Los ladrones al ataque a la República

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Senadores cartistas, llanistas y un luguista solicitaron ayer la convocatoria de una sesión extraordinaria del Senado para hoy a las 8:00 a fin de que estudie un proyecto de resolución por el cual se modifican artículos de su Reglamento interno, no mencionados por los peticionantes. El fin único y último de esta presentación sería que se abra la posibilidad de que posteriormente se trate sobre tablas al malhadado proyecto de enmienda constitucional en el momento en que se lo presente, sin previo dictamen de una comisión asesora permanente. En otras palabras, que cuando los conspiradores contra la Constitución Nacional reúnan los 23 votos necesarios, se trate de inmediato la cuestión, no sea que algún senador dubitativo cambie la dirección de su voto en el tiempo que suele transcurrir entre la presentación de un proyecto y su tratamiento en la plenaria. Esta iniciativa implica que los confabulados se aprestan a dar el golpe final contra la Ley Suprema, sin más dilaciones. Cabe recordar que es nula cualquier autoridad que surja de un procedimiento violatorio de la Constitución, y ella no solo habilita a los ciudadanos y ciudadanas a no reconocerla, sino a oponerse a los usurpadores.

Los senadores cartistas Mirtha Gusinky, Juan Darío Monges, Gustavo “Pipo” Alfonso, Derlis Osorio, Óscar González Daher, Víctor Bogado y Lilian Samaniego; los llanistas Enzo Cardozo, Zulma Gómez y Ramón Gómez Verlangieri, y el luguista Carlos Filizzola solicitaron ayer la convocatoria de una sesión extraordinaria de la Cámara de Senadores para hoy a las 8:00, con el fin de que ella estudie un proyecto de resolución por el cual se modifican artículos de su Reglamento interno, no mencionados por los peticionantes. El fin único y último de esta presentación sería que se abra la posibilidad de que posteriormente se trate sobre tablas el malhadado proyecto de enmienda inconstitucional en el momento en que se lo presente, sin previo dictamen de una comisión asesora permanente. En otras palabras, que cuando los conspiradores contra la Constitución Nacional reúnan los 23 votos necesarios, se trate de inmediato la cuestión, no sea que algún senador dubitativo cambie la dirección de su voto en el tiempo que suele transcurrir entre la presentación de un proyecto y su tratamiento en la plenaria.

Esta iniciativa implica que los confabulados se aprestan a dar el golpe final contra la ley suprema, sin más dilaciones. Como ya habrían conseguido los votos necesarios, ahora están apurados para consumar de inmediato el atropello, una vez que la sesión extraordinaria efectúe la modificación reglamentaria propuesta. Quieren liquidar de una vez por todas la cuestión y sorprender a la ciudadanía con un hecho consumado. Es evidente que los coaligados por la sed de poder quieren asestar un súbito mazazo para burlar la capacidad de reacción de los defensores de la Constitución.

Así que, ciudadanos y ciudadanas, ya sabemos a qué atenernos. Lo que está en marcha es un complot contra el ordenamiento jurídico, y no sería de extrañar que hoy mismo fuercen una sesión extraordinaria bajo la égida del vicepresidente del Senado, Julio César Velázquez, sin que haya sido convocada por el presidente en pleno ejercicio, Robert Acevedo. Este dispone de cuarenta y ocho horas para convocarla, según el art. 184 de la Constitución, de modo que mal podrían los senadores reunirse antes de que venza dicho plazo si el responsable de ese cuerpo legislativo no convoca a sesión. Sin embargo, como los conjurados parecen dispuestos a todo, la opinión pública no debería sorprenderse si hoy se consuma este primer atraco para que seguidamente se consume el segundo y principal, en contra del art. 290, que prohíbe el procedimiento de la enmienda para aprobar la reelección.

Cabe llamar la atención sobre la mala fe de esta presentación, pues los senadores proyectistas solicitaron que la sesión extraordinaria se realice ya hoy, a sabiendas de que el presidente de la Cámara Alta puede convocarla para mañana. Evidentemente, están de pronto muy urgidos y con el ímpetu suficiente para vencer cualquier obstáculo, con tal de imponer sus perversos designios.

Es preciso que la ciudadanía se manifieste en defensa del orden constitucional, y les haga saber claramente a quienes intentan vulnerarla que no se saldrán tan fácilmente con la suya. Como en el mundo físico, también en el político a toda acción corresponde una reacción, que en este caso solo puede ser la movilización ciudadana que repudie con toda energía el atentado en marcha. Sus promotores están decididos a llevarse por delante la Constitución, de modo que el repudio a este atropello necesita ser reforzado en las plazas y en las calles por quienes creen que es absolutamente necesario respetar el Estado de derecho.

Los impulsores de esta operación antirrepublicana –Horacio Cartes, Fernando Lugo, Nicanor Duarte Frutos y Blas Llano– solo están unidos por la ambición de continuar en el Palacio de Gobierno o de volver a él. Todo lo demás les importa un bledo, de modo que si la aventura que emprendieron en mala hora llegara a feliz término para ellos, solo cabe suponer que quien gane las elecciones de 2018 seguirá violando la Constitución a como dé lugar.

Más allá de los resultados electorales que pueden pronosticarse, debe enfatizarse que la maniobra comentada supone el inicio de la última etapa de la conjura montada por unos personajes mafiosos, sedientos de poder. Entraron en connivencia para transgredir la Constitución, valiéndose de unos parlamentarios adulones y voraces, que buscan más que nada medrar a costa del erario. Lo que tienen en vista es el Presupuesto nacional, al que desean seguir exprimiendo en su propio beneficio y el de su clientela. Si su conciencia jurídica es nula, su codicia es inmensa.

Eso de urgir de pronto la convocatoria a una sesión extraordinaria del Senado para modificar unos artículos del reglamento interno, que ni siquiera tienen a bien señalar cuáles son, solo puede explicarse por el hecho de que creen llegada la hora de dar el asalto, una vez concluidas las negociaciones, acaso acompañadas de suculentas coimas. Estas conjeturas no son descabelladas, ni mucho menos, sino que responden a la experiencia acumulada en estos últimos años en el accionar de nuestros políticos inescrupulosos.

Como venimos insistiendo, es nula cualquier autoridad que surja de un procedimiento que viola la Constitución Nacional, y ella no solo habilita a los ciudadanos y ciudadanas a no reconocerla, sino a emplear todos los medios a su alcance para oponerse a los usurpadores (Art. 138). Quienes fuercen a la población a una situación extrema, deben responder por sus actos ante las leyes y la Historia por cualquier consecuencia indeseable que se produzca.