Los italianos ganaron la final por 3-2 (22-25, 25-20, 20-25, 25-20 y 15-11) y une este título a los logrados en 1989, 1993, 1995, 1999, 2003 y 2005.
Dieciséis años de espera para los italianos, que desde 2005 jugaron un perdieron dos finales: en 2011 ante Serbia y en 2013 frente a Rusia.
Los eslovenos perdieron su tercera final y segunda consecutiva, tras la de 2019 ante Rusia.
En el partido por el tercer puesto Polonia derrotó a Serbia, que defendía el título, por 3-0 (25-22, 25-16 y 25-22), para lograr su quinto bronce continental.
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