El domingo 28 de enero de 1973 vino al mundo Virgilio Ferreira Romero, hijo de don Francisco y doña María Crisnilda. Sus hermanos son Juan Francisco, Francisco Flaminio, Patricia Librada y Rita María. Está casado con Marlene Yegros y sus hijos son Alessandro, Alessandra y Alesio.
Empezó a jugar al fútbol de manera oficial a los 14 años, en el Cerro Porteño de Monte Alto. Una temporada en Juvenil y en la siguiente, en Primera. Su elenco estaba en el circuito de ascenso atyreño, se consagró campeón con la participación del talentoso volante ofensivo y subió a la categoría principal.
“La selección se preparaba para el Nacional Interligas y decidí irme a practicar, sin ser convocado. La movilización era observada por Porfirio Maidana, quien se acercó y me preguntó si era el hijo de don Chico (Francisco). Le respondí que sí y me dijo si no me gustaría ir a probar a Cerro Porteño, porque trabajaba allí como preparador físico”.
Del suelo cordillerano a barrio Obrero. “Empecé en la Cadete, con el profe Peíto Rodríguez (Pedro Evangelista). Habré jugado como cinco partidos, con mi cédula nomás y salimos campeones”. Las sensaciones iniciales fueron muy buenas, por lo que “en 1990 llevé mi ficha para jugar en la Infantil”.
El propio Peíto tuvo un rol importante para ir escalando. “Me alzó al plantel principal porque era asistente de Paulo César Carpegiani. En el 91 no llegué a jugar y bajaba a competir en la categoría Aspirante”, que es la Reserva.
“En 1992 debuté en un partido de la Copa Libertadores, en las semifinales, en una definición en penales que la perdimos, lastimosamente. Me tocó patear el tercer penal y convertí”. En ese mismo ciclo firmó su primer contrato, con un salario que no alcanzaba el millón de guaraníes.
“Me consolidé joven, jugué la liguilla, la famosa serie de tres partidos contra Libertad y salimos campeones en ese año”.
“Fueron momentos muy lindos los vividos en Cerro. En junio de 1996, Pedro Aldave adquirió mi pase y fui transferido al Betis de España, con un contrato por siete temporadas”. A cambio, el club azulgrana recibió 500.000 dólares.
“Lo primero que hice es mandar hacer una casa grande a mis padres; les mantuve y los sigo manteniendo. Mis hermanas en su momento estudiaban y las ayudaba. Hoy en día son profesionales y estamos orgullosos como familia”.
En la institución albiverde de Sevilla estuvo apenas un semestre. “No me adapté futbolísticamente, no me salieron bien las cosas”. Fue cedido al Extremadura y luego al Recreativo de Huelva, en los que logró levantar su rendimiento.
“Rescindimos el contrato y traje mi pase en el 2000 para volver a Cerro, donde estuve hasta el 2002”, recordando posteriormente un inesperado trago amargo experimentado en el Ciclón. “Aún tenía medio año más de vínculo y el presidente César Luis Puente me echó. Fue una cosa de locos que no me explico, porque un año antes gané todo, fui elenco el mejor jugador paraguayo, llegué a codearme con Roque Santa Cruz y Roberto Acuña que jugaban en las grandes ligas de Europa”.
“Fuimos cinco, seis jugadores a los que nos sacaron, nunca nos dijeron el motivo, no sé si nos consideraban cabecillas o qué. Fue tan grande mi desilusión que hasta inclusive demandé y al final me pagaron todo”.
“Uno de los motivos por el que el club de la ‘vereda de enfrente’ está por encima de Cerro es porque no se le valora a las figuras, a sus grandes ídolos, por eso ocurren estas cosas. Imaginate lo que hicieron conmigo. En el 2001 gané el Apertura, el Clausura, el título absoluto y a los seis meses me echaron, siendo un hijo del club. Olimpia está por encima de Cerro a nivel dirigencial. En una semifinal de la Libertadores, los dirigentes tienen que jugar adentro y afuera de la cancha, como lo hace el tradicional rival, que te juega afuera de la cancha, porque ahí se ganan también los partidos y en ese sentido les falta experiencia a los directivos cerristas”.
Una sorpresiva propuesta. “Fue en ese entonces que de Olimpia me llamaron. Osvaldo Domínguez Dibb dijo ‘le quiero a ese chico’, pero primó mi cerrismo y dije no, no me quiero ir, me negué rotundamente. Iba a salir a lo mejor campeón de la Libertadores, pero no me arrepiento, mi cerrismo me impidió dar ese paso”.
La continuidad de su carrera. “En ese momento me llamó Horacio Cartes, el ‘Tata’ (Gerardo Martino) era el técnico y me fui a Libertad”.
