De acuerdo con el balance energético nacional que publicó el viceministerio en 2014, la producción de energía primera en nuestro país tiene la siguiente composición: 67% hidroenergía y 33% biomasa; sin embargo, la paradoja adquiere ribetes escandalosos cuando cotejamos estos índices con los correspondientes al cuadro del consumo final: biomasa, 44,4%; derivados del petróleo, 37,7% y energía eléctrica, 17,9%.
Señalemos también que la República del Paraguay es propietaria en las dos centrales binacionales (Itaipú y Yacyretá) de 8.500 MW de potencia y de otros 200 MW en Acaray, pero que su demanda aún no alcanza los 3.000 MW.
“Como todos saben, desde octubre de este año, por primera vez en la historia, la República del Paraguay tiene una política energética, una política de Estado, con miras al 2040. Ese trabajo, realizado por indicaciones del presidente Cartes, fue financiado por la Itaipú, ejecutado y coordinado por el Viceministerio de Minas y Energía, en coordinación con la Presidencia”, explicó a su turno el director general paraguayo de la entidad binacional, James Spalding.
“Vemos que es un documento con metas claras, una hoja de ruta que define lo que es ese rumbo hacia el 2040”, añadió sin atender que la “Política...” fue aplicada mediante un simple decreto (N° 6092/16) que difícilmente pueda transponer las fronteras de un período presidencial.
Fariña agregó que la política energética tiene cinco objetivos claves: 1.- garantizar la energía a todos los ciudadanos. 2.- Seguridad energética, utilizando recursos primarios. 3.- Convertir al Paraguay en un centro de integración regional. 4.- Concienciación de la ciudadanía en la utilización de las energías. 5,- Utilización de las fuentes nacionales de energía hidroeléctrica, bioenergías.
