Gobierno incompetente pide más sacrificios

Corroborando rumores a los que no queríamos dar crédito, el Gobierno resolvió retrotraer la cuarentena a prácticamente fase cero en Alto Paraná, donde vive un millón de personas, mientras estudia mantener en fase 3, o incluso volver atrás, a Asunción y Central, donde se concentra más de un tercio de la población. Estas medidas son insostenibles, peligrosas para la estabilidad del país y, por tanto, inaceptables. Nadie en Paraguay está en contra de tomar precauciones, de monitorear el desarrollo de la enfermedad, de ajustar los protocolos sanitarios cuando se requiera, de destinar todos los recursos que sean necesarios a la salud pública, pero es intolerable que después de cinco meses de durísimo sacrificio ciudadano, el ministro Julio Mazzoleni y su jefe Mario Abdo Benítez nos vengan alegremente a decir que están “saturados” en Alto Paraná, donde hay quince internados con covid, nueve en sala común y seis en terapia intensiva. ¿Qué hicieron durante cinco meses? ¿Quién asume las responsabilidades?

Corroborando rumores a los que no queríamos dar crédito, el Gobierno resolvió retrotraer la cuarentena a prácticamente fase cero en Alto Paraná, donde vive un millón de personas, mientras estudia mantener en fase 3, o incluso volver atrás, a Asunción y Central, donde se concentra más de un tercio de la población. Combinadas, las restricciones afectan directamente a la mayoría de los habitantes de la República e, indirectamente, a todos. O a casi todos, ya que muchos de los burócratas que toman y apoyan estas decisiones, y otros que, como ellos, viven cómodamente del Estado o a costa del Estado, seguramente creen que no tienen de qué preocuparse. Pues bien, hasta aquí la paciencia. Estas medidas son insostenibles, peligrosas para la estabilidad del país y, por lo tanto, inaceptables.

Nadie en el Paraguay está en contra de tomar precauciones, de monitorear el desarrollo de la enfermedad, de ajustar los protocolos sanitarios cuando se requiera, de destinar todos los recursos que sean necesarios a la salud pública, pero es intolerable que después de cerca de cinco meses de durísimo sacrificio ciudadano, el ministro Julio Mazzoleni y su jefe Mario Abdo Benítez nos vengan alegremente a decir que están “saturados” en Alto Paraná, donde hay quince internados con covid, nueve en sala común y seis en terapia intensiva.

¿Qué hicieron durante cinco meses? ¿Quién asume las responsabilidades? El Presidente de la República ya tuvo la caradurez de desautorizar las críticas de los paraguayos con la infeliz expresión de que aquellos que cuestionan “nunca apoyaron una olla popular”, como si los 1.600 millones de dólares que el pueblo puso en sus manos por encima del presupuesto fueran suyos. Lo que Marito debe responder a la sociedad es qué hizo con ese dinero, cómo es posible que, habiendo tenido los recursos y el tiempo para afrontar la emergencia, estemos poco menos que igual que al principio.

Si el Gobierno hubiese actuado con honestidad y eficiencia, a estas alturas ya no habríamos tenido que estar en cuarentena, estaríamos preparados para retomar nuestras vidas y desarrollar nuestras actividades con cierta normalidad, habría bastado con adoptar normas preventivas para reducir en lo posible el ritmo de contagios y tratar de evitar que aumenten desmedidamente los casos graves y las lamentables muertes.

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Si se hubieran invertido 1.600 millones de dólares en salud pública en vez de rifarlos en subsidios ínfimos e intrascendentes –que sirven poco y nada a la gente y no tienen ningún retorno para el país–, y en cubrir gastos fijos del Estado, incluyendo sueldos a funcionarios que ni siquiera se están yendo a trabajar, pero que cobran religiosamente, entonces hoy tendríamos hospitales modelo, suficientes camas de terapia intensiva, abundantes insumos, kits de pruebas para testear a toda la población cuantas veces sea necesario, lo cual habría permitido aislar a los enfermos, no a los sanos.

Pero este Gobierno incompetente castiga a los inocentes para encubrir a los culpables. Antes que actuar con el patriotismo y la celeridad que las circunstancias demandaban, no faltaron los que quisieron aprovecharse para medrar con el dinero público, sin que hasta el momento haya un solo funcionario procesado por ello, apenas algunos sumariados de segundo y tercer rangos.

En cinco meses el Ministerio de Salud Pública ejecutó apenas 7 millones de dólares de los 600 millones (¡el 1,1%!) que supuestamente se iban a poner a su disposición con la ley de emergencia, y que ya se utilizaron en cualquier otra cosa. Quienes tendrían que rendir cuentas por ello, o cuando menos pedir disculpas, son los mismos que pretenden ahora como si nada exigir más esfuerzos y renunciamientos a las fuerzas vivas del sector privado.

El objetivo de la cuarentena nunca fue no enfermarse, sino prepararse para ir a la guerra contra la enfermedad. Cinco meses después, la única estrategia que nos ofrecen Marito y sus “capitanes” es mantenerse en los cuarteles. Menos mal que no fueron ellos los comandantes en otras horas aciagas de nuestra nación, porque de esa manera jamás habríamos defendido el Chaco.

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Tal parece que nuestras máximas autoridades no tienen real consciencia de la magnitud de la crisis y de lo explosiva que es esta situación. Nos preguntamos si Marito le prestó atención al informe del Banco Central que proyecta la peor recesión económica desde que se tienen registros, en los últimos 70 años. Las cuentas nacionales se desmadraron, la deuda pública trepará al 35% del PIB, el déficit al 7%; volver a un relativo equilibrio llevará varios años de duros ajustes en el mejor de los casos, y la impresión es que no sirvió para nada. Cientos de miles se quedaron sin empleo, la retracción del consumo está ahogando a miles de empresas de todos los tamaños, tanto en el sector formal como en el informal, la gente vive atormentada por la falta de ingresos y el aumento de la inseguridad, y ya que el Gobierno menciona las ollas populares, todos los días llegan a nuestra redacción los penosos testimonios de quienes intentan sostenerlas y se ven obligados a reducirlas o cerrarlas porque ya no cuentan ni con lo más elemental.

Ante esto, en vez de presentar opciones sensatas y factibles que impulsen al Paraguay a ponerse en marcha y a retomar la senda del desarrollo, este Gobierno timorato e incapaz ofrece “Pytyvõ 2.0” como gran solución, una gota en el océano, y nos pide que nos encerremos atemorizados mientras observamos el descalabro del país. No. Lo de Alto Paraná ya es un despropósito y no dejar avanzar a Asunción y Central sería catastrófico. La sociedad no lo debe permitir.

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