En el 2003 militó en la Liga de Quito, donde fue campeón ecuatoriano y en el 2004 actuó con The Strongest de La Paz, donde tuvo como compañero a su hermano Francisco. “Retorné a nuestro medio para militar en 12 de Octubre de Itauguá, de nuevo con Francisco en el plantel”.
“Prácticamente terminó mi carrera, me perseguían las lesiones, tenía contractura. En 2008 recibió una oferta de Técnico Universitario de Ecuador. Al volver milité de nuevo en el ‘12’, hasta en la Intermedia”. Sus dos últimos elencos fueron Sportivo Atyreño, 4 de Octubre y el Cerro de Monte Alto, donde había dado los pasos iniciales con la pelota.
Una materia pendiente fue competir en una Copa del Mundo. “Jugué cuatro eliminatorias y no pude ir a ningún Mundial. Para Estados Unidos 1994 no clasificamos; para Francia 2008, Carpegiani le llevó a Gabriel González por su experiencia y quedé al margen. Para Corea/Japón 2002, en mi mejor momento, le hice un gol a Boca Juniors y se me torció el tobillo. La recuperación me llevó cuatro meses y por eso no pude ir. Y para Alemania 2006 no me consideraron”.
En el balance, su experiencia con la Albirroja fue positiva. “Jugué dos ediciones de la Copa América, en Ecuador 1993 y Colombia 2001.
“El fútbol me dio una linda familia, muchos amigos, llegué a madurar, he conocido países, me dio un bienestar. Me ha ido siempre bien, he conseguido todo lo que me propuse, jugué defendiendo a mi país. Lo que no cumplí fue jugar el Mundial, que era el objetivo más grande. Pero no lo considero un fracaso, pero estuve ahí cerca”.
Los técnicos que lo marcaron. “Carpegiani, Valdir Espinosa, Cayetano Re y Luis Cubilla. ‘Carpe’ me enseñó cómo moverme sin pelota, ganaba los partidos tácticamente. Con Cubilla aprendí la movilidad en ataque para ganar posición en la zona de definición”.
¿Estás en el mismo nivel de idolatría del Nino Arrúa? “No sé, futbolísticamente no puedo decir porque lo no vi jugar, pero por las referencias, el Nino es un ídolo. Comparar es difícil, pero tengo un mérito, soy goleador histórico a nivel local con 90 anotaciones y a nivel internacional con 23, 17 en la Libertadores y seis en la Sudamericana, con varios títulos ganados”.
El privilegio de jugar con grandes futbolistas. “Compartí con Sergio Goycochea, Farid Mondragón, Luis Capurro, Alex Rossi, por citarte algunos extranjeros. A nivel local con Guido Alvarenga, Carlos Gamarra, Estanislao Struway, Francisco Arce”.
Su máximo ídolo es italiano, Alessandro Del Piero (por eso el nombre de sus hijos). Un “10” frontal, con características especiales. “Siempre fui encarador, no un talentoso como Guido, que lanza la pelota donde y como quiere. Salvando la distancia me identifico con Maradona, directo a la portería contraria”.
Lo máximo que cobró de salario en nuestro medio fue 25 millones de guaraníes, allá por el 2002. “No me quejo, vivo bien, tenemos nuestra casa quinta. Nunca fue mi objetivo vivir en la capital. Construí mi casa en mi pueblo, aquí en Atyrá me encontrarán siempre”.
¿Lo ves a Cerro campeón de América? “Por ahora veo difícil, en corto tiempo, porque a la institución le falta sanearse, en cuanto a jugadores y principalmente en el aspecto dirigencial. Hay que traer valores nuevos, que entre gente nueva, mezclando con personas experimentadas que están en la actualidad. A partir de ahí puede aspirar a una copa internacional”.
Un hecho anecdótico. “Iba a ser 8 de diciembre, estábamos concentrados, en el 92. En ese momento ‘Chiqui’ (Francisco Arce) no tenía auto y su madre nos había invitado a comer milanesa en Paraguarí. Usamos uno de la playa de vehículos de un amigo de apellido Aguilera, llevamos un Chevrolet Monza y a la tardecita teníamos que presentarnos de nuevo. De venida llantamos y nos quedaba poco tiempo. Tuve que caminar kilómetros para encontrar una gomería, porque además era domingo y casi ninguna estaba abierta. Después de mandar solucionar el problema de la rueda nos subimos a una moto para ir a ponerle de nuevo la rueda al vehículo y regresar volando, fue un quilombo”. Su interminable caminata en medio del corto tiempo disponible terminó, por lo que surgió una minipretemporada mbarete porã.
