El Acta Bilateral no fue fruto de una casualidad

Aunque la secreta firma de la fallida Acta Bilateral constituyó una desagradable sorpresa para la mayoría de los paraguayos, esa traidora decisión no fue fruto de la casualidad. Desde su primer encuentro con su homólogo brasileño, Jair Bolsonaro, en Itaipú –pese a advertencia de sectores nacionalistas de opinión– el presidente Mario Abdo Benítez decidió aceptar sin ponderación alguna la artera propuesta brasileña pergeñada por Itamaraty como anticipo de su gran estrategia centrada en la revisión del Anexo C del Tratado y la concomitante modificación del mismo. Todo con la finalidad de mantener el statu quo expoliador en una primera fase, para con posterioridad facilitar que Eletrobras privatizada acceda al control del cien por ciento del activo de la usina hidroeléctrica binacional, bajo un modelo comercial basado en el poder de la influencia económica brasileña, convirtiéndola de hecho en una subsidiaria mediante el control absoluto de su operación y la comercialización de la electricidad allí generada.

Aunque la secreta firma de la fallida Acta Bilateral constituyó una desagradable sorpresa para la mayoría de los paraguayos, esa traidora decisión no fue fruto de la casualidad. Desde su primer encuentro con su homólogo brasileño, Jair Bolsonaro, en Itaipú –pese a la advertencia de sectores nacionalistas de opinión– el presidente Mario Abdo Benítez decidió aceptar sin ponderación alguna la artera propuesta brasileña pergeñada por Itamaraty como anticipo de su gran estrategia centrada en la revisión del Anexo C del Tratado y la concomitante modificación del mismo. Todo, con la finalidad de mantener el statu quo expoliador en una primera fase, para con posterioridad facilitar que Eletrobras privatizada acceda al control del cien por ciento del activo de la usina hidroeléctrica binacional bajo un modelo comercial basado en el poder de la influencia económica brasileña, convirtiéndola de hecho en una subsidiaria mediante el control absoluto de su operación y la comercialización de la electricidad allí generada.

La subrepticia firma del Acta Bilateral del 24 de mayo pasado estaba destinada a ser el primer paso hacia la apropiación de facto de la explotación comercial de la central hidroenergética binacional por parte de Eletrobras –la mayor empresa comercializadora de electricidad de Brasil y de la región–, la que para el efecto ya está actualmente en proceso de privatización. Fue de conformidad con esa estrategia diplomático-comercial de aproximación indirecta pergeñada por Itamaraty que inopinadamente, y tras más de una década de normal entendimiento comercial entre ANDE y Eletrobras, esta última pretendió desconocer el acuerdo firmado entre ambas en el 2007 para la contratación de potencia y repartición proporcional de la “energía no garantizada” de tarifa mínima (US$ 4,4/MWh), con expresa prioridad para la ANDE en cuanto al suministro de esta clase de energía.

A raíz del impasse, el entonces presidente de la ANDE, ingeniero Pedro Ferreira, se plantó con firmeza invocando el acuerdo vigente al respecto. Pero Eletrobras no cejó en su empeño, amenazando con interrumpir los pagos a la entidad binacional por la energía retirada, imposibilitando que esta a su vez pudiera honrar sus compromisos financieros, en particular los royalties y compensaciones al Estado paraguayo, críticamente necesitado de tales recursos. Esta amenaza de estrangulamiento económico hizo que cundiera el pánico en el seno de la administración paraguaya del ente, la que se encargó de amplificarlo al pasársela al Presidente de la República y al ministro de Hacienda.

PUBLICIDAD

No sabemos qué directiva concreta recibió el ingeniero Ferreira de parte del presidente Abdo Benítez, al respecto del impasse suscitado, pues se supone que el mismo tuvo que haber solicitado instrucciones sobre el particular, al tiempo de exponer su parecer sobre la cuestión. Solo quedó en claro que en algún momento, y por alguna razón que tuvo que ver con la postura asumida por el hasta ese momento presidente de la ANDE, el Presidente de la República decidió marginarlo de las tratativas con Eletrobras, derivando la responsabilidad de arreglar el asunto al canciller nacional, Luis Alberto Castiglioni, en los términos exigidos por Brasil, tal cual fue redactado, con la expresa instrucción de que el documento fuera mantenido en secreto para evitar la reacción del público.

La reinserción del ingeniero Ferreira en la cadena de los acontecimientos se dio cuando el representante del Ministerio de Relaciones Exteriores en Itaipú, Federico González, le entregó en propias manos la Resolución del Comité de Administración y Operación de los Contratos de Compra y Venta de los Servicios de Electricidad de la Itaipú (Cadop, por sus siglas) que implementaba los acuerdos consignados en el Acta Bilateral, con el ultimátum del presidente Mario Abdo de que lo firmara, o en caso contrario, renunciara. Y ahí ardió Troya. El ingeniero Pedro Ferreira se negó a convalidar el proyecto de resolución del Cadop. Y renunció, destapando el caldero de la discordia, cuyo pestilente tufo enervó el ánimo de la gente al conocerse los entretelones de la vil entrega de filones críticos de alto interés económico para el país en la entidad binacional, a cambio de nada en compensación.

Aunque no tiene sentido especular acerca de lo que pudo haber sido y no fue, no puede negarse que la patriótica y digna actitud del ingeniero Ferreira indirectamente no solo salvó a la nación de la humillación y del tempranero despojo de sus derechos en Itaipú (al menos por el momento), sino que también salvó a los consumidores paraguayos de electricidad de un feroz aumento, como el registrado en el 2017, por negligencia del entonces presidente de la ANDE, ingeniero Víctor Romero, quien en el año anterior no retiró suficiente energía barata a la que la ANDE tenía derecho.

PUBLICIDAD

La abrogación del Acta Bilateral de referencia no ha sido suficiente para impedir que en el ánimo de la ciudadanía subsista la inquietud de que en el futuro el Gobierno del presidente Mario Abdo Benítez pueda de nuevo intentar salirse con la suya renunciando al mandato de asumir en nombre del Estado paraguayo la propiedad de la mitad del activo de la usina hidroeléctrica de Itaipú, con todos los derechos inherentes a esa condición societaria básica.

Dígase lo que se diga, en un país más serio que el nuestro, la ejemplar actitud de responsabilidad y patriotismo demostrada por el ingeniero Pedro Ferreira no hubiera merecido ningún destaque, por tratarse de lugar común de responsabilidad de todo funcionario, pero en este “paraíso de gánsteres” en que actualmente se ha convertido el Paraguay, su hombría de bien es significativa y ojalá sirva de ejemplo para otros servidores públicos. Nuestro país necesita imperiosamente reverdecer la moral, como lo hicieron preclaros gobernantes del pasado.

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD