"Esto tiene que parar. No solo daña a los jugadores aborígenes, sino a todos los jugadores indígenas y de color de la liga, así como a sus familias, compañeros de equipo y amigos. Apoyamos firmemente a todos nuestros jugadores y condenamos el vilipendio racial de cualquier persona en el fútbol y en la comunidad en general", dijo Gillon McLachlan en un comunicado.
El director indicó que el departamento de Integridad de la competición investiga los comentarios racistas y trata de identificar a las personas que los realizaron, sin mencionar posibles castigos.
La Liga de Fútbol Australiano, el organismo rector de este deporte similar al fútbol gaélico de Irlanda, comenzó a abordar de manera proactiva el racismo desde la década de 1990 con una política que sanciona a los jugadores que insulten a alguien por su raza, religión, etnia, color, nacionalidad o procedencia familiar.
Sin embargo, los problemas persisten dentro y fuera del terreno de juego.
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Los recientes ataques racistas se dan pocas semanas después del acoso racista contra el jugador aborigen Jamarra Ugle-Hagan, quien el 25 de marzo para celebrar un gol se levantó la camiseta y señaló su piel para emular un icónico gesto contra el racismo.
"Queremos dejar claro que no hay lugar en nuestro deporte para nadie que vilipendie a nuestros jugadores", remarcó McLachlan. EFE.
