“Caso Semenya”, cuestiones y posible revolución

PARÍS. La conclusión del contencioso entre la sudafricana Caster Semenya y la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) podría revolucionar la definición de las categorías hombres/mujeres en el mundo del deporte, en medio de amplios debates éticos, médicos y científicos, suscitados por el nuevo reglamento de ese deporte sobre las atletas hiperandróginas.

Caster Semenya
Caster Semenya.AFP

La redefinición del género deportivo

Para el estado civil, Semenya es una mujer. Pero para la IAAF, las mujeres como Caster Semenya, con atributos masculinos debidos a una cierta diferencia de desarrollo sexual (DSD) son “hombres biológicos”, una noción muy criticada por la defensa de la estrella sudafricana. La IAAF dice querer proteger “la igualdad en la categoría femenina” y por ello considera que “la biología debe primar sobre la identidad” en el contexto deportivo.

“El deporte se ha construido sobre esta dicotomía entre hombres y mujeres, sobre una concepción binaria de los sexos”, señala la socióloga Beatrice Barbusse. “Existen individuos, como Caster Semenya, que no se sitúan ni de un lado ni del otro”, apunta. “Podemos imaginar que en cincuenta años hayamos llegado a un nivel como sociedad lo suficientemente elevado para aceptar que ya no hay categorización de género obligatorio. Este asunto puede cambiar completamente la organización del deporte del mañana”, vaticina.

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Desde ahora hasta que esa predicción pueda ser una realidad, la IAAF ha aprobado un reglamento considerado “discriminatorio” por el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS), que sin embargo estimó que era “necesario, razonable y proporcionado”. Únicamente el atletismo se ha pronunciado sobre este asunto espinoso. El Comité Olímpico Internacional (COI) ha creado un grupo de expertos para reflexionar sobre este tema.

Validez científica discutida

La IAAF apoyó su reglamento sobre un estudio discutido por varios científicos. Ese estudio fue publicado en julio de 2017 en el British Journal of Sport Medicine y en él los doctores Stephane Bermon y Pierre-Yves Garnier se apoyan en los Mundiales de 2011 y 2013. Comparando los resultados del tercio de las competidoras con la mayor concentración de testosterona con los resultados de la tercera parte de atletas con una concentración más débil de esa hormona, se concluye que las mujeres con una tasa más alta tienen una “ventaja” significativa en varias disciplinas como los 400 metros, los 400 metros vallas, los 800 metros, el salto con pértiga y el lanzamiento de martillo.

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Entre los mayores detractores de ese estudio están los profesores Roger Pielke, Ross Tucker y Erik Boye, que estiman después de sus investigaciones que del 17 al 33% de los datos son erróneos. Dicen que hay atletas o cronos que están duplicados por error y que algunos resultados no corresponden a ningún resultado real. Esos profesores obtuvieron de la IAAF un 25% de los datos utilizados para el estudio y se quejaron de no haber tenido acceso a todos los datos, ya que la IAAF alude al secreto médico.

La ética médica

Para reducir su tasa de testosterona, las atletas afectadas por el reglamento pueden someterse a una gonadectomía (ablación de las gónadas, ovarios o testículos) o seguir un tratamiento que puede ser hormonal, como una píldora contraceptiva. ¿Pero se puede obligar a personas que no están enfermas a tomar medicamentos que pueden ocasionar efectos secundarios? La respuesta es no, según la Asociación Médica Mundial (AMM), que pidió a los médicos que boicoteen el reglamento de la IAAF.

“Reducir la tasa de testosterona a niveles femeninos utilizando una píldora contraceptiva (u otro medio) es la norma reconocida para las personas que presentan una diferencia de desarrollo sexual 46XY con una identidad femenina (afectadas por el reglamento)”, estima por su parte la IAAF.

¿Test de feminidad?

Cuando una atleta es sospechosa de estar afectada por el reglamento debe someterse a un examen clínico para determinar principalmente su sensibilidad a los andrógenos. Durante ese examen, la atleta se somete a un test de “virilización”, en el que el doctor examina entre otras cuestiones su pilosidad, el desarrollo de su pecho y también de otras partes genitales (tamaño del clítoris, por ejemplo).

El TAS subraya en su arbitraje que un examen así “puede ser difícil e indeseable incluso aunque se realice con el cuidado necesario”. Desde la defensa de Semenya se denuncia que se trata de un examen “subjetivo y degradante”.

“Esto recuerda a los test de feminidad utilizados durante varias décadas”, declaró ante el TAS el doctor Eric Vilain, asesor del COI. A partir de los años 1960, la IAAF y el COI aplicaron test de feminidad, con análisis de las partes genitales y test cromosómicos, a veces seguidos de pruebas ginecológicas. Criticados y costosos, esos test fueron abandonados en la década de los 1990.

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