La Municipalidad de Asunción es un barril sin fondo

Sin duda, lo único que saben hacer el intendente Mario Ferreiro y los concejales es endeudar cada año a la Municipalidad de Asunción para llenar los bolsillos de unos 8.300 funcionarios, contratados y jornaleros. Esta vez, al sancionar por amplia mayoría el Presupuesto de más de 1,5 billones de guaraníes (US$ 255 millones), la Junta Municipal aprobó un aumento del 6,7% sobre el salario mínimo para una multitud de inútiles y pedir prestados de un banco de plaza 65.000 millones de guaraníes, con un interés del 5,8%, para que el sempiterno “déficit temporal de caja” no impida pagar en diciembre los sueldos y aguinaldos. También se emitirán bonos por 50.000 millones de guaraníes, a ser invertidos, teóricamente, en obras de infraestructura. En otras palabras, la Municipalidad se obligará aún más para, sobre todo, mantener satisfechos a los numerosos amigos, parientes y correligionarios que prestarán un buen servicio en las próximas elecciones municipales y en las internas partidarias previas.

Sin duda, lo único que saben hacer el intendente Mario Ferreiro y los concejales es endeudar cada año a la Municipalidad de Asunción para llenar los bolsillos de unos 8.300 funcionarios, contratados y jornaleros. Esta vez, al sancionar el Presupuesto de más de 1,5 billones de guaraníes (US$ 255 millones), con 20 votos a favor y los de Orlando Fiorotto (ANR), Federico Franco (Juntos Podemos) y Álvaro Grau (PPQ) en contra, la Junta Municipal aprobó un aumento del 6,7% sobre el salario mínimo para una multitud de inútiles y pedir prestados de un banco de plaza 65.000 millones de guaraníes, con un interés del 5,8%, para que el sempiterno “déficit temporal de caja” no impida pagar en diciembre los sueldos y aguinaldos. También se emitirán bonos por 50.000 millones de guaraníes, a ser invertidos, teóricamente, en obras de infraestructura.

En otras palabras, la Municipalidad se obligará aún más para, sobre todo, mantener satisfechos a los numerosos amigos, parientes y correligionarios, que prestarán un buen servicio en las próximas elecciones municipales y en las internas partidarias previas. En 2018 consumieron casi 553.000 millones de guaraníes, equivalentes al 60% de la ejecución presupuestaria total, lo que significa que son mejor atendidos que la población asuncena. ¡Lamentable!

La prioridad otorgada por el intendente y casi todos los ediles se evidencia aún más al considerar que ese año lo asignado para “servicios personales” tuvo una ejecución del 95%, mientras que solo se gastó el 22% de lo previsto para “inversión física”, es decir, obras y mantenimiento. Este año ocurrirá algo similar y la historia habrá de repetirse en 2020, por decir lo menos, teniendo en cuenta los antecedentes: si en 2015 el presupuesto ejecutado en “inversión física” equivalió a 27 millones de dólares, y en 2016, a 17 millones, en los dos años siguientes la ejecución llegó a solo 8 millones, de lo que se desprende que la administración municipal se ha vuelto cada vez más incapaz en lo que atañe a la atención de la ciudad. Esto se evidencia en el deplorable estado de las calles, en la falta de aseo y limpieza, en el transporte caótico, y ni hablar de las obras que faltan para mejorar la circulación y el servicio a los asuncenos. Los datos referidos fueron brindados por el edil Julio Ullón (ANR), quien, no obstante, aprobó un Presupuesto tan deplorable.

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La bochornosa ineptitud, cuando de atender las necesidades de los vecinos se trata, se refleja también en que en 2016 y 2017 solo fue ejecutado el 58% de lo que se recaudó con la emisión de bonos, de modo que se pagaron intereses por unos fondos desaprovechados. Es presumible que lo mismo ocurra en 2020, más aún atendiendo que la clientela política municipal estará muy ocupada apoyando las candidaturas de sus padrinos. Ante el desafío electoral en puertas, del que dependerá en buena medida el futuro de tantos prebendarios, no habrá mucho tiempo para bachear calles, recoger basura, limpiar plazas, ordenar el tráfico o atender al público. Los “trabajadores” municipales, por un lado, y los que ocupan cargos electivos, por otro, no tienen entre sí ningún conflicto de interés. Al contrario, los unos actúan de operadores políticos de los otros, a cambio de un salario que sale del bolsillo de los contribuyentes. La contradicción se plantea entre todos ellos y los vecinos que deben financiar un barril sin fondo, sin ninguna contraprestación apreciable.

El Presupuesto aprobado por casi todos los concejales es el fiel reflejo de una miserable alianza contra quienes viven en una ciudad que es inhóspita, debido a la incompetencia, la corrupción y la dejadez de quienes deberían estar a su servicio. Créase o no, la planilla de sueldos de la Junta Municipal, donde existen 24 concejales, registra a más de mil “trabajadores”, la mayoría de los cuales fungen –en el papel– de secretarios, cocineros o pintores. ¿Hacen algo en beneficio de la gente? Solo están para atender ciertas necesidades políticas, de acuerdo al calendario electoral. En otras palabras, viven a costa de los pobladores de Asunción, porque así lo quieren sus “patrones” instalados en cómodos escaños, que les retribuyen con dinero ajeno. Esta es solo una parte del robo perpetrado mediante una política presupuestaria y una gestión aberrantes, acordadas por la Intendencia y la Junta Municipal.

La ciudadanía paraguaya tiene muchos motivos para quejarse del Congreso, pero la asuncena en particular también los tiene –y de sobra– para lamentarse del infortunio que implica soportar a un intendente y a unos ediles que, salvo excepciones, solo descuellan por traicionar a sus mandantes, una y otra vez. En el órgano colegiado municipal no hay oficialistas ni opositores, sino una gran coalición que, de consuno con Mario Ferreiro, hace de la inutilidad, del derroche y de la corrupción un fructífero estilo de Gobierno. Casi nadie protege a los asuncenos de la voracidad de los presupuestívoros, aunque haya toda una Defensoría Municipal, que vegeta en la inoperancia.

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Al referirse a la miserable ejecución presupuestaria, el concejal Ullón dijo que “hace falta un golpe de timón”. En efecto, hace falta y en más de un sentido, salvo que se prefiera continuar un rumbo signado por la calamidad moral e intelectual. Ese golpe solo podrán darlo los asuncenos en los comicios de 2020, pues quienes hoy los representan no tienen ganas ni tiempo para cambiar de actitud. Asunción no necesita de charlatanes ni “escombros”, sino de personas serias que piensen en servir a sus habitantes y no en llenarse los bolsillos.

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