Olimpia logró de manera magnífica hacerse de dicho trofeo ante Nacional de Montevideo, un 11 de enero de 1991, bajo la presidencia de Óscar Carísimo Netto, actual titular franjeado.
Eliminando a Ríver Plate. Después de conseguir por segunda vez la Copa Libertadores de América, el Decano fue a Buenos Aires, donde perdió 3-0 frente a Ríver Plate, el miércoles 31 de octubre de 1990. Sin embargo, en la semana siguiente, el miércoles 7 de noviembre, dio vuelta la historia. En el Defensores del Chaco, con un gol de Adriano Samaniego a los 15’ de comenzar el partido, resurgieron las esperanzas. A los 38’, Luis Alberto Monzón consigue el segundo gol. Tras el descanso, corrían 60’ de juego cuando con magistral clase Raúl Vicente Amarilla logra el tercero. Concluyó el partido con un 3-0 a favor de Olimpia. Vinieron los penales. Éver Almeida marca el primero y seguidamente le contiene el penal al argentino Da Silva. Aunque después le atajan a Villalba y el de Monzón salió desviado, convirtieron Ramírez, Amarilla y Suárez. Y le toca a Díaz tirar para Ríver, surgiendo la intervención de Almeida para la clasificación.
Dos partidos espectaculares. Rácing de Avellaneda fue el ganador de la Supercopa 1989. Olimpia lo enfrenta en segunda fase. El 14 de noviembre, en Asunción, la primera fracción terminó 0-0. A los 17’ del segundo tiempo, el arquero Goicochea le atajó un penal a Raúl Amarilla. A los 33’, Rácing metió un gol y dos minutos antes de finalizar el partido Franco logró el empate.
En el segundo partido, en el estadio Vélez, un 3-0 a favor de Olimpia marca la diferencia. Convirtieron Guasch, Amarilla y Samaniego, a los 39’, 46’ y 54’.
Contra Peñarol. Rumbo al preciado trofeo, Olimpia enfrentaba a otro grande. En Montevideo, ya por la semifinal, en incidentado partido, el argentino Juan Antonio Bava expulsó a dos jugadores fundamentales de la “franja”, Adriano Samaniego y Jorge Guasch. Ganaron los uruguayos 2-1.
Histórica goleada. Decidido a pasar a la finalísima, el 19 de diciembre, Olimpia pegaba fuerte con un 6-0, con goles de Gabriel González (2), Raúl Amarilla (2) y Silvio Suárez y Virginio Cáceres.
Primer paso para la consagración. En los calurosos días del verano de 1991, Olimpia puso el sello final a una excepcional campaña, iniciada mucho antes con una rigurosa y disciplinada preparación para competir a nivel de los mejores del mundo. El 5 de enero se juega la primera final en el Centenario de Montevideo –que un puñado de jugadores del Olimpia inauguraron 60 años antes, en el Mundial del ‘30– contra el aguerrido Nacional.
El primer tiempo terminó 0-0. A diez minutos de haber comenzado la segunda fracción, Gabriel González le hace un gol al uruguayo Seré. Luego marcarían Raúl Amarilla y Adriano Samaniego, para el 3-0.
Supercampeón. Seis días después, la revancha en Asunción. En la intimidad de cada uruguayo, venía un sueño palpitante. “Esa Copa...la juegan solo los mejores y nosotros estamos en la final”. Pero en cada entrenamiento, en cada mirada entre ellos, el Decano también amasaba día a día el mismo sueño, con la consigna: “la Supercopa, ahora o nunca”.
Nacional intentó la proeza, con un estadio de Sajonia abarrotado. Logró el primer gol apenas comenzado el partido, a los 4 minutos. Pero enseguida, Adriano Samaniego frena el empuje rival con el empate a los 26 minutos. Y sigue el festival de goles, poniéndose 2-1 Nacional con tanto de Héctor Morán, a los 31’. Apenas 4 minutos después, Raúl Vicente Amarilla iguala y para no ser menos, un jovencito de 20 años se suma a la fiesta, con clase de veterano: Luis Monzón logra el 3-2 a favor de Olimpia, empatando Wilson Núñez a los 79’. Pero el veredicto ya estaba: Olimpia, campeón de la Supercopa.
Y traigan la Recopa. La Conmebol dispuso un duelo de campeones de la Libertadores y la Supercopa, con el premio de la Recopa. En 1990, Olimpia fue ganador de la Libertadores, también contra Nacional de Montevideo. Por tanto, le correspondía en forma automática en carácter de campeón de la Recopa.
Los únicos clubes del continente, que ganaron la Recopa antes de Olimpia, fueron Nacional de Uruguay (1988) y Boca Juniors de la Argentina (1989).
Las vitrinas del popular Olimpia de Paraguay se llenaban de trofeos. Sin dudas, el gran embajador del balompié guaraní.
