Capablanca vs. Corzo, 1901

Todos tenemos o tuvimos ídolos, en varios campos, además de las magníficas virtudes que ellos poseen, tendemos a creerlos capaces de cosas extraordinarias, que nosotros no podemos hacer.

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El único campeón del mundo con el castellano como lengua madre, el cubano José Raúl Capablanca y Graupera (La Habana, 19 de noviembre de 1888 – Nueva York, 8 de marzo de 1942), no es ajeno a ello.

El propio Capablanca, en “My Chess Career” (hay que tener en cuenta que una de las finalidades del libro era hacer propaganda para que Emanuel Lasker aceptara el desafío de Capablanca por el título mundial) sostuvo que, antes de cumplir los cinco años, aprendió las reglas del juego, observando a su padre jugar con amigos.

En una de las versiones más repetidas, en el transcurso de una de las partidas, observó que su padre hizo un movimiento ilegal, y le dijo que no podía hacer eso, insistió, hasta que los mayores le hicieron caso y vieron que el niño tenía razón.

Capablanca escribió en Munsey’s Magazine, de octubre de 1916, que esperó a que todos se fueran y solo entonces hizo ver a su padre el error, que después jugaron y el niño ganó; en otras versiones la leyenda se agiganta y Capablanca poco menos que vencía a todos los presentes con facilidad a los pocos días.

¡Mágico!, ¡cómo no desear que algo así sea cierto!, pero… ya en el torneo de Londres 1922, cuando Euwe le preguntó sobre ese hecho, el entonces campeón del mundo Capablanca contestó que no había sido exactamente así.

En “Capablanca, Leyenda y realidad” de Miguel A. Sánchez (Ediciones Unión, 1978), se da una versión más terrenal, y seguramente más cercana a lo sucedido, en base a testimonios de Graciela y Zenaida Capablanca, hermanas de José Raúl (fueron 11 hermanos), y por los originales del libro inédito de Olga Chagodaev, la segunda esposa de Capablanca.

Según ellos, un día José María Capablanca, el padre de José Raúl, vio al niño sollozar, y rompiendo las costumbres, lo sentó a su lado buscando calmarlo, mientras jugaba una partida de la velada habitual, el niño prestó atención a lo que pasaba y cuando el rival se fue, José Raúl puso las piezas en su posición inicial, el padre emocionado llamó a su esposa para que fuera testigo de la proeza del hijo de ambos, y a partir de ahí se le permitió participar en la reunión nocturna, y a los pocos meses podía competir con su padre y los amigos de este, pero no ganarles con facilidad.

Capablanca gozó de un ambiente muy favorable para desarrollar su talento, su padre y su tío jugaban al ajedrez y podían apreciar sus progresos y alentarlo, Cuba era entonces “El Dorado del Ajedrez”, según Steinitz, se recibían visitas de grandes jugadores como Morphy, y allí se habían disputado dos matches por el Campeonato del Mundo.

No obstante el ajedrez quedó relegado en la vida de Capablanca porque los médicos dijeron que jugar era dañino, solo jugaba ocasionalmente en casa, hasta que a fines de 1899 realizó una visita al Club de Ajedrez de La Habana, José Raúl asistió sin mucho entusiasmo, pero, según sus palabras, esa visita cambió su vida.

Harry Nelson Pillsbury, que parecía destinado a ser campeón mundial, daba simultáneas, Capablanca lo describe así: “Era yo un jugador muy mediocre pero puede imaginar el lector la impresión que a un niño lleno de imaginación había de causar un hombre que podía jugar simultáneamente diez o más partidas de ajedrez, al tiempo que desarrollaba vendado otro cierto número de partidas y a la vez una mano de whist duplicado [Bridge, para los no iniciados, como este cronista]. El efecto de los alardes técnicos de Pillsbury fue inmediato. Me electrificaron en un todo y con el consentimiento de mis padres comencé a frecuentar el club de ajedrez de La Habana”.

No obstante, como lo expresa Edward Winter en su extraordinario libro sobre Capablanca, hay contradicciones que llevan a dudar de que esto realmente ocurriese.

Le dieron varios libros, los que más le gustaron fueron los de finales, y en el transcurso de un año Capablanca realizó progresos notables, a punto de cumplir 13 años no tenía todavía el nivel de los mejores de la isla, pero no era muy inferior.

Se organizó un match entre el campeón cubano y él, al mejor de cuatro partidas, que se jugó del 17 de noviembre al 18 de diciembre de 1901.

