La directiva impartida por el presidente de la República, Horacio Cartes, al ministro de Obras Públicas y a sus colaboradores para que asignen la máxima importancia a sus responsabilidades institucionales, por tratarse de la institución pública con mayor presupuesto de inversión en obras de infraestructura vial para el año que se inicia, es altamente auspiciosa, pues está comprobado que en cualquier país las obras públicas constituyen la más rápida y expeditiva forma de crear puestos de trabajo, sobre todo para la mayoritaria mano de obra no calificada en cualquier punto del territorio nacional.
El MOPC cuenta este año con un presupuesto de inversión de unos US$ 616 millones para la construcción de importantes tramos de rutas nacionales troncales y otros de acceso a la capital, tales como la Ruta VIII “Blas Garay”, en el tramo Caazapá-Yuty y ramales, la ampliación y mejoramiento del tramo Desvío a Puente Remanso-Limpio, el acceso sur “Laguna Grande”, San Lorenzo-Asunción, entre otras. A más de estas y otras importantes obras viales en ejecución o a construirse, el MOPC, de conformidad con su Plan de Inversión Vial (PIV), tiene como meta la construcción y mejoramiento de más de 4.000 kilómetros de caminos rurales en todo el país durante los próximos cinco años. Eso demandará una inversión de US$ 170 millones, a ser cubiertos en un 85 por ciento con fondos externos y el resto con contrapartida local.
A este efecto se pondrá en marcha la segunda fase del Programa Nacional de Caminos Rurales (PNCR-2), que prevé el mejoramiento y mantenimiento vial, sobre todo en el interior del país, de modo que los productores rurales dispongan de más y mejores caminos para el transporte de sus productos, al mismo tiempo de crear fuentes de trabajo en las zonas para la abundante mano de obra no calificada que las empresas constructoras viales podrán absorber, sobre todo en las tareas manuales básicas de la construcción de empedrados y obras de arte corrientes.
Aunque las grandes obras viales de hecho absorben bastante mano de obra, directa e indirectamente, ella es en buena medida profesionalmente calificada, por lo que no hay una correspondencia lineal entre el costo de la obra y la generación de empleos, como en el caso particular de la construcción de pavimento tipo empedrado, que, bien construido, tiene una larga vida útil, como lo demostraron el histórico empedrado que antiguamente unía Itá con Asunción o el camino viejo de acceso al cerro de Caacupé, obras construidas por los prisioneros bolivianos durante la Guerra del Chaco. Como obra más reciente de buena ejecución podemos citar el excelente empedrado que unía Emboscada con Altos. Lamentablemente, con el auge de la colusión público-privada en el MOPC –que ahora se está procurando desbaratar–, se inició la era de las obras viales defectuosas y sobrefacturadas, entre las que figuran los empedrados que alcanzaron vergonzosa calidad con la sarta de pésimas obras durante la gestión del exministro José Alberto “Icho” Planás, mejor conocidos como los “empedrados chinos”.
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Pese a tan nefasto antecedente institucional, la mala calidad de la mayoría de los caminos empedrados construidos en los últimos tiempos debe ser atribuida exclusivamente a la desidia de los proyectistas y fiscalizadores del MOPC, por varias razones. La causa básica del rápido deterioro de los empedrados es la falta de adecuada compactación y de capacidad de soporte del terraplén de asiento del empedrado, como sucedía con las calles recién empedradas de Asunción no hace mucho tiempo. En segundo lugar, la deficiente construcción del empedrado en sí.
La mala calidad de los empedrados proviene, generalmente, de dos fallas constructivas: una, la deficiente calidad de los cordones laterales de confinamiento del empedrado, que no resisten la presión ejercida en sus extremos laterales por el piso de piedra trabada/articulada que conforma el pavimento, ocasionando el colapso de su confinamiento estabilizador y la consecuente disgregación y destrucción del mismo. Otro requisito constructivo fundamental es la debida compactación del lecho de piedra colocada, con un rodillo compactador liso, preferentemente vibratorio, a fin de forzar la trabazón de las piedras. El tamaño de estas es también importante y debe ser estrictamente controlado, pues los subcontratistas empedradores a menudo fragmentan los bloques de piedra bruta en pedazos más pequeños de lo requerido a fin de maximizar el metro cuadrado de empedrado que pueden obtener de un metro cúbico de piedra bruta. Cuanto más chicos los pedazos, más metros cuadrados de empedrado colocado. Así de simple es el juego de la picardía criolla que, si no se ejerce un control estricto, termina siendo una obra de mala calidad, sin la adecuada capacidad de soporte para el tráfico debido a su insuficiente espesor.
Consideramos importante la precedente digresión porque, a raíz de la mala calidad de la mayoría de los empedrados construidos bajo la dirección del MOPC, alguna gente se ha contagiado de la psicosis de los “empedrados chinos” hasta el punto de rechazarlos, cuando en realidad constituyen un clásico tipo de pavimento pétreo, barato y durable, para tornar transitables en todo tiempo los caminos de tierra. Es más, comparativamente es el tipo de obra vial más económica y la que más absorbe mano de obra no calificada, desde la extracción de piedra bruta en las canteras hasta su fragmentación y colocación en obra, incluido el transporte de la piedra hasta el sitio de obra.
Tiene razón, pues, el presidente Cartes al urgir a los funcionarios del MOPC a que presten preferente atención a la construcción de empedrado hasta donde lo permitan los recursos presupuestados para el efecto. El Primer Mandatario es consciente de que el Estado no tiene el dinero suficiente para construir solamente caminos asfaltados y de que el costo-beneficio de los pavimentos tipo empedrado supera largamente al de las grandes y complejas obras viales en términos de generación de empleos para la mayoría de los paraguayos sin calificación profesional mínima. Todo indica que el ministro Ramón Jiménez Gaona se ha hecho eco de la directiva presidencial y está determinado a impulsar un vigoroso programa de caminos vecinales con pavimento tipo empedrado.
Sin embargo, a nuestro criterio, indefectiblemente debe disponer una total revisión de los diseños, normas técnicas y especificaciones constructivas para que este excelente sistema de construcción recupere su antigua fama de excelencia. Y, lo más importante, controlar que los ingenieros fiscalizadores de la institución a su cargo cumplan con su obligación de exigir a los contratistas un estricto cumplimiento de las normas constructivas.