LOS LECTORES OPINAN

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Toda religión es buena si es para mejorar las costumbres humanas y la normal convivencia. Partiendo de que cada credo es el verdadero para sus creyentes no resulta fácil convencer que, desde la perspectiva racional, hasta ahora no se demostró cuál es el “Mimí” absoluto y verdadero. En lo que se refiere a las formas cada culto corre con sus ritos. Ceñidos a la solemnidad católica, es la comunión el punto culminante en la principal ceremonia cristiana, la misa. Subordinados a dicho gesto nacen otras expresiones como: fulano es de comunión diaria, para dar a entender que solo se espera del mismo, testimonios cuyo brillo de honradez nada envidie al de una patena. Sin embargo, ser tragahostias adquiere otros ribetes de interpretación y en lo despectivo equivaldría al de chupacirios. Utilizar elementos religiosos para calificar negativamente a las personas conlleva el planteamiento de la doble moral. Es la emergencia misma de la añosa cuan desdeñosa interrogante: ¿Quién no te conoce? Ajenos a que el adjetivo sea el sayo justo para algún incoherente, es una linda propaganda en esta época pre electoral, donde el concurso a “quién es más bueno” supera todo lo imaginable en forma y contenido. Promesas del paraíso en la tierra y rostros tan angelicales que reflejan un ataque agudísimo de sospechosa filantropía, en un pare de sufrir votando por mí. Llegándose incluso al extremo de borrarse las arrugas que dan cara de malo, bótox mediante, en ese afán de parecer lo que no se es ante las cámaras.

Y como si todo fuera poco aparece el candidato que parafrasea al nuevo papa, quien también parece estar en esa carrera por ser el más bondadoso del planeta, ambición admirable siempre que todo esto no sea simplemente for export. Ni tragahostias ni chupacirios, nuestros maquillados y bolaterápicos candidatos presidenciales no pueden ser mejor que nosotros, ya que el marco de nuestra realidad lo armaron un rey de bastos, con un caradura y un polizón. Cambalache, kapelú.

Monumento a la impunidad
Francisco Mendolia

Una antena fue construida en Manuel Peña casi Guillermo Garcete, en tiempo récord y a escondidas, en forma precaria, contra todos los reglamentos; comprobada, por cada ente, sobre todo el municipal, que dictó la orden de desmantelamiento en forma inmediata. Pero aún sigue en pie, después de varios meses, con 3 avisos legales de la Municipalidad y telegramas colacionados.

¿De qué sirvió el gran trabajo de los ediles que se comportaron en forma ejemplar, investigando el caso, y todo el personal municipal? Estamos como al principio, todo va a un cajón o un bolsillo. ¿Los dictámenes no están para ser cumplidos, y ejecutados? ¿De qué sirve la ley?

Se construyó sin planos, sin autorización municipal, sin estudio de suelo. Está sobre un techo, se hizo al lado de la medianera de mi casa, sobre un local comercial, rodeada de casas, frente a una plaza con juegos infantiles, sin tener títulos de propiedad en regla del lugar en donde se construyó.

Como indica la ley, se debe proteger a los vecinos. La instalación de torres en espacios privados deberán tener no solo la autorización del propietario del terreno respectivo, sino cumplir con el compromiso asumido con vecinos, alcaldes y agrupaciones sociales, debe haber un proyecto de ley que regula la instalación de antenas celulares.

Al estar todo documentado, y declarando que es totalmente ilegal lo que se hizo, demandando a la empresa a desmantelar inmediatamente, pensaba que se había hecho justicia, pero la justicia de nuevo nos traicionó, esperemos no suceda nada, porque después vamos a intervenir, ver cuántos inocentes murieron, y con cuánto se puede arreglar.

Hipocresía
Iván Sosa

He visto en los diarios y en los noticieros que la gente vivió con mucha religiosidad los ritos de la Semana Santa y me parece bien. Ahora quisiera que todo ese fervor que algunos ponen en estas actividades lo inviertan también en hacer el bien a la comunidad y a su prójimo, y no sea todo parte de un ritual vacío y desde hoy se dediquen de nuevo a pecar.