Los Lectores Opinan

Este artículo tiene 13 años de antigüedad
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No creo que alguien pueda convencerme, aun tratándose de un político mago, de la necesidad de aumentar las recaudaciones estatales, si en contrapartida no me demuestra, con hechos, los logros obtenidos con los fondos ya existentes hoy en día. Si no hay claridad en el manejo del bien público, es impensable pedir más dinero al contribuyente. No estoy de acuerdo con una mayor recaudación, pero si con una mejor y honesta administración. Nunca alcanzarán los recursos si estos son despilfarrados descaradamente. Hasta ahora he visto un montón de derroches y algunas obras. Basta ver como los parlamentarios se asignan aumentos, se inventan ventajosos cargos para parientes, amigos o amantes, se sobrefacturan obras y servicios o humildes funcionarios descubran la lámpara de Aladino con la cual se vuelven millonarios terratenientes en un abrir y cerrar de ojos.

Los políticos, que tienen la habilidad de confundir lanzando sus medias verdades a los cuatro vientos en realidad persiguen siempre a Don Dinero y al poder. Lógicamente que sin los mismos, no se pueden llevar a cabo los ilusorios proyectos y las inalcanzables promesas para mejorar la salud, la educación y el nivel de vida de sus conciudadanos. Lastimosamente no piensan en elevar el nivel de vida de otros, sino que el suyo, lo cual solo obtienen accediendo al poder. ¿Cómo lo logran? Eso es harina de otro costal y aquí lo dejo libre a la imaginación del lector.

Por supuesto que los engaños no son exclusiva potestad de los políticos. La diferencia entre los mismos y el ciudadano común, radica en que ellos mienten a los demás para beneficio propio y el ciudadano común se miente a sí mismo en detrimento suyo. Aquí quiero mencionar algunos ejemplos absurdos. Por un lado, quiere que sus casas sean fumigadas y por el otro lado no es proactivo con la limpieza. Teme a los asaltos, pero comete muchas veces imprudencias tan torpes como por ejemplo, chatear o hablar por celular en la calle o en el colectivo, dejar el portón de su casa abierto mientras barre la vereda, contar o retirar dinero ante la vista de alguien, ser descuidado en el manejo de información, dejar objetos de valor en los vehículos, etc. Otros se quejan de la suciedad de los baños públicos, de las calles, de la insalubridad dentro y fuera de los hospitales, etc., y sin embargo, no colaboran en absoluto con cambiar dicha situación.

Por supuesto no debo dejar de incluir a los responsables administradores municipales, que con la supuesta y hasta conmovedora preocupación en cuanto a la seguridad vial, ven o dejan de ver infracciones cometidas tanto por conductores como por constructores.

De todos modos políticos o ciudadanos comunes, representantes o representados jamás podrán refutar sus mentirosas promesas, mientras no sirvan al estado o al prójimo y dejen de servirse del mismo. Incluyo en el cambio, la necesidad de participación efectiva, al dormido e indiferente.

Helga Behage 

Dengue

A todos los que pedían asueto para luchar contra el dengue les digo que usen esta Semana Santa para limpiar al menos el patio de su casa, y sus alrededores. Hay que movilizarse porque cada vez más gente sufre las consecuencias de esta enfermedad, que es nuestra responsabilidad.

Lourdes Campos 

Semana Santa en casa

Es cierto, cada vez nuestro país está mejor organizado en materia de oferta turística y cada vez hay mejores lugares a los que concurrir. Lugares que existían, pero no tenían caminos o eran desconocidos porque no había información suficiente, no sabíamos ni como llegar. Hay lugares para acampar, para hacer turismo de estancia, está la famosa Encarnación, y otros programas cortos para ir a pasear.

Lo que no hay es plata. La gente está cada vez más corta de recursos, porque simplemente la alimentación y el transporte se llevan todos nuestros fondos. Ni siquiera hablo de los que tienen apenas un sueldo mínimo. Hay que apretarse los cinturones y el ocio es lo primero que se corta.

Una simple salida al cine en familia cuesta como mínimo cien mil guaraníes, y eso si no va a acompañada de una cena. Así es que nos volvemos en esclavos que apenas trabajamos para comer y no tenemos ni siquiera derecho al ocio y la diversión. Las playas, las estancias y las sonrisas de los que más tienen las vemos en las revistas.

Lo bueno de quedarse en casa en Semana Santa es que hay menos posibilidades de que alguien nos desvalije.

Andrea López