Mohamed Yehia, periodista del club cairota, ha difundido en su cuenta de X las imágenes de los aficionados, considerados "terroristas" en Egipto desde que en 2015 el Tribunal de Asuntos Urgentes de El Cairo prohibiera las actividades de los grupos ultras en el país árabe.
Como resultado de la represión estatal, Ultras Ahlawy anunció su disolución en 2018, seguido poco después por sus máximos rivales en el fútbol local, los Caballeros Blancos del Zamalek.
Durante su estancia en Miami ya podrían estar implicados en un incidente, difundido por redes sociales y recogido por CNN en Brasil, pero que no ha podido corroborar EFE, que implica el robo de una bandera del Palmeiras, próximo rival del cuadro egipcio en el Mundial de Clubes.
La desaparición del grupo en 2018, representada por la quema de la principal pancarta que solían llevar a los estadios, si bien ya ese mismo año miembros del grupo de seguidores radicales afirmaron al diario The New Arab que esa quema fue de "una pancarta falsa".
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Creada en 2007, esta agrupación se hizo famosa en el continente africano por sus coreografías, cánticos y tifos, y durante la revolución de 2011 -que derrocó al presidente Hosni Mubarak -muchos de sus miembros participaron activamente en las protestas.
Masacre
Su presencia en los estadios - y la de la mayor parte de los aficionados egipcios al fútbol- terminó en febrero de 2012, con la llamada masacre de Port Said.
La violencia en un partido en esa ciudad provincial egipcia le costó la vida a 74 hinchas del Al Ahly, 71 de los cuales eran miembros de Ultras Ahlawy, a manos de aficionados del local Al-Masry.
Los estadios egipcios permanecieron cerrados al público completamente hasta 2018, cuando algunos pocos aficionados pudieron volver bajo estrictas restricciones, que se mantienen hasta el día de hoy.
Miles de personas se echaron a las calles de El Cairo en los días posteriores a la tragedia para protestar contra la actuación de la policía en el partido, a la que acusaron de no haber intervenido para impedir los asesinatos.
En una entrevista con el escritor británico Islam Issa, el capitán del Al-Masry, Karim Zekri, y su hermano, el exjugador del Al-Masry Mohamed Zekri, afirmaron que la policía, el Ejército y "personas relacionadas con el antiguo régimen de Hosni Mubarak" incitaron la masacre.
Añadieron que numerosos factores sugerían que fue planificada, como la falta de registros e inspección de entradas en el exterior del estadio, el apagado de los focos, la soldadura de la puerta de la tribuna visitante y la llegada de "matones" del exterior.
El entrenador del Al Ahly aquella temporada, el portugués Manuel José de Jesus Silva, también afirmó a medios del país luso que toda la masacre fue "orquestada". Comentó que en el extremo norte del estadio había una pancarta en inglés: "Vamos a matarlos a todos", un lema que, en su opinión, iba dirigido a los medios de comunicación internacionales y no a los equipos.
Añadió que las puertas del extremo sur, donde se encontraban los aficionados del Al-Ahly, estaban cerradas, y algunos aficionados murieron asfixiados. Criticó a la policía, afirmando que estaban "sentados" en lugar de mirar hacia el campo y que no hicieron nada para detener las repetidas invasiones del terreno de juego durante el partido.
Los ultras de Al Ahly siguen defendiendo que fueron atacados debido a sus llamamientos a la dimisión del gobierno interino del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), surgido después de la revolución, así como por sus burlas al anterior régimen de Mubarak y al del CSFA.
Después de que el club italiano Fiorentina recibiera cedido del Chelsea al futbolista egipcio Mohamed Salah en 2015, éste eligió el 74 como número de camiseta, en memoria de personas que fallecieron en Port Saíd.
