Emiliano R. Fernández: poeta popular, patriota y bohemio

El calendario folclórico recuerda hoy el 120º aniversario del nacimiento de uno de los más prolíficos exponentes de la poesía y de la música popular del país, Emiliano R. Fernández.

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Patriota por excelencia, llamó a la defensa de la heredad amenazada por Bolivia. Relató el sacrificio y el heroísmo del soldado paraguayo en guerra. Cantó a la naturaleza y a las bellas mujeres. Su vida de bohemio lo llevó a recorrer gran parte del territorio nacional. Cuando optó por quedarse en una localidad, Puerto Casado, consiguió trabajo, pero fue echado por “farrista”.

Los biógrafos de Emiliano R. Fernández dicen que este poeta nació en dos partes. Vio la luz como ser humano en Yvysunu, Guarambaré, el 8 de agosto de 1894, pero el primer verso lo escribió en Concepción, de ahí que se afirma que también nació en la capital del primer departamento, o sea nació allá como poeta. Su primera obra fue Trigueñita.

Además de poeta, él fue un bohemio; patriota y combatiente de la Guerra del Chaco. Escribió numerosos versos en el campo de batalla, incluso antes de la contienda despertó el patriotismo de la ciudadanía e invitaba a los paraguayos a defender el Chaco, que ya era invadido por los bolivianos. De ahí que más allá de poeta fue un gran patriota. Escribió Rojas Silva rekávo para advertir del avance boliviano. Decía: “Jaku’éke Paraguay, oguahêmako la hora”. Quería decir: “por qué estamos esperando tanto, hay que ir a defender el Chaco”.

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A criterio del folclorista Gilberto Ortiz, él hizo mucho por la patria, sobre todo para despertar la conciencia, primero para defender el territorio invadido, y segundo, para perseverar en la lucha hasta lograr la victoria final. “Por eso es merecido que sus restos descansen en el Panteón de los Héroes. Siempre se consideró héroe a los militares; sin embargo, él fue un civil, que exaltó el patriotismo”, indicó.

Emiliano tenía una gran inteligencia y rapidez para reaccionar. Un día –según Ortiz– su hijo Norberto, que también escribía, le mostró un verso y le dijo: “Papá quiero escribir como vos” y Emiliano lee el verso y le respondió: “Muy bien mi hijo. Te felicito. Seguí escribiendo”. Seguidamente le bromeó: “Lo único que está claro es que la aloja nunca va a ser más dulce que la miel”. Allí ya le dijo todo: que no lo iba a alcanzar.

El poeta era un admirador de las mujeres, era su pasión apreciar su belleza. Cantaba al amor y al desamor: Che pochýma nendive (Me enojé contigo) le dijo a una de ellas, después le pasa el dolor y vuelve a escribir: Ndachepochýi nendive (Ya no estoy enojado contigo).

Cuando llegaba a Concepción escribía: Salud che paraje kue y cuando vino de allá: Adiós che paraje kue.

Emiliano hizo la primera expedición por tierra a Cerro Corá y escribió: Primero de Marzo, para resaltar la figura del mariscal Francisco López. Fue un reivindicador de su memoria, mancillada por la sed de venganza de sus detractores.

Cuando escribía y cantaba a las mujeres hacía alusión en el título el lugar donde vivía la musa inspiradora, como es el caso de Yvapovõ Poty, que escribió a una mujer que vivía en Puerto Yvapovõ, una localidad del norte del país. Igualmente compuso Guavira Poty, que dedicó a una mujer de la compañía Guavira, del pueblo del noveno departamento Bernardino Caballero. Como bohemio que era, cuando estaba en alguna localidad, escribía versos a sus mujeres.

Gilberto Ortiz relata que, por ejemplo, escribió La Cautiva para una mujer que admiraba pero estaba casada, de allí ese nombre. Le decía “emondoho nde sã ha jaha chendive” (rompe la soga y ven conmigo). Él estuvo en una cena y miraba a la dueña de casa y la mujer hacía lo mismo, porque en esa época se valoraba al poeta. Ella no podía abandonar a su marido, porque en aquella época se respetaba el matrimonio o por lo menos se disimulaba mejor. Anécdotas como estas tiene a montones.

Emiliano fue un poeta por excelencia. Supo interpretar el sentimiento del pueblo. Se suele decir que en Paraguay no hablamos bien ni castellano ni guaraní y mezclamos, lo que se llama el jopara. Sin embargo, él escribe perfectamente en los dos idiomas y en jopara escribe por ejemplo: La página rota, oda pasional en un perfecto castellano. No utiliza una letra en guaraní. Escribe igualmente en guaraní sin utilizar una palabra en castellano.

La genialidad de Emiliano es única, porque hoy por hoy no hay ni un grupo paraguayo que no tenga en su repertorio una canción escrita por este poeta. El Emilianore es infaltable, y como no cantar 13 Tujutî, su regimiento en la guerra; Che la Reina, La página rota. En la canción 13 Tujutî, por ejemplo, cuenta cómo fue el campo de batalla. “Hayvi pe bomba” (lluvia de balas) decía. Fue un poeta que conoció perfectamente la añoranza y la relataba para levantar el ánimo de la gente.

Los biógrafos, como Ortiz, dicen que Emiliano escribía en cualquier momento, cuando se le pedía. Por ejemplo, una vez se encontró con tres jóvenes que estaban guitarreando en una compañía de Guarambaré. Pensaban ir de serenata a una compañera de la escuela y no sabían qué cantar. Entonces, le pidieron que escribiera unos versos y allí al hilo, como se dice, escribe: Despierta mi Angelina. En sus textos prácticamente no se desliza un error, aquí no entra la grafía, que en nuestro país ha cambiado. Antes así se escribía “ja” ahora “ha”, cambios que no se pueden tener en cuenta a la hora de juzgar su forma de escribir.

La mayoría de las canciones escritas por Emiliano eran rasguidos dobles y el mismo le ponía la música. Félix Pérez Cardozo fue quien le dio el toque de polca, luego Mauricio Cardozo Ocampo y otros tantos. Y simplemente porque no era guapo para dar música a un verso.

El estilo de Emiliano es incomparable. Carlos Miguel Giménez, Manuel Ortiz Guerrero y otros tantos son grandes poetas, pero Fernández es inalcanzable. No pasa un día sin que sus canciones se difundan por las radios.

Emiliano fue una síntesis de la bohemia paraguaya. Viajero y trasnochador, vivió un tiempo en Sapucái, otro en Pedro Juan Caballero, luego en San Pedro, Puerto Casado, Puerto Pinasco, entre otras localidades. Trabajó como carpintero, obrajero; fue además guía de scouts y guardabosques. En la ficha de uno de sus trabajos en la compañía de Carlos Casado figuraba, junto a la constancia de su despido, la siguiente recomendación: “No tomarlo nunca más como empleado en la empresa porque es muy farrista”.

Su muerte se produjo luego de una trasnochada, en un incidente donde recibió una herida de bala. Fue internado en el Hospital Militar donde falleció el 15 de setiembre de 1949, a los 55 años. Su vida y sus creaciones musicales se recordarán hoy en los programas folclóricos de Radio Cámara, en la FM 104.1 del dial.

avelazquez@abc.com.pyfirma

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