VALENCIA (EFE).La música es un lenguaje tan universal que dos especies tan distintas como el hombre y la beluga, uno de los cetáceos que emiten más cantidad y variedad de sonidos, pudieron interactuar ayer para “interpretar” una melodía.
En el Oceanográfic de Valencia (sureste de España), el contratenor francés Philippe Jaroussky y Yalko, una beluga de entre 15 y 20 años, demostraron que existe una forma de comunicación entre un ser del mar y uno terrestre que, de alguna forma, acaba convergiendo.
Las belugas pueden llegar a emitir hasta 32 sonidos, algunos muy parecidos a los que emite el ser humano.
