Goleador y de la cuna de Tuyucuá

Tenía “un cañón en cada pie y no perdonaba una”, dicen la mayoría de aquellos que tuvieron la satisfacción de ver jugar a Máximo Rolón Villa, nacido en la cuna de Tuyucuá en el barrio Las Mercedes, el 18 de noviembre de 1934 y es uno de los referentes del “Equipo del Siglo” de Libertad, aquel del ‘55 que se acreditó incluso el de calificativo de “imbatible”. “Chimo”, goleador por excelencia, tiene este viernes un partido complicado, pero seguro será otro histórico triunfo que irá en su foja que arrancó cuando solo tenía 12 años en la Sexta Gumarela.

Esta foto es de ayer con don Máximo Rolón Villa (85 años) esperando el viernes una nueva operación con un semblante de gumarelo.
Esta foto es de ayer con don Máximo Rolón Villa (85 años) esperando el viernes una nueva operación con un semblante de gumarelo.

“Yo soy del barrio Las Mercedes, ahí cerca nomás de Tuyucuá y hasta ahora sigue en la zona la casa de mis padres, donde viven dos sobrinas”, manifestó don Máximo Rolón en la charla telefónica con nosotros desde su reposo en el Hospital de IPS donde este viernes será operado después de un infarto, el segundo, que lo llevó a hospitalizarse desde el miércoles pasado.

“Muy chico comencé a jugar al fútbol, cuando tenía 12 años me enrolé al equipo de la Sexta División de Libertad y de ahí pasé a la Quinta antes de saltar a Primera cuando cumplí 15 años”, resume sus inicios de jugador el delantero por excelencia goleador y que tuvo pico altos en los campeonatos de los años 1954, 1955 (campeón) y 1956, temporadas seguidas en las que fue artillero.

“Mi primer partido en Primera fue contra Nacional, mi marcador fue Atilio Herrera y solo me acuerdo que el apellido del técnico que me hizo debutar fue Fernández, exarquero del club”, historió “Chimo”, quien no supo apartarse de la nostalgia que generaba en él recordar aquellos tiempos en los que comenzaba a dar sus pasos más importantes detrás de la pelota.

Por tres años consecutivos goleador absoluto del fútbol paraguayo, “Chimo” Rolón es dueño de un récord no igualado hasta nuestros días: 72 goles en las tres temporadas. “Siempre me caractericé por hacer goles y en esos años saqué una gran diferencia a los otros goleadores que me seguían. Uno debe sentirse cómodo jugando y yo me sentía así, principalmente porque en ese equipo éramos todos amigos y la mayoría vecinos de Tuyucuá. Solamente vinieron de otros barrios, Rogelio Bedoya (Sol de América) y Eulogio Martínez (Atlántida), que son de barrio Obrero y “Papi” Benítez Casco, quien vino de Villarrica”, hacía hincapié en una charla en 1999 con nuestro diario el “máximo” artillero del historial de Libertad.

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Se puso la casaca gumarela desde muy chico, después de las tres estupendas temporadas, a fines de 1956 y un impasse con los directivos de Libertad fue transferido al Everton de Viña del Mar, Chile. De eso en los recuerdos de don Máximo está que “a Chile también me tocó ir muy joven, casi con 22 años y me quedé a vivir 32 años en aquel hermano país” y tanto cariño le tomó que se unió en matrimonio con Lady Gabriela Marchant Díaz, con la que tuvieron seis hijos, de los cuales tres nacieron al otro lado de la Cordillera de Los Andes.

La generación Rolón Marchant la integran Claudio, Rodrigo, Marcela, Carolina, Felipe y Máximo y los nietos Joaquín y Benjamín.

Ficha por el Everton

Fueron tres años en el Everton (57 al 59), en 1960 pasó al San Luis de Quillota, también tuvo la satisfacción de militar en el fútbol colombiano en el América de Cali, en 1961 jugó por Santiago Wanderers y cerró su carrera en Valparaíso Ferroviarios, de la Segunda División de Chile.

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Sobre aquel paso o la transferencia internacional al equipo chileno, rememoró “Chimo”: “Yo estaba suspendido por tiempo indeterminado entonces. Pasó que con mi primo Hermes (González, el otro sobreviviente de aquel Equipo del Siglo) pedimos después de terminar el campeonato una suma de dinero como premio. Pero apareció un emisario del Everton y me vendieron por 300.000 pesos argentinos, fue el monto que pidió por mí Libertad que se quedó con toda esa plata, no me dieron ni un solo peso”.

Por qué en peso argentino la transferencia, “porque cuando eso el peso argentino valía mucho más”.

Al cerrarse la operación “nos fuimos por Buenos Aires a llevar a otro jugador, ahí sí me dieron tres mil pesos argentinos para mí” y Rolón indicó que se equivocó en que “el salario no estaba mal, pero después me di cuenta que pedí muy poco, solo 60.000 pesos chilenos, que haciendo los cálculos me di cuenta que no alcanzaba. Pero al año siguiente fue diferente, ya me avivé y cambió todo”.

Con la Albirroja

En cuanto a los antecedentes con la selección nacional, don Máximo apuntó que formó parte de aquel grupo que tuvo la “maratónica etapa desde la Sexta y también muy joven tuve la suerte de ser convocado por el técnico Bártoli (el italiano Vessilio) que le sacó a Luqueño campeón (1951 y 1953). Fuimos al Sudamericano de Chile (’55) y fui uno de los goleadores del campeonato con cinco goles y solo a la selección de Chile no le marqué el gol”.

En el Mundial de 1962 “yo estaba en Chile, prácticamente en retirada en mi carrera y fue maravilloso ver de nuevo aquello”.

@micacere

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