Militó en Olimpia siendo fanático de Cerro Porteño

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Darío Caballero capta una  selfie hogareña, cumpliendo con las disposiciones sanitarias en Lambaré.
Darío Caballero capta una selfie hogareña, cumpliendo con las disposiciones sanitarias en Lambaré.

Creció en el Mercado 4, se formó y debutó a nivel profesional en Cerro Porteño. Darío Caballero soñaba con retirarse en su querido Ciclón de barrio Obrero, pero le cerraron las puertas como a tantas otras figuras. Militó en Olimpia y ese hecho le generó una rara sensación, por ser un fanático azulgrana. Cuando no tenía para el recreo, recurría a una extraña combinación: mandioca con banana.

Darío Raúl Caballero Leiva nació en Asunción el 1 de enero de 1977. Es hijo de doña Agustina y don Raúl, tiene cinco hermanos y cuatro hijos.

“Soy del barrio San José, la zona del Mercado 4. Vivo en Lambaré, tengo un local de comida rápida; ahora mismo la situación está jodida”, expresó el deportista en referencia a la cuarentena sanitaria que paraliza gran parte de la actividad comercial. “Está complicado el tema, hay que mantenerse, quitar lo justo nomás del ahorro. No es tiempo de hacer ninguna inversión”, significó.

Darío se siente orgulloso de sus raíces. “Mi familia es trabajadora y pasé trabajando con mis padres. Recuerdo vendía agua fría, hacía y repartía jugo. Después vendí bombachitas, corpiños, medias y anatómico, porque cuando eso no había boxer. Después llevaba termos al centro. La verdad hacíamos de todo, se sufre bastante, se convive con la necesidad”, mencionó.

De niño tenía que sudar primero colaborando con el ingreso para el hogar y luego ir a la escuela. “A veces no había nada para el recreo y la solución era mandi’o pakováre (mandioca con banana)”, indicó.

Como era un soñador de la pelota y un “enfermo” por Cerro Porteño, no dudó para ir a barrio Obrero y dar sus primeros pasos. “Para pasaje y eso... difícil. Lo más seguro era caminar, pescar por alguien, algún padre que le lleve a sus hijos y colarme con ellos”, aseguró.

En el club del pueblo tuvo una carrera meteórica. “Rápido subí a Primera. Precadete, Infantil y ‘ajupíma katu’. El técnico era Gerardo González y Carlos Báez, su asistente, armó el equipo paralelo en 1994 para el torneo República. Debuté contra 8 de Diciembre de Caaguazú. A partir de ahí me quedé en el plantel principal y a veces bajaba a la Infantil para jugar algunos partidos”, comentó.

Fueron grandes presentaciones, individuales y colectivas, con las cuales Cerro fue ganando títulos, en gran medida mediante la promoción de juveniles.

“En 1995 jugué la finalísima con Olimpia y el noveno, décimo penal, me tocó patear, fallé y perdimos el campeonato. Nos afectó muchísimo en el aspecto anímico y en realidad costó recuperarnos”.

En el 2000 tuvo su primera experiencia internacional, en el Chacarita Juniors, que por entonces militaba en el máximo circuito argentino. Retornó a Cerro y posteriormente defendió los colores de Independiente de Avellaneda, Deportivo Cali, Libertad, Universitario de Deportes (Perú), Olimpia, Deportivo Quito (Ecuador), Fernando de la Mora, Juventud de Pacheco y Cristóbal Colón de J. Augusto Saldívar.

“En el Clausura 2007 debuté en Olimpia y le hice un gol en el clásico a Cerro Porteño, mi ex club. En parte la emoción por haber marcado, pero también el dolor que uno siente por dentro por todo lo que había vivido en Cerro”.

La pregunta obligada era en qué se diferencian Cerro Porteño y Olimpia. “Dirigencialmente es mucho mejor Olimpia, se sabe manejar, se proponen las metas y buscan llegar al objetivo”.

Una espina clavada. “Quería volver a Cerro, pero los dirigentes, con Luis Pettengill a la cabeza, no quisieron, me rechazaron. Eso me dolió porque soy cerrista de cuna y mi anhelo fue cerrar mi ciclo en el club, que tiene esa particularidad de cerrarle las puertas a sus figuras, como el ‘Colorado’ Carlos Gamarra, Julio Enciso, por citarte solo dos que quisieron retornar pero no pudieron”.

Corazón azulgrana. “Fui jugador de Olimpia, siendo hincha de Cerro, esa es la verdad. No voy a cambiar, aunque no tengamos los títulos... Quién sabe, después de la pandemia mejora todo y por qué no, ojalá ganemos la Copa Libertadores, la Sudamericana. Hay que pensar siempre en positivo”.

Sus ingresos. “La verdad que no gané mucho. Las dos veces que salí a Argentina fue sin cargo, a préstamo, es decir solo por el sueldo, pero cuando tuve plata hice para mi casita y siempre procuré ayudar a mis padres”, puntualizó. “Ahorré algo, no millones de dólares, pero alguito. Ahora se gana bien; antes pagaban poco”.

El fútbol. “Me dio muchas amistades, algunas son verdaderas y otras no tanto. Tengo siempre presente a mis compañeros de infancia, a los amigos de Cerro del 90”.

Un colega del que siempre se recuerda es Estanislao Struway, el popular Taní. “Tipazo, alegre, una persona al que hay que valorar lo que pasó y ganó. Nunca cambió, mantiene esa humildad, te recibe con sonrisa y de esas cosas no te podés olvidar. Lo tuve como compañero en Cerro y en la selección”.

“Hay jugadores que ganaron mucho y no te hace caso. Por suerte nunca pedí plata para mí, a no ser que sea de urgencia y necesidad para llevarle a un enfermo”, añadió.

El covid-19. “Se está manejando bien, la gente se está cuidando, no como en otros países donde se ve cantidad de muertos. Con esto no le podés ni velar, enterrar a tu gente. Es lo peor que puede pasar”.

vmiranda@abc.com.py