Un papelón deportivo que deja mal parado a nuestro país

A pedido de veinte de los representantes de 45 países intervinientes, los organizadores de los Juegos Mundiales de Patinaje 2026, celebrados en Asunción, se vieron forzados a cancelar tres de las pruebas programadas, debido al mal estado del asfalto de la Avenida Costanera. A tanto llegó la irritación que patinadores de varios países realizaron allí una “sentata” de protesta. Según el delegado colombiano, esta ha sido “la primera vez en la historia” de dichas competiciones que se anulan unas pruebas (que al final fueron reprogramadas). Un participante chileno habló incluso de una “falta de respeto” a deportistas profesionales, agregando que es triste que, a última hora, a los organizadores se les haya antojado “asfaltar una calle que no cumple con ninguna condición de seguridad para una copa del mundo”. Es más, el metraje del circuito no sería el que correspondía. Sostuvo que “hace un año que tenían información y nunca debieron aceptar”. Son comentarios lapidarios para la dirigencia deportiva local involucrada. Probablemente costará reparar el daño causado, por lo que debe hacerse el máximo esfuerzo para evitar papelones como este en el futuro.

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En el pasado se suspendió un partido en Pedro Juan Caballero, correspondiente a una Copa América que se jugaba en nuestro país, debido a una fuerte neblina que se abatió sobre esa ciudad a la hora del juego. El caso llamó la atención de los medios internacionales que cubrían el evento, pero se debió exclusivamente a un fenómeno natural y no afectó la imagen de nuestro país. En esta ocasión, y debido a graves desidias o negligencias de autoridades deportivas locales, el Paraguay como anfitrión no quedó muy bien parado.

A pedido de veinte de los representantes de 45 países intervinientes, los organizadores de los Juegos Mundiales de Patinaje 2026, celebrados en Asunción, se vieron forzados a cancelar tres de las pruebas programadas, debido al mal estado del asfalto de la Avenida Costanera. A tanto llegó la irritación que patinadores de varios países realizaron allí una “sentata” de protesta. Según el delegado colombiano, esta ha sido “la primera vez en la historia” de dichas competiciones que se anulan unas pruebas (que al final fueron reprogramadas). Un participante chileno habló incluso de una “falta de respeto” a deportistas profesionales, agregando que es triste que, a última hora, a los organizadores se les haya antojado “asfaltar una calle que no cumple con ninguna condición de seguridad para una copa del mundo”. Es más, el metraje del circuito no sería el que correspondía. Sostuvo que “hace un año que tenían información y nunca debieron aceptar”. Son comentarios lapidarios para la dirigencia deportiva local involucrada.

La bochornosa preparación del evento estuvo a cargo de la federación internacional World Skate y el Comité Olímpico Paraguayo, con el respaldo de la Secretaría Nacional de Deportes, siendo evidente que la mayor responsabilidad recae sobre el comité presidido por el excandidato a intendente de Asunción, Camilo Pérez. Habría sido de esperar que tuviera el buen tino de pedir permiso para dejar de ejercer la presidencia, mientras se abocaba a su campaña electoral; no lo hizo entonces, descuidando las exigencias de los juegos mundiales referidos, con el resultado además de que no ganó la Intendencia y convirtió a Asunción en el escenario de un fiasco internacional.

No se trató de un emprendimiento estrictamente privado, sino de uno al que se han destinado fondos públicos que al parecer fueron muy mal invertidos, según surge de los testimonios de los atletas visitantes. La decisión adoptada, a instancias de ellos, respondió nada menos que a preservar su seguridad. Aparte de avergonzar al país, al no ponerse la sede en condiciones, se ha malgastado el dinero de los contribuyentes por desidia o ineptitud. Además del Comité Olímpico Paraguayo, también la Secretaría Nacional de Deportes debería dar cumplidas explicaciones a la ciudadanía. Por de pronto, la Municipalidad de Asunción y el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones se lavan las manos, culpándose mutuamente –como ocurre con frecuencia en casos como estos– del deplorable estado de la Avenida Costanera, como si hubiera sido muy difícil delimitar las respectivas competencias.

Se espera que los culpables de la vergüenza colectiva se abstengan de volver a organizar eventos internacionales, para que no vuelvan a empañar la imagen del país ni a tirar por la borda el dinero de todos, causando una justificada indignación. En el manejo de los fondos públicos, hay que prevenir tanto la corruptela como la chapucería, que resulta muy costosa en más de un sentido.

Después de esta lamentable experiencia, habrá que pensarlo dos veces antes de lanzarse a organizar otros eventos internacionales, sin disponer de recursos humanos que estén a la altura de tales emprendimientos. Que el bochorno padecido sirva de lección: la entidad que asume la responsabilidad de organizar un evento de gran envergadura con dinero público debe asegurarse de que sus directivos se ocupen de ello con plenitud, sin desviarse hacia objetivos personales. Camilo Pérez ignoró sus obligaciones y puso en serio entredicho la aptitud de nuestro país para organizar una competencia atlética o deportiva internacional. Probablemente costará reparar el daño causado, por lo que debe hacerse el máximo esfuerzo para evitar papelones como este en el futuro.