La competición, que va mucho más allá del ciclismo, apuesta por la sostenibilidad y en la pasada edición de la competición, se habilitaron 114 puntos limpios y se plantaron 1.000 árboles autóctonos para recuperar las zonas afectadas por los incendios.
Además, más de 250.000 niños y niñas se han acercado al ciclismo participando en La Vuelta Junior y, entre otras iniciativas, se han aportado más de 60.000 euros a asociaciones benéficas, afirmó la organización.
La próxima edición de La Vuelta comenzará el 22 de agosto con una contrarreloj individual en Mónaco antes de atravesar Francia y Andorra rumbo a España, donde concluirá el 13 de septiembre en la ciudad de Granada.
Y, entre todos los participantes, el rival a batir será el esloveno Tadej Pogacar, flamante campeón de su quinto Tour de Francia hace unas semanas, quien regresa a La Vuelta siete años después de su última participación, en busca de lograr en la única ronda que le falta en su dilatado palmarés.
Asimismo, se prevé que el recorrido sea uno de los más duros de los últimos años, con siete finales en alto, dos contrarrelojes individuales y 3.308,5 kilómetros de competición.
Y el 100% de la flota que acompañará a los ciclistas recorriendo los 3.308,5 kilómetros en 21 etapas es híbrida enchufable de la mano de Skoda.
Pero cada etapa es mucho más que kilómetros. La Vuelta también es una forma de descubrir el territorio allá por donde pasan los ciclistas: sus paisajes, su geodiversidad, su patrimonio y su cultura.
A través de contenidos y vídeos informativos, se busca poner en valor los lugares por los que transcurre la carrera y se promueven rutas turísticas vinculadas al ciclismo, con el objetivo de fomentar un turismo más sostenible.
Cada etapa cuenta una historia y, al recorrer ese territorio, la competición ciclista más importante de España también ayuda a descubrirlo. Porque La Vuelta no solo recorre un país, también deja huella en él.
