El fútbol en sus distintas facetas

Campeón del Preolímpico 92 con la Albirroja como futbolista, entrenador por breve tiempo de la selección Sub 20 y presidente del club Rubio Ñu por casi una década. Rubén Martín Ruiz Díaz vivió el fútbol en sus distintas facetas y, gracias a las recomendaciones de sus padres, lleva una vida que todo deportista se merece después de haberse privado de tantas cosas durante años.

Agazapado, en la portería de Rayados de Monterrey, en el que jugó durante  seis temporadas.
Agazapado, en la portería de Rayados de Monterrey, en el que jugó durante seis temporadas.

Presentación. “Soy hijo de Laureana Romero y Justino Ruiz Díaz. Mis hermanos son Carlos Alberto, Mirta, Justino Antonio, Enrique, Priscila y soy el último, el famoso pahague. Mi esposa es Graciela González y mis hijas son Antonela, Nadua, Graciela Andrea, Larissa y Martina”.

Trayectoria. La carrera futbolística de “Puchi” Ruiz Díaz se resume en Rubio Ñu, Talleres de Córdoba y San Lorenzo de Almagro en Argentina. Después tuvo un exitoso e inolvidable paso por Monterrey de México, en el que es considerado el mejor arquero extranjero de la historia del club regiomontano. Además militó en Puebla, Zacatepec, Veracruz y Necaxa.

Página dorada. Con la selección nacional fue campeón del Juventud de América 1988 en Argentina, del recordado Preolímpico 92 en nuestro país y tuvo la satisfacción de competir en los Juegos Olímpicos de Barcelona de ese año. Estuvo presente en cinco ediciones de Copa América, compitió en las eliminatorias e integró el plantel mundialista de Francia 1998.

Entrenador y directivo. Rubén dirigió a la selección Sub 20 por un periodo corto hasta que se metió a la dirigencia de su club, Rubio Ñu, y de la Asociación Paraguaya de Fútbol, encabezando varios operativos.

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Los primeros pasos. Fue futbolista motivado por su hermano Enrique, quien jugaba en la Reserva. De centroatacante pasó a ser arquero por una situación de emergencia, ya que los que debían cubrir el puesto se ausentaron.

La pelota y el estudio. “Todo se hacía difícil porque tenía que trabajar, entrenar y estudiar. Era ayudante de mi papá en una gomería. Después trabajé en una pelotería (fábrica de pelotas) y posteriormente de repartidor de una conocida marca de comida. A las 04:30 me despertaba y trabajaba hasta las 14:00. De 15:00 a 17:30 entrenaba y de 18:30 a 22:00 iba al colegio”.

Técnicos que lo marcaron. “Como un día no vino el arquero y actuaba de atacante, el profesor Suárez –ovetense– me ubicó de urgencia en el arco y me quedé en ese puesto. De todos los entrenadores he aprendido un poco. También me marcó Julio ‘Bocha’ Gómez, quien me hizo debutar en Primera, al igual que José Rinaldi, en Talleres de Córdoba”.

Un mágico momento. “Mi carrera cambió cuando fui a jugar el Sudamericano del ‘88, donde fui considerado uno de los mejores arqueros del evento. Al terminar el torneo hubo varios clubes interesados en contratarme. Fue finalmente Talleres el que me abrió las puertas. Llegué en julio de ese año a Córdoba para la pretemporada con un solo bolso y walkman con un solo casete (de José Luis Perales), con dos grados bajo cero, pero con un millón de sueños, según los dirigentes y técnico Rinaldi”.

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De promesa a realidad. “Me contrataron como un proyecto por mi juventud (17 años) e iba a ser el tercer arquero del equipo principal. Tal fue mi suerte que vendieron al titular Ángel Comizzo a River y el suplente se lesionó. Me tocó jugar un cuadrangular entre River, Boca, Belgrano y Talleres. Contra Boca fue mi debut en un estadio colmado con casi 50.000 personas. Fue victoria por 1-0 y tuve la fortuna de atajar un penal al minuto 40 del segundo tiempo al recordado Alfredo Graciani. De ahí en más fui titular y jugué los 36 partidos del torneo siendo considerado por El Gráfico uno de los tres mejores arqueros del fútbol argentino”, comentó.

Creciendo con los penales. “Ese mismo año los partidos que terminaban empatados tenían que definirse en penales. Fui el segundo con más penales tapados en el certamen. Un año de ensueño en lo profesional. Jamás imaginé ser titular y consolidarme en el país de los campeones del mundo, con tanta tradición de los grandes arqueros”, recordó.

El camino correcto. “Para ser futbolista se necesita mucha disciplina, responsabilidad y, sobre todas las cosas, perseverancia. No hay otro camino para llegar a ser profesional, exitoso. Aparte del talento y la habilidad que tiene que tener uno para poder sobrellevar y superar obstáculos que se van presentando”.

Consejo a los jóvenes. “Que sean disciplinados, ordenados, respetuosos y que sigan sus sueños, que luchen, que el fútbol es una profesión muy noble, digna y hace muy bien a la sociedad, porque el que practica algún tipo de deporte está alejado de las drogas, del alcohol, la prostitución, cosas que hoy abundan en todos los niveles de nuestra sociedad”.

Sus ganancias en el fútbol. “Con respecto a las inversiones, mi padre fue el que me orientó, me guió para que desde joven trate de invertir en propiedades y siguiendo su consejo desde temprana edad, te diría desde mi primer pesito que gané en el fútbol empecé a invertir en terrenos. Lógicamente con el tiempo fui creciendo, tengo una empresa que se llama Rumar hace 25 años, que sigue trabajando y hoy es el sustento de la familia, porque el futbolista tiene que estar preparado para el después”.

Los que no aprovecharon su oportunidad. “Muchas veces da pena, duele cuando uno ve a exfutbolistas que fueron tan exitosos, ganaron muchísimo dinero y que hoy estén prácticamente tirados en la calle y eso es debido a una mala planificación, mala orientación para poder tener una vida decente después del fútbol”.

El deporte rey. “Me ha dado casi todo, empecé a jugar desde los 13 años y me ha ayudado a ser mejor persona, disciplinado y respetuoso. Lo más importante que me dio el deporte es mi familia en sí, mis hijas”.

Sus referentes. “Me tocó en la infancia ver el Mundial del 78. Me fijaba mucho en los delanteros, en Kempes, Luque, Cruyff; después ya fijé mi mirada en los arqueros, como Dino Zoff y Fillol”.

Momentos imborrables. “La consagración con Paraguay en el Preolímpico en Asunción, los Juegos Olímpicos, el Mundial de Francia, las eliminatorias, el título de la Concachampions con Monterrey, aunque siempre digo que los logros no te marcan si no sos una buena persona. Uno va dejando huellas no por lo que gana, sino por lo que es”.

vmiranda@abc.com.py

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