Pogacar ante el reto de su gran sueño en los adoquines de la París Roubaix

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Redacción deportes, 11 abr (EFE).- La París Roubaix, el "Infierno del Norte", también conocida como "la madre de todas las clásicas" tendrá en su 113 edición de este domingo una nueva cita con la historia, la batalla del pavé será más dura que nunca en sus 258,3 km de recorrido entre Compiègne y el velódromo de André-Pétrieux, tras superar 30 sectores adoquinados que representan 54,8 km del total.

 Un escenario único para un nuevo duelo, en los adoquines de la ahora llamada París Roubaix Hauts de France, entre el imbatible esloveno Tadej Pogacar, quien sueña con estrenarse en el historial de la prueba en la lucha particular contra su propia historia, y el neerlandés Mathieu Van der Poel, quien en caso de victoria se destacaría en el álbum de oro con 4 triunfos, superando a Boone y Roger de Vlaeminck-

Pogacar (Komenda, 27 años) ha ganado las 3 carreras en las que ha participado, y además con exhibición: Strade Bianche, San Remo y Flandes. Con estas credenciales nadie le puede negar la condición de favorito. Es el único monumento que le falta, aunque ya tiene 12, y su obsesión es ganar el adoquín de oro de la Roubaix. En 2025 fue segundo, y no quiere dejar pasar más oportunidades.

Tal vez la Roubaix, donde el factor adoquín influye más que las cotas a ascender, es la carrera donde Pogacar no es tan claro favorito. Alguien le puede llevar la contraria, y ese debería ser Van der Poel, con tres adoquines de oro en su palmarés, y ahora herido en su orgullo por la derrota en Flandes ante su gran rival.

Van der Poel es el más indicado para evitar que el esloveno amplíe su leyenda con el quinto monumento consecutivo. Su descomunal potencia, su clase, le permite compartir la condición de favorito con Pogacar, quien fue segundo el año pasado en Roubaix. En los adoquines se verán las caras en un duelo que espera todo el mundo del ciclismo

En la lista de candidatos hay nombres eclipsados por los citados, pero con categoría suficiente para cambiar el pronóstico. El belga Wout Van Aert (Visma) ha cotizado al alza en sus últimas apariciones. Tercero en San Remo y cuarto en Flandes, se permite entrar en las apuestas.

También habrá que tener en cuenta a otros ciclistas importantes como el italiano Filippo Ganna (Ineos), reciente vencedor en A Través de Flandes con una exhibición de captura a Van Aert cuando le belga estaba a punto de llegar a meta. Junto al "gigante de Verbania" cabe citas al danés Mads Pedersen (Lidl Trek), hombre resistente y rápido que puede dar la sorpresa. En otro escalón se sitúan otros velocistas como Jasper Philipsen, Arnaud de Lie o Jonathan Milan.

La París Roubaix se disputó por primera vez en 1986 y cumple su edición 123, una de las más antiguas del calendario. Solo se ha visto interrumpida tres veces: 2 por la Primera (1915-1918) y la Segunda Guerra Mundial (1940-1942) y la tercera en 2020 por la pandemia del COVID-19.

Con una longitud de 258,2 km, el "Infierno del Norte" incluye 30 tramos de los temidos adoquines, lo cuales suman 54,8 km de la carrera, que transcurren sobre los duros vestigios de la Europa del siglo XX. Entre ellos se encuentran los célebres tramos de cinco estrellas de la Trouée d'Arenberg, Mons-en-Pévèle y Carrefour de l'Arbre.

Con una dificultad designada para cada sector entre 1 y 5 estrellas, el libro de ruta señala a estos tres sectores como los más difíciles del día.

A 95 km de la meta, la Trouée d'Arenberg marca habitualmente el inicio de la recta final de la París-Roubaix. Aunque parezca un tramo largo, quien no esté bien posicionado en esta etapa de la carrera puede descartarse del podio. Es el momento más esperado de la competición y, por ello, atrae cada año a miles de espectadores al Bosque de Arenberg.

 Tras superar la Trinchera de Arenberg, la París-Roubaix presenta desafíos constantes. A pesar de ser conocida como una carrera prácticamente llana, el sector de cinco estrellas de Mons-en-Pévèle supone una subida exigente, sobre todo por el mal estado del pavé.

Llegados a este punto, todos los ciclistas estarán al límite, y cualquier sprint en esta antigua estructura puede deparar todo tipo de sorpresas. El año pasado, Pogacar llegó al Velódromo de Roubaix casi un minuto antes que sus competidores más cercanos, pero Van der Poel ya estaba celebrando su tercera victoria.