
Para Alfaro, el gran mal del balompié nacional radica en los extremos analíticos y en la alarmante inestabilidad de los procesos, donde los entrenadores de Primera División apenas logran sostenerse en sus cargos debido a la obsesión por el resultado inmediato: “El fútbol de Paraguay... ¿qué tipo de fútbol queremos? Ahora, si nos vamos a quedar en... es como decir: nos vamos a quedar en la discusión de la letra chica. Nos quedamos atrapados, nos quedamos atrapados. Somos una selección de tercer nivel para algunos, y somos una selección de primer nivel para otros; yo creo que alguien está mirando mal: no somos ni una cosa ni la otra. Entonces, a mí me parece que tenemos que coincidir en el medio, y la única manera de hacer crecer a Paraguay es coincidir. Y eso no quiere decir que no se pueda criticar, pero se los dije mil veces: no se puede estar siempre en un nuevo comienzo”.
En ese sentido, el adiestrador profundizó sobre la alarmante falta de paciencia en los proyectos deportivos del plano local, compartiendo cifras alarmantes y empatizando con la compleja realidad que les toca vivir a sus colegas de profesión: “Y a mí me parece que Paraguay está muy acostumbrado a la inmediatez: el 20% de los entrenadores de primera división llegan a dirigir el 20% de los partidos. Es muy difícil tener un proyecto cuando se apuesta únicamente al resultado; en un momento te atrapa. Te atrapa porque están cambiando planteles permanentemente, y en selección con más razón, si la selección es una expresión de lo que se vive adentro. Entonces yo soy... a mí cuando echan a un entrenador me duele, pues yo me pongo en el lugar; me han echado, y sé lo ingrato que es, y sé que muchas veces las responsabilidades no siempre las tenés vos. Entonces, a mí me gustaría que el fútbol de Paraguay se ponga de acuerdo en qué es lo que quiere”.
Con la honestidad intelectual que lo caracteriza, el adiestrador reconoció que Paraguay sufrió el trámite ante Alemania debido a sus propias falencias estructurales, advirtiendo que una tanda de penales ganada no debe tapar el diagnóstico real de lo que falta trabajar: “La verdad, yo creo que sufrimos demasiado del partido; sufrimos por las limitaciones que tenemos. Ojalá tuviéramos más cosas para poder competir de otra manera, y eso es lo que tenemos que trabajar. Ahora, si yo no tengo razón ahora porque Orlando Gil atajó dos penales, porque dirigió bien... no, porque yo estoy convencido de lo que hacía. Entonces no pasa por ahora, de pronto, que yo necesito tener los resultados para tener razón. Entonces, ahí es donde yo digo: cuando a veces se pone la carreta delante del caballo, es muy difícil avanzar. Entonces, las cosas son como consecuencias. Después podemos discutir que me gusta Mauricio, que no me gusta Mauricio, que tiene que jugar antes, que tiene que jugar después... eso es opinable, es absolutamente opinable”.
El espejo de Argentina: Menotti, Bilardo y el legado de Scaloni
Para graficar el peligro de quedar atrapados en debates estériles, Alfaro utilizó el ejemplo histórico de la Selección Argentina, que pasó más de dos décadas estancada en una disyuntiva ideológica hasta que se priorizó el orden metodológico: “A lo que voy es, insisto, yo digo: la madurez es la discusión que esto en el fútbol en Argentina —lo digo porque es el fútbol que conozco— lo tuvo detenido 24 años, atrapado en cuál es la nuestra, en una disyuntiva si éramos menotistas o bilardistas, con generaciones de fútbol extraordinarias que pasaron y no podían conquistar nada. Hasta que vino una persona: primero fue Sabella, que ya puso sobre aviso que Argentina se podía organizar, y después vino Scaloni y abrevó de las dos cosas, y lo puso en su lugar porque el fútbol argentino coincidió que tenía que ir para ese lugar”
El timonel albirrojo instó a la dirigencia, los clubes y el entorno a trabajar para posicionar a Paraguay de forma permanente en la élite sudamericana e internacional, buscando que noches mágicas como la de hoy dejen de ser un milagro aislado que ocurre cada 16 años: “Entonces para mí es eso. Insisto, ¿qué tipo de selección quieren tener?, ¿qué tipo de fútbol quieren tener?, ¿a dónde quieren estar?, ¿dónde quieren ver a Paraguay? A mí me gustaría ver a Paraguay —se lo dije ya la otra vez— que siempre esté entre los cuatro mejores sudamericanos y Libertadores, siempre, pero no por una cuestión fortuita, que no seamos buenos organizadores de finales; no, que la disputemos. Ahora, para eso tenemos que trabajar, ajustar el método. Puede ser que quedemos en octavos de final, puede ser que quedemos en cuartos de final... Cuando nos acostumbramos a estar en cuartos de final, pasar a jugar semifinales es un partido, y jugar una final es un partido más. Entonces ahí es donde uno ajusta el método”.
Dejando de lado las cuestiones tácticas e institucionales, el estratega volvió a recalcar que su planteamiento nunca estuvo condicionado por una falta de confianza hacia el grupo, sino que su mirada está puesta exclusivamente en el crecimiento global del fútbol paraguayo: “Entonces, yo demostración de los jugadores no necesitaba ninguna. Yo creo que la demostración me parece que la tiene que dar... no soy yo quién para decirlo, yo vengo de afuera y miro. Yo digo: miro y trato de opinar en función a lo que yo creo que conozco, que es poco; lo que me parece en qué situación están y para dónde habría que ir. Entonces, para mí la discusión está ahí, y es una discusión válida. Es una discusión válida porque ¿quién no quiere que Paraguay crezca?, ¿quién no quiere vivir noches como estas que no sean excepcionales, que sean cada vez más presentes? 16 años tuvo que esperar Paraguay por esto; es muchísimo, es muchísimo, y ya el mundial que viene lo tiene”.
Finalmente, Alfaro cerró su intervención agradeciendo el debate periodístico y rindiéndose una vez más ante el espíritu combativo e indestructible de sus jugadores, con quienes está dispuesto a dar batalla sin importar la complejidad del panorama: “Entonces yo digo, por eso yo les agradezco, porque a veces las discusiones a mí me hacen pensar y está muy bueno. No me enojo yo; me quedo reflexionando. Si me quedo en silencio, pues estoy pensando; no porque estoy enojado, estoy pensando. Entonces yo digo: eso es. Yo, demostración de la selección de Paraguay, nada, nada. Yo se lo dije adentro: ‘Muchachos, con lo que estamos ahí adentro nos alcanza y vamos a seguir peleando, por más que haya que remar en dulce de leche’, porque estamos para remar en dulce de leche. Sin embargo, vamos a seguir peleando. Pero yo, honestamente, demostración de los jugadores, nada: yo me saco el sombrero con los jugadores”.

