Audrey Pascual (Madrid, 2004) nació sin tibias por una agenesia bilateral, una malformación congénita poco frecuente. A los seis meses entró en la piscina por recomendación médica para fortalecer la espalda y la musculatura para cuando empezase a andar con prótesis.
Su relación con el esquí comenzó a los once años en La Pinilla (Segovia). En un principio no le gustó eso de tener que depender de las órdenes de un monitor. Solo quería pasar tiempo con sus primas sin ninguna pretensión por competir hasta que en su camino se cruzó la Fundación También, que creó Teresa Silva, en el año 2000, para promocionar el deporte entre el colectivo de personas con cualquier tipo o grado de discapacidad.
Ella y su marido, Carlos Rolandi, fueron los primeros que la conocieron y descubrieron el potencial que tenía. Apostaron por ella, le suministraron material y, como asegura Audrey, ejercieron casi de padres adoptivos para el deporte. De hecho, durante mucho tiempo, sus padres la dejaban con ellos el viernes por la tarde para que se fuera a Sierra Nevada y el domingo, tras hacer los entrenamientos, volvían a Madrid.
Hace ocho años, le asignaron un monitor fijo, Jaime Hernández, la persona que más la conoce y que ha sabido cincelar la carrera de una campeona sin saltarse etapas.
"Hay gente que se toma el esquí como ocio o como un deporte profesional. Vimos que ella tenía actitud y que se lo tomaba de forma seria. Si quieres competir tiene que ser como un trabajo. El deporte es muy sacrificado y hay que saber que vas a perder mucho tiempo de tu vida, pero lo vas a ganar en otras cosas. Ella tenía muy claro con doce años que quería llegar a unos Juegos Paralímpicos y eso es muy difícil", declara a EFE Jaime, que comparte unos 150 días al año de viajes con la joven madrileña.
En 2015 y 2016, Audrey fue elegida Promesa del año en el Trofeo Santiveri de esquí adaptado, en 2017 ganó un oro en eslalon y una plata en gigante en el Campeonato de España y en 2019 empezó a competir con 15 años, la edad mínima exigida, en competiciones internacionales, ganando a la primera la Copa de Europa.
Desde entonces acumula numerosos podios sobre la nieve, entre ellos en los Mundiales de Maribor (Eslovenia) de 2025, en los que fue subcampeona en eslalon, y más de una decena de victorias en el circuito de la última Copa del Mundo.
La culminación a esta progresión ha llegado en los Juegos Paralímpicos de Milán Cortina, en los que, a falta de la prueba de eslalon, la joven madrileña lleva dos medallas de oro en supergigante y combinada y una plata en descenso.
Esos éxitos también se traducen en un buen premio económico, ya que tras la equiparación que hubo por medallas con los olímpicos en 2024 el importe de los oros suponen 94.000 euros y la plata 48.000. El bronce es 30.000. De esta forma, Audrey ha logrado 236.000 euros, cuya tributación es del 19%. La del entrenador es de 9.400 el oro, 4.800 la plata y 3.000 el bronce.
Ese importe total obtenido por Audrey es casi la mitad de lo que Teresa Silva y Carlos Rolandi cifran en la apuesta realizada por ella desde que comenzó en la Fundación También. "La inversión realizada en ella rondará los 400 o 450.000 euros", confiesan.
Lo que está claro es que el recorrido de Audrey, con los 21 años que tiene, es muy largo. Los próximos Juegos Paralímpicos de invierno serán en 2030 en los Alpes franceses y los de 2034 en Salt Lake City (Estados Unidos).
"Puede marcar una época porque a Audrey le quedan varios ciclos paralímpicos", confiesa su entrenador, Jaime, consciente de que estos Juegos marcan un antes y un después en la vida deportiva de su pupila pero también de él.
El entorno que rodea a Audrey, empezando por sus padres, Quique y Laura, su hermano Diego, y sus amigas, no la despegan del suelo. Ella tiene claro que el deporte es importante, pero también la formación. Estudia el Grado de Comunicación Audiovisual en Granada y lleva los estudios al día.
"Espero que venir a los Juegos sea una falta justificada y cuando vuelva a clase no haya problemas por no haber entregado alguna práctica. Trato de llevar las cosas al día, pero, si no lo están, ya lo recuperaré. Ahora solo quiero disfrutar de esto y si hay problemas pues ya vendrán", bromea.
Para ella, la familia es un pilar muy importante. Un punto de apoyo. El triunfo no se le sube a la cabeza aunque la ambición es máxima.
"Con estos éxitos me acuerdo de mi familia, que me lleva apoyando un montón de tiempo, y de mi abuelo, que decía que había que ser la "number one". De hecho él me llamaba "number one", así que por fin lo soy y me estará viendo desde el cielo. También me acuerdo de mis patrocinadores, que son otra parte de mi familia, y la federación, que apostó por mí", declara.
En Granada, y en Sierra Nevada, Audrey ha encontrado su refugio. Es una tierra magnética, cuna de grandes poetas como Federico García Lorca o artistas como Enrique Morente, pero también de mujeres deportistas. Un ejemplo son las también esquiadoras María José Rienda, española con más victorias en la Copa del Mundo; y Ana Alonso, doble medallista de bronce en los Juegos Olímpicos de Milán Cortina, o la atleta María Pérez, cuádruple campeona del mundo de marcha.
Esas montañas de Sierra Nevada, imponentes, se asemejan también a la belleza que desprenden los Dolomitas y, en concreto, Cortina d'Ampezzo, un lugar que quedará para siempre ligado a la historia vital de Audrey Pascual.
