Inoperancia municipal

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Lo que parece, cuando se observa el caos del movimiento de automotores en las calles de Asunción, es que la Municipalidad capitalina carece de Dirección de Tránsito, o que su director no tiene idea acerca del trabajo por el que se le paga para hacer. Y también parece que el intendente Arnaldo Samaniego se transporta en helicóptero, de modo que no ve ni siente en carne propia lo que todos los demás asuncenos padecemos diariamente. Hay varios problemas que hacen casi imposible moverse dentro de la ciudad, problemas que, en realidad, no son de tanta envergadura y muchos de los cuales podrían resolverse con intervenciones rápidas y sencillas. Con soluciones expeditivas y baratas, por ejemplo, podrían evitarse colas y embotellamientos interminables y enojosos, así como reducir significativamente los múltiples riesgos de accidentes. Da tristeza e indignación la inoperancia municipal en la capital de la República.

Lo que parece, cuando se observa el caos del movimiento de automotores en las calles de Asunción, es que la Municipalidad capitalina carece de Dirección de Tránsito, o que su director no tiene idea acerca del trabajo por el que se le paga para hacer. Y también parece que el intendente Arnaldo Samaniego se transporta en helicóptero, de modo que no ve ni siente en carne propia lo que todos los demás asuncenos padecemos diariamente.

Hay varios problemas que hacen casi imposible moverse dentro de la ciudad, problemas que, en realidad, no son de tanta envergadura y muchos de los cuales podrían resolverse con intervenciones rápidas y sencillas. Con soluciones expeditivas y baratas, por ejemplo, podrían evitarse colas y embotellamientos interminables y enojosos, así como reducir significativamente los múltiples riesgos de accidente que se presentan a cada minuto para la gente que se mueve de un punto a otro de nuestra capital.

Es perfectamente posible y fácil relevar esos puntos conflictivos de la ciudad, realizar un proyecto para ir removiéndolos y ejecutarlo gradualmente, uno por uno, y en pocos meses se tendrían resultados satisfactorios. El propio director de Tránsito de la Municipalidad de Asunción, Aristides Morales, podría tomar su auto y decirle a su chofer que maneje por las avenidas de gran circulación, en horas pico, mientras él mismo va tomando nota de lo que observa. Si es un profesional capacitado para el cargo que le dieron, le será sumamente fácil la tarea.

Existen áreas completamente abandonadas a su suerte, como por ejemplo las que rodean a colegios y universidades, donde rige la ley de la selva y cada quien estaciona donde le place, por el tiempo que necesite, en doble y triple fila. En la zona de influencia de los colegios privados más concurridos, como el Goethe, por ejemplo, es cosa de todos los días que nadie pueda transitar, avanzar ni retroceder sino corriendo riesgos y desgastando los nervios.

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Los cruces de las grandes avenidas, por ejemplo el de Aviadores del Chaco y Mme. Lynch, y el de esta con Santa Teresa, a toda hora presentan unos embotellamientos formidables y un congestionamiento difícil de creer para quienes no tienen que sufrirlos. Pero nada de esto parece importarle un bledo a la Municipalidad. ¿Pasarán alguna vez por allí el intendente capitalino y su director de Tránsito?
Otras intersecciones de esa zona, actualmente tan poblada y transitada de Asunción, están plagadas de conflictos que podrían resolverse con instalar un semáforo, por decir algo, o poner a policías de tránsito a trabajar, por lo menos un par de horas en los picos de tráfico. Esto no constituye demasiado esfuerzo ni inversión de recursos para un organismo que tiene más de ocho mil funcionarios y contratados en sus planillas.

Las avenidas de esa zona, como Aviadores del Chaco, Primer Presidente, Santísima Trinidad, Molas López, Santa Teresa, la calle Dr. Bernardino Caballero y otras perpendiculares muy utilizadas, tienen que ser intervenidas con ampliaciones, retiros de columnas, recortes de ochavas, construcción de dársenas y, sobre todo, semáforos inteligentes o coordinados. Un caso típico de esta clase de inconvenientes es el que se encuentra al intentar ingresar a esas avenidas para dirigirse al centro de la ciudad.

Ni siquiera la tan necesaria prohibición de doblar a la izquierda en las avenidas de gran circulación puede poner en ejecución la autoridad comunal. Puede parecer ridícula tanta inutilidad, pero es una realidad que golpea diariamente en el rostro de los asuncenos.

La responsabilidad por esta completa ineptitud para encarar y resolver algunos de los numerosos e inmensos problemas de tránsito en Asunción es directa para el intendente y su director de Tránsito, e indirecta para otras direcciones municipales, alcanzando inclusive a otros organismos públicos, como la ANDE, que con sus columnas clavadas en los bordes y vértices de las veredas crean uno de los obstáculos más difíciles de salvar para las ampliaciones de calzadas y para la reforma de las ochavas que son tan necesarias.

Sería muy útil para el éxito de su gestión que, al menos una vez a la semana, el intendente y su director de Tránsito circulen por las vías de la ciudad, a la hora en que entran o salen los estudiantes de los colegios y universidades, para sufrir en carne propia algo de lo que padecen los demás. Esta experiencia les va a ayudar a entender lo que hasta ahora parecen no comprender: que tienen sobre sus espaldas la misión de resolver los problemas diarios de la ciudad para la cual el intendente se hizo elegir administrador y por cuyos cargos ambos ganan una envidiable cantidad de dinero.

En cuanto al director de Tránsito de la Municipalidad de Asunción (como los de otras localidades con alta densidad vehicular), no debería estar más de media hora al día en su oficina; tendría que pasarse la jornada laboral en las calles, avenidas y estacionamientos, tomando nota de qué debe hacer, dónde debe intervenir, a qué horas y en cuáles días, para remover los obstáculos que va a ir relevando diariamente. Un director de Tránsito tomando tereré en su oficina, disfrutando plácidamente del fresco, no le puede servir de nada a ninguna ciudad; sería mejor suprimir el cargo y ahorrar las remuneraciones y costos de operación de sus oficinas.

Da tristeza e indignación la inoperancia municipal en la capital de la República del Paraguay. Si el intendente Samaniego pretende que se lo reelija, o al menos que se lo recuerde bien, debería mostrar mucho más interés por la ciudad que tiene la responsabilidad de administrar.