Indecoroso manoseo de la política exterior

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Importantes sedes del servicio exterior del Paraguay se encuentran vacantes desde hace un largo tiempo, debido a cuestiones de índole meramente política o a discrepancias entre los poderes Ejecutivo y Legislativo. Un legislador explicó que existen candidatos, tanto políticos como profesionales de carrera, pero que no desean ser designados embajadores ya que al actual gobierno le queda solo un año de gestión, y no quieren comprometerse, a sí mismos o a sus familias, viéndose forzados a retornar al país una vez que se produzca el cambio de administración, que es cuando el botín del Estado vuelve a repartirse a manos llenas entre los socios y amigotes de los nuevos mandamases. Nefasto “comercio” de cupos y cargos que, desgraciadamente, también involucra a importantes puestos en embajadas y consulados.

Destacadas sedes del Servicio Exterior de la República, entre las que se encuentran las de Uruguay, Bolivia y Rusia, se encuentran vacantes desde hace ya largo tiempo, debido a cuestiones de índole meramente política o a discrepancias entre los poderes Ejecutivo y Legislativo en torno al perfil de los candidatos a ocupar cargos de embajador. Debido a esta situación, el Paraguay está proyectando al mundo una imagen de escasa seriedad.

De acuerdo con explicaciones ofrecidas por uno de los miembros de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara Alta, el senador Alberto Grillón, las dificultades para cubrir las representaciones diplomáticas en Australia, Bolivia, Perú, Uruguay, Rusia, Indonesia, Líbano y Marruecos se originan en dos circunstancias específicas.

Por un lado, existen candidatos, tanto políticos como profesionales de carrera, que no desean ser designados embajadores puesto que al actual gobierno solo le resta un año de gestión, y no quieren comprometerse, a sí mismos o a sus familias, viéndose forzados a retornar al país una vez que se produzca el cambio de administración, que es cuando el botín del Estado vuelve a repartirse a manos llenas entre los socios y amigotes de los nuevos mandamases de turno. Nefasto “comercio” de cupos y cargos que, desgraciadamente, también involucra a importantes puestos en embajadas y consulados.

Otro aspecto, de no menor importancia, lo constituye el lamentable hecho de la injerencia del factor político en el ámbito del servicio exterior. “Hay que comprender que no es un año fácil, porque es un año electoral”, lo graficó sumariamente el parlamentario citado.

Ahora bien, la protección de los intereses del Estado en el exterior y la asistencia a los connacionales que viven a lo largo y ancho del mundo deben ser PERMANENTES, y de ninguna manera pueden estar supeditadas a las contingencias de la politiquería doméstica, a las diferencias circunstanciales entre poderes del Estado y, mucho menos aún, al truculento deporte del toma y daca con el que nuestra contaminada clase política suele ocuparse en manejar los asuntos más cruciales del país, sometiendo todo a un vulgar intercambio de favores y tráfico de influencias.

En el caso del Brasil, el Paraguay se tomó tres largos años en designar a un embajador ante la sede diplomática en ese país, seguramente la más importante de todo nuestro servicio exterior. En Bolivia, una nación vecina, no hay jefe de misión casi desde el inicio de la presente administración. La última representante paraguaya en el Uruguay, socio nuestro en el Mercosur, fue despedida de un día para el otro por reyertas políticas al interior de la alianza gobernante.

En Rusia, país con el que mantenemos un creciente intercambio comercial, merced a la exportación de carne, y con cuyo gobierno se negoció durante largos años para que abriera una representación diplomática en Asunción, tampoco tenemos embajador desde hace prácticamente un año.

¿Es este un manejo serio de la política exterior de un Estado? Ciertamente que no. ¿Cómo le explicamos al mundo que nuestro Gobierno no es capaz de lograr acuerdos para nombrar a sus representantes porque nuestra clase política se comporta como una tribu cavernaria, imposibilitada de consensuar asunto tan sensible para el país, como es la defensa en el mundo de nuestros intereses nacionales?
Lo peor de todo es que este comportamiento irresponsable se atribuye en el exterior al país todo y a sus habitantes. Es el nombre del Paraguay el que es sometido a escarnio por culpa de una dirigencia inmadura y camorrera.

Por una parte, es responsabilidad del Poder Ejecutivo designar a personas de criterio y profesionalmente solventes para ejercer nuestra representación en el servicio exterior. Para ello, se debe privilegiar a los cuadros profesionales del Ministerio de Relaciones Exteriores. Pero por la otra es menester que el Congreso actúe con sensatez, facilitando el acuerdo constitucional para la designación de embajadores sin convertir este mecanismo constitucional en una suerte de extorsión para acceder a favores indebidos por parte de la Presidencia.

Urge que los paraguayos formulemos una verdadera política exterior de Estado con objetivos firmes y continuidad en el tiempo, tal como existe en países serios y previsibles. Precisamos una política exterior que garantice al mundo que el Paraguay actúa y se comporta como un todo, con voz propia y personalidad bien definida. Es la única forma de ganarnos el respeto de la comunidad internacional y, por sobre todas las cosas, de lograr una efectiva y real promoción de los altos intereses de la República.