Su rival Juan Corzo y Príncipe (Madrid, 24 de junio de 1873 – 27 de septiembre de 1941) fue campeón de Cuba cinco veces (1898, 1902, 1907, 1912 y 1918), y le había ganado dos partidas en septiembre, por lo que no dudaba de su triunfo.

Tampoco Capablanca creía en sí mismo, en My Chess Career escribió: “Empecé a jugar con la convicción de que mi adversario era muy superior a mí; conocía todas las aperturas y yo ninguna, conocía profundamente muchas partidas de los grandes maestros, cosas que yo desconocía en absoluto; además había jugado muchos matches, tenía experiencia y todo lo que conlleva, mientras que yo era un principiante”.

¡Qué panorama desolador!, pero como Capablanca escribió en otra ocasión: “De pocas partidas he aprendido tanto como de mis derrotas”.

Así precisamente comenzó el match, las primeras dos partidas fueron ganadas con facilidad por Corzo, “En atención a mi edad estaba de mi parte la simpatía de la mayoría de los jugadores de ajedrez y del público en general por lo que puede concebirse cuál sería la decepción después del comienzo tan desastroso”.

Un rayo de esperanza apareció en la tercera, “que fue tablas, me mostró que también tenía debilidades, lo que me dio el coraje y la confianza necesaria”.

De ahí en adelante hicieron cinco tablas y Capablanca obtuvo las cuatro victorias necesarias para imponerse. Capablanca venció por 4 a 2 y 6 tablas; con el match decidido se jugó una partida más, en la que venció Corzo.

“La victoria me hizo, al menos moralmente, el campeón de Cuba. Tenía doce años. Había jugado sin ningún conocimiento de las aperturas; el match me dio una mejor idea de ellos. Fui más eficiente en el medio juego, y decididamente fuerte una vez que las damas se cambiaban”, concluyó Capablanca.

El resultado trajo gran orgullo a la familia, pero a la vez, influenciados por el hacendado Ramón San Pelayo, temían que el ajedrez le restara tiempo de sus estudios.

El padre de José Raúl no vio con buenos ojos que fuera invitado a un torneo en La Habana a principios de 1902, el joven José Raúl captó las señales contradictorias, jugó el torneo lleno de dudas, y cosechó un fracaso como resultado.

Juan Corzo volvió a ganar el campeonato nacional, 2½ puntos por delante de su hermano Enrique, derrotando dos veces al joven prodigio, que terminó a cuatro puntos.

Capablanca siguió sus estudios en el Instituto de Bachillerato de Matanzas, (situado a 105 Km de La Habana), donde felizmente su maestro fue el Dr. Mateo Fiol y Fuertes, de una vieja familia de aficionados al ajedrez.

Fiol fundó en 1915 el Club de Ajedrez José Raúl Capablanca de Matanzas.

Miguel A. Sánchez relata que: “Gracias a la ayuda de Fiol y a su propio interés y dedicación, Capablanca finaliza de forma brillante sus estudios intensivos de bachillerato sin dejar de realizar algunas partidas”, Capablanca terminó el bachillerato en 1904.

De esta manera el vínculo con el ajedrez continuó, como también siguió la relación de Juan Corzo con Capablanca, posteriormente fundaron la Federación de Ajedrez de Cuba y Corzo fue editor de la revista Capablanca’s Chess Magazine.

Veamos una de las victorias de Capablanca, los comentarios entre comillas son suyos.

Juan Corzo y Príncipe – José Raúl Capablanca
Apertura Vienesa [C25] La Habana (m/8), 06.12.1901
1.e4 e5 2.Cc3 Cc6 3.f4 [“Corzo sabía de mi completa falta de conocimientos teóricos, por lo que trató repetidamente de jugar gambitos de esta clase donde sería difícil para mí encontrar la respuesta correcta.”] 3...exf4 4.Cf3 g5 5.h4 g4 6.Cg5 h6 7.Cxf7 Rxf7 8.d4 d5 [Posteriormente Corzo le informó que la respuesta teórica entonces era 8...d6.] 9.exd5?! [Es más crítico 9.Axf4 jugado posteriormente por Pillsbury.] 9...De7+ 10.Rf2 [“Habíamos jugado esa variante en una partida previa, y Corzo había respondido 10.Ae2 a este jaque. La partida terminó en tablas, pero debí haber ganado. Corzo analizó la posición y le dijo a alguien que debía haber jugado 10.Rf2. Cuando lo supe, también analicé la posición y decidí jugarla de nuevo, ya que creía que las negras debían ganar con la continuación que puse en práctica en esta partida.”] 10...g3+ 11.Rg1 Cxd4! [Capablanca devuelve la pieza para explotar la situación del rey blanco. En caso de 11...Cd8?! 12.Axf4 las blancas tendrían una compensación excelente por la pieza.] 12.Dxd4 Dc5 13.Ce2

