Por qué los “antivacunas” no tienen razón

El ritmo de vacunación contra el covid-19 se ha estancado peligrosamente en el país. Se termina noviembre con el 45% de la población con al menos una dosis, entre los porcentajes más bajos en América. Hay lotes de valioso material biológico que están punto de vencer y los vacunatorios permanecen mayormente vacíos. Parte del problema es de gestión. Pero parte se debe a que un sector no quiere vacunarse por temor o por convicciones. En una sociedad libre, cada quien puede pensar como le parezca y expresarlo. Dicho esto, la abrumadora evidencia científica y los resultados en la práctica claramente demuestran que están equivocados.

El ritmo de vacunación contra el covid-19 se ha estancado peligrosamente en el país. Se termina noviembre con el 45% de la población con al menos una dosis, entre los porcentajes más bajos en América, frente al 41% a fines de octubre y 38% a fines de septiembre. Hay lotes de valioso material biológico que están punto de vencer y los vacunatorios permanecen mayormente vacíos. Parte del problema es de gestión. El Gobierno responde con una tardía campaña de promoción, cuando debió ser mucho más proactivo para llevar las vacunas a la gente y no esperar lo opuesto. Pero parte se debe a que un sector no quiere vacunarse por temor o por convicciones. En una sociedad libre, cada quien puede pensar como le parezca y expresarlo. Dicho esto, la abrumadora evidencia científica y los resultados en la práctica claramente demuestran que están equivocados.

En el mundo ya se han aplicado casi 8.000 millones de dosis de las distintas variedades de vacunas aprobadas contra el covid y, salvo casos sumamente aislados que han merecido todos los estudios de rigor, dentro de parámetros absolutamente normales y esperables, no han provocado las apocalípticas consecuencias que vaticinan sus detractores. Lo que prueba la ya amplia experiencia empírica es que la vacunación es efectiva. La enorme mayoría de los vacunados no se ha contagiado. Hay un porcentaje que sí lo ha hecho, pero solo una mínima parte se ha enfermado gravemente y, muy esporádicamente, ha fallecido, generalmente por complicaciones relacionadas con otras patologías.

En contrapartida, los diversos estudios que se están realizando a nivel mundial, como los divulgados recientemente por la agencia CDC de Estados Unidos (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) y el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de ese país, indican que el 95% de los nuevos casos, el 93% de las internaciones y el 99% de las muertes corresponden a personas no vacunadas. Con pocas diferencias no sustanciales, la misma tendencia se observa en Paraguay.

El patrón se refleja notoriamente en las estadísticas globales. En este momento hay un rebrote de contagios en países desarrollados, lo que era previsible debido a tres factores: 1) a que, justamente, no toda la población está vacunada, 2) a la aparición de nuevas cepas más agresivas por la mutación natural del virus, y 3) a la llegada del otoño e invierno boreales, que son las temporadas más propicias para la propagación de infecciones respiratorias. Sin embargo, la cifra proporcional de fallecimientos se ha reducido drásticamente en relación con la época anterior a la vacunación masiva.

Tomemos como ejemplos dos países donde se está produciendo una fuerte nueva oleada, Reino Unido y Alemania, en los que el promedio de casos diarios se ha elevado a 615 y a 609 por millón de habitantes, respectivamente, no muy por debajo del pico máximo que alcanzó allí la enfermedad a principios de 2021. Las muertes reportadas, en cambio, son de 2,16 por millón en el Reino Unido frente a 18,2 por millón en enero y 2,4 por millón en Alemania frente a 8,99 a principios de año.

En relación con enero/febrero de 2021, el ratio de muertes por cantidad de infectados en la mayoría de los países desarrollados ha bajado en una proporción de diez a uno, es decir, en esa época los enfermos de covid tenían diez veces más probabilidades de morir que ahora, aun cuando actualmente existen cepas más mortíferas. La obvia diferencia es que en aquel entonces la vacunación era muy incipiente, mientras que ahora alcanza a más del 70% de la población en el hemisferio norte.

En Paraguay, trágicamente, la vacunación masiva recién comenzó en julio, cuando se logró extender la inmunización básica del 10,4% al 31,5% de la población. Debido a esta desafortunada realidad, nuestro país ocupó durante varias semanas, entre mayo y junio, los primeros lugares en el mundo de decesos diarios por millón de habitantes, con un pico de 19 por millón, unos 150 por día. Con la vacunación, los fallecimientos por fin cayeron consistentemente a 2,8 por millón a mediados de agosto, con una nueva repuntada a 6,1 a principios de septiembre, y a 0,46 en la actualidad. Sin embargo, la tardanza en la inmunización es la causante de que hoy tengamos que lamentar más de 16.500 muertes por covid, cuando el promedio nacional de defunciones no llega a las 30.000 anuales. La experiencia mundial indica que, de haber sido vacunados a tiempo, miles de ellos se habrían salvado.

Los movimientos “antivacunas” no son nuevos. Surgieron organizadamente hace 150 años en Inglaterra en contra del todavía novedoso descubrimiento de que era posible inducir a nuestro organismo a generar anticuerpos específicos. Lo cierto es que pocas cosas desde entonces han tenido tanto impacto en la expectativa y la calidad de vida esta y otras especies. Gracias a las vacunas se erradicó la viruela y se controlaron la rabia, la tuberculosis, la fiebre amarilla, la difteria, el tétanos, la poliomielitis, la meningitis, la hepatitis B y tantas otras enfermedades que causaron tremendos estragos en la humanidad.

Así como hay personas que no admiten transfusiones de sangre o trasplantes de órganos, así hay quienes no se quieren ni querrán vacunar contra el covid. Más allá de la discusión constitucional de si están o no en su derecho, y probablemente lo estén, la sociedad en su conjunto debe tener en cuenta que, si se produce una nueva gran ola, como ha pasado en otros sitios, algo menos de la mitad de los habitantes del país están hoy parcial o totalmente protegidos. Probablemente no se contagien o no se enfermen gravemente. Pero la otra mitad no lo está y sigue expuesta a un alto riesgo.

Enlance copiado

Lo
más leído
del día

01
02
03
04
05