Una mirada a los antiguos pueblos de origen jesuítico en el Paraguay

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En cada pueblo de origen jesuítico que existe en Paraguay quedan vestigios de los tiempos fundacionales: construcciones, ruinas y maravillosas obras de arte que se guardan en iglesias y museos. De ese valioso legado cultural trata el libro álbum “Pueblos Jesuíticos del Paraguay - Colección Javier Yubi”, que Editorial Servilibro lanzará el miércoles próximo.

De los treinta pueblos que conformaban el gran territorio de la Provincia Jesuítica del Paraguay solo ocho quedan en el país: San Ignacio Guasu, Santa María de Fe, Santa Rosa, Santiago, San Cosme y Damián, Trinidad, Jesús e Itapúa (hoy Encarnación).

Fuera de las reducciones, los jesuitas fundaron tres pueblos: San Estanislao de Kostka (Santaní), Belén y San Joaquín. Y de los sitios de sus estancias se formaron dos pueblos más: San Lorenzo y Paraguarí.

Los religiosos de la Compañía de Jesús partieron desde Asunción para organizar la primera Reducción Jesuítica, que fue San Ignacio Guasu. El trazado del pueblo se comenzó en diciembre de 1609 y de este lugar partieron las expediciones encabezadas por el padre Roque González de Santa Cruz (nacido en Asunción en 1576) para establecer, a partir de 1615, otros asentamientos donde juntar y catequizar a los indígenas. En esa tarea se hallaba cuando fue cruelmente asesinado por los indígenas junto a dos sacerdotes compañeros, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, en el Caaró (hoy Brasil), el 16 de noviembre de 1628.

El legado de los jesuitas, considerado de gran valor histórico y cultural, resalta en las páginas del libro álbum “Pueblos Jesuíticos del Paraguay - colección Javier Yubi”, que da a conocer una colección de imágenes fotográficas que retrataron en otros tiempos esos lugares antiguamente organizados para reducir a los indígenas en torno a la evangelización cristiana. ¿Cómo sobrevivieron? ¿Qué obras se perdieron? ¿Cómo eran las iglesias? La magia de la fotografía permite volver la mirada al pasado para ver lo que hoy ya no se ve. Y al incluir una serie de tomas de actualidad, el lector podrá observar y comparar la perspectiva que ofrecen ahora: qué se conserva. En qué condiciones se encuentran las obras de arte sacro. Cómo llegaron a estos días. Una lectura visual que ayudará a comprender el valor de esta historia que todavía guarda misterios relacionados con la evolución material y espiritual del ser humano. Y, por sobre todo, puede servir para reconstruir los hilos de una experiencia vivencial que involucró a los habitantes primitivos del Paraguay con aquellos hombres de fe, llegados de muy lejos con la misión de imponer una cultura distinta.