–¿Qué diferencias hay entre la primera versión y la Cátedra que dicta ahora?
–Son monólogos totalmente distintos con la inclusión de la tecnología, de la modernidad. Por ejemplo, hay un detector de gays.
–¿Es una obra de tinte muy machista?
Para nada. La Cátedra del Macho no es machista ni va en contra de los homosexuales. Es decir, no tiene un contenido machista ni discriminativo. Más bien es una crítica a los metrosexuales, pues el macho no come sushi, no mira películas de amor, no usa aros, pantalón chupín, cremas exfoliantes, es rústico como el quebracho.
– Si a un hombre no le gusta el fútbol, ¿no es macho?
Definitivamente no, al macho le gusta el fútbol.
–¿Lo considera una especie en extinción? ¿O sobrevivirá al estilo metrosexual?
–Sí, creo que está en peligro de extinción, motivo por el cual me veo en la obligación de hacer esta obra, para que pueda subsistir.
–¿Es difícil llevar el peso de un unipersonal sobre los hombros?
–No, me encanta hacerlo, disfruto mucho del contacto directo con el público y la devolución que tengo es inmediata. Es un juego con el público, desde abajo me gritan cosas y yo respondo. Es una extraña magia de interacción con la gente.
–¿Qué planes tiene para el verano?
Seguir presentando la obra, posiblemente en Mar del Plata.
La última función será mañana, a las 19:00. Las entradas están a la venta en la Red UTS.
