El último día del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe (CAF) arrancó con una observación alentadora de Michael Stott, editor para América Latina del Financial Times, sobre el clima político actual: la reunión de siete mandatarios de distintas orientaciones bajo un tono de respeto mutuo. Sin embargo, la pregunta central giró en torno al vehículo para concretar esa unidad.
Ante la pérdida de relevancia de organismos como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) o las limitaciones del Mercosur, Santos fue tajante al señalar que el vehículo no es una estructura burocrática, sino la voluntad política y la capacidad de tomar decisiones pragmáticas.
Santos recordó el nacimiento de la Alianza del Pacífico como un ejemplo de lo que la región puede lograr cuando se enfoca en resultados. Relató cómo una conversación en Davos con un británico derivó en una llamada entre presidentes —Alan García, Sebastián Piñera y Felipe Calderón— que dio vida a un bloque diseñado para evitar la burocracia. El liderazgo se le otorgó al sector privado, permitiendo una integración efectiva que atrajo el interés de potencias como Canadá, Australia y Singapur. No obstante, lamentó que este impulso fuera cercenado por la llegada de liderazgos que priorizaron la ideología sobre la eficacia comercial.
El reto de un nuevo orden mundial
Para el Nobel de Paz, la integración ya no es una opción diplomática, sino una necesidad de supervivencia ante el panorama que describió el físico Michio Kaku en el mismo foro. En un mundo donde las reglas de juego establecidas hace 80 años están siendo rotas por sus propios creadores, América Latina debe reevaluar su papel. Santos enfatizó que, frente a la competencia entre China y Estados Unidos por la supremacía cuántica, la región corre el riesgo de ser borrada del mapa si no actúa como bloque.
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La región posee activos críticos que el mundo demanda con urgencia. Santos destacó que América Latina tiene el mayor potencial del planeta para producir alimentos y la mayor reserva de agua dulce en un contexto de escasez global. La “audacia” que propone consiste en utilizar este poder de negociación para influir en las regulaciones de las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial y la computación cuántica, para que estas sean herramientas de progreso y no de exclusión.
La urgencia de la regulación colectiva
El expresidente cerró su intervención subrayando la necesidad de que América Latina participe activamente en la regulación de la tecnología. Siguiendo la línea de Kaku, Santos advirtió que, sin marcos normativos claros, los avances tecnológicos podrían producir una “hecatombe”. Sin embargo, si la región se une para regular y aprovechar su potencial, el futuro podría ser el “mundo maravilloso” que la ciencia promete.
La invitación de Santos fue a dejar atrás el modelo de un “Mercosur expandido” o “más de lo mismo”, para pasar a una etapa de integración estratégica. En sus palabras, la única forma de que América Latina no sea simplemente un espectador en la carrera cuántica es sentarse a la mesa con una sola voz, capaz de defender sus recursos naturales y su derecho al desarrollo tecnológico.
