Cerro Porteño recuperó su mecánica de movimiento, su propuesta de juego y volvió a plasmar en la cancha el caudal futbolístico que le permitió lograr el objetivo. En esta oportunidad denotó en la cancha una actitud, una conducta totalmente disímil a la observada en Ciudad del Este ante Carapeguá.
Ante un rival de envergadura como indudablemente es Libertad, afloró el amplio concepto del juego colectivo y, esta vez, las buenas individualidades estuvieron al servicio del equipo. Volvieron a funcionar a plenitud las estupendas sociedades Bonet/Corujo, Alonso/Óscar Romero, la distribución racional de Julio dos Santos con un respaldo increíble de un carasucia como Willian Candia que sencillamente hizo olvidar la ausencia de una figura fundamental como Fidencio Oviedo en el esquema azulgrana. En función ofensiva quedó demostrado que el equipo no puede soslayar el aporte de un Ángel Romero que, por desequilibrio, rompió el sistema defensivo de Libertad. Por supuesto, un capítulo aparte para el goleador del equipo, Guillermo Beltrán, quien no marcó, no anotó, pero su experiencia en esta clase de temperatura ayudó al grupo a marcar capacidad de juego siempre.
Lo dicho, no es momento de análisis, es momento de felicitaciones.
bmartinez@abc.com.py
