A diferencia del petróleo crudo, cuyo valor ronda los 100 dólares por barril, el diésel procesado equivale a un coste cercano a los 200 dólares por barril. En Europa, el margen del diésel sobre el crudo superó los 100 dólares, una brecha sin precedentes. El principal problema se encuentra en la capacidad de refinación. Aproximadamente cinco millones de barriles diarios de capacidad mundial se encuentran fuera de servicio. Entre las causas figuran el cierre del estrecho de Ormuz, los ataques con drones ucranianos contra plantas rusas y las tareas de mantenimiento estacional en Norteamérica.
En regiones como California, el cierre de instalaciones eliminó el 17% de su capacidad de procesamiento. Asimismo, las reservas de combustible en el noreste de Estados Unidos cayeron a su nivel más bajo desde 1990, con apenas 1,16 millones de barriles en inventario. Pese a la escasez interna, las refinerías estadounidenses exportan grandes volúmenes hacia Europa, donde los países prefieren comprar combustible norteamericano antes que recurrir a sus propias reservas estratégicas.
El sector del transporte enfrenta de forma directa el impacto de este encarecimiento, ya que consume el 75% del diésel en Estados Unidos. Los camioneros independientes y las flotas comerciales sufren una fuerte reducción de sus márgenes de beneficio.
El mayor coste del transporte repercute de inmediato sobre la cadena de suministro. Gigantes de la industria alimentaria como J.M. Smucker y Campbell’s alertaron sobre un aumento de dos dígitos en sus costes de logística para el presente ejercicio. Los analistas advierten que esta presión sobre los costes terminará trasladándose a los consumidores y aumentando la inflación.

El sector agrícola afronta un escenario crítico en un momento clave del año, cuando comienzan las tareas de cosecha en Estados Unidos. Durante la temporada de siembra, los agricultores desembolsaron 1.400 millones de dólares adicionales en diésel frente al año anterior. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos prevé que los costes de combustible aumentarán casi un 30% y los fertilizantes un 15%. Como resultado, los ingresos reales de los productores agrícolas caerán un 2,5% este año.
El impacto resulta especialmente fuerte en las comunidades rurales del interior del país. Estados como Wyoming, Dakota del Norte y Alaska registran el consumo de diésel por persona más alto de toda la nación. En estas zonas, el combustible no solo mueve la maquinaria agrícola y el transporte de mercancías, sino que también resulta vital para la calefacción durante los meses de invierno.
La escalada de precios aumenta la presión política sobre la administración del presidente Donald Trump de cara a las elecciones legislativas de noviembre. Aunque la Casa Blanca solicitó a las empresas petroleras la construcción de nuevas refinerías para aumentar la producción, los ejecutivos del sector rechazan estas peticiones. Las petroleras afirman que sus plantas actuales ya funcionan al máximo de su capacidad y que la inversión en nuevos proyectos multimillonarios no resulta atractiva.
El impacto también alcanza a Paraguay. De acuerdo con datos del Ministerio de Industria y Comercio, el precio de importación del diésel promedió 6,7 dólares por litro entre enero y julio de 2026, frente a los 4,4 del mismo periodo de 2025. Esto representa un aumento del 49,7%.
* Este artículo fue elaborado por MF Economía e Inversiones.