13…Db6! [Amenaza 14... Ac5, con lo que quiere forzar el cambio de damas y conseguir que la Ta8 entre en juego.] 14.Dxb6?! [No es mejor 14.Ae3 fxe3 15.Dxh8 Ag7 16.Dh7 y ahora por ejemplo 16...Df6 17.Cxg3 Df2+ 18.Rh2 Cf6 19.Dd3 Cg4+ 20.Rh3 Ce5+ etc. Lo mejor era 14.b4! Axb4 15.Ae3!, si bien las negras siguen con ventaja tras 15...fxe3 16.Dxh8 Af8! 17.De5 Ad6, seguido de ...Cf6, o ...Af5.] 14...axb6 15.Cd4 Ac5 16.c3 Ta4! [Los frutos se ven de inmediato, se amenaza ganar con 17... Txd4 18.cxd4 Axd4.] 17.Ae2 Axd4+ 18.cxd4 Txd4 [El final es muy superior para las negras, dado que pueden poner todas sus piezas en juego con rapidez, mientras que las blancas no.] 19.b3 Cf6 20.Ab2 Td2 21.Ah5+ Cxh5! [El joven Capablanca no desaprovecha la ocasión de pasar al ataque e imponerse con rapidez.] 22.Axh8 f3! 23.gxf3 [23.Ac3? se refuta con la amenaza principal 23...f2+ 24.Rf1 Af5 25.Axd2 Ad3++.] 23...Cf4 24.Ae5 [24.Te1 se castiga con 24...Tg2+ 25.Rf1 Tf2+ 26.Rg1 Ah3 y mate con rapidez, se amenaza 27...Tf1+ y 28...Ce2++, o el orden inverso.] 24...Tg2+ 25.Rf1 Tf2+ 26.Re1 Cd3+ Con esta victoria Capablanca equilibró el tanteador.
0–1

PROBLEMA Nº 437

Solución del Problema Nº 436
Blancas: Rc1, Dd2, Td1, Th1, Ae2, a3, b2, c2, c3, f3 (10)
Negras: Rg7, Df2, Tc8, Ta8, Cc6, a7, b7, d6, e7, f7, g6 (11)
Juegan las blancas
A los 92 años falleció el maestro ucraniano Anatoly Alexandrovich Bannik (Kiev, diciembre de 1921– Kiev, 19 de enero de 2013)
Rival de David Bronstein en su juventud, Bannik fue cinco veces campeón de su país y jugó la final de Campeonato de la URSS en siete ocasiones.
No es muy conocido porque nunca jugó torneos fuera de la URSS, pero dentro de ella era un rival que merecía respeto como lo demuestran sus victorias sobre Spassky, Petrosian, Tal, Korchnoi, Flohr, Furman, Lilienthal, etc.
En la posición del problema las blancas se imponen con un furibundo ataque relámpago, las negras pagan caro la ausencia de su vital alfil de g7.
18.Dh6+ Rf6 19.Df4+! Rg7 20.Th2! [Para que la dama deje de controlar f4, también valía 20.Tdf1.] 20...Dc5 21.Th7+! Rxh7 22.Dxf7+ Rh6 23.Th1+ Dh5 [Claro que ahora a 23...Rg5 seguía 24.f4++] 24.Df4+ Rg7 25.Txh5 gxh5 26.Dg5+ Rf7 27.Dxh5+ [La desventaja material negra no es grande, pero es decisiva la debilidad de su rey.] 27...Re6 28.Dg4+ Rf6 29.Ac4 Cd8 30.Dh4+ Rf5 31.Dh7+ Rf4 32.Dxe7 Rxf3 [O bien 32...Txc4 33.Dh4+ etc.] 33.Dxd6 a6 34.Ad5+ Rg4 35.Df6 Tab8 36.Af3+ Rg3 37.Ae4 Cc6 38.Dg5+ Rf2 39.Dg2+ 1–0
Bannik, A - Korchnoi, V, 21º Campeonato de la URSS Kiev, 1954.